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Un retrato de familia, el mejor poema del mundo: el sevillano Diego Vaya logra el Premio Jovellanos de Poesía

El jurado destacó su "compleja sencillez" y un lenguaje "preciso y sugerente"

Maratón de poesía en el paraninfo universidad

Maratón de poesía en el paraninfo universidad / Fernando Rodríguez / LNE

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

El sevillano Diego Vaya posee una trayectoria como poética notable, con diez poemarios publicados en las principales editoriales nacionales, presencia en varias antologías y reconocimiento en varios galardones. Desde ayer suma también el Premio Internacional de Poesía Jovellanos a "El mejor poema del mundo", que en su décimo tercera edición encontró en la obra del autor "Retrato (imperfecto) de familia" una "compleja sencillez de los lazos familiares" "con un lenguaje en apariencia prosaico pero preciso y sugerente" que le han hecho merecedor del premio, dotado con 2.000 euros. Así lo resolvió el jurado compuesto por Javier Almuzara, José Luis García Martín, Antonio Garrigues Walker, Ignacio Martínez, Ana de la Calle, Pilar Rubiera y Dalia Alonso. Estas dos últimas fueron, ayer al mediodía en la Universida de Oviedo, mientras en El Paraninfo se desarrollaba un maratón de poesía, las encargadas de dar a conocer el fallo en el Día Mundial de la Poesía.

El premio ha marcado un nuevo récord, con 2.683 obras presentadas de 44 países. Ediciones Nobel editará un libro donde figure el poema junto con una selección de los 30 poemas finalistas.

Retrato (imperfecto) de familia

Mi padre está al fondo,

tan al fondo que parece

que nunca hubiese pisado la casa.

En el centro, mamá sonríe:

no sabe todavía

que ya es un fantasma.

Mi hermana sale con los ojos cerrados

porque se ha convencido de que cuando no mira

todo desaparece a su alrededor,

pero al final es ella quien se ha vuelto invisible.

Echado en el suelo, nuestro perro,

el único que amó en esta familia

sin condiciones ni metáforas,

contempla al fotógrafo

suplicando otra vida.

En cuanto a mí, aparezco en una esquina

con una mano fuera del encuadre,

quizá intentando agarrarme a algo,

quizá buscando un poema que se escapa.

Hace ya mucho tiempo que el fotógrafo

nos dejó a solas.

Sobre la mesa del salón, la foto sobrevive

al polvo, a las mudanzas,

al intento en vano de que yo aclare

la historia de la familia con un trapo húmedo,

arrugado y sucio de secretos.

A veces pienso que la poesía nació así:

alguien que quiere limpiar una foto

y en el cristal encuentra una mancha

que no sale,

y refriega hasta descubrir

que todo es mancha, que debajo

no hay nada más que ver, que nunca

ha existido esa familia.

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