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El Cristo de Lombardía protagoniza una procesión sin precedentes por las calles de Oviedo

Los Estudiantes realizan la primera estación penitencial fuera del programa religioso para abrir el calendario de la Semana Santa de la ciudad con una imagen que se estrena este año

Félix Vallina

Félix Vallina

Pasadas las siete y media de la tarde de este martes, las puertas de la Catedral de Oviedo se abrieron para dar salida a la procesión del Santísimo Cristo de Lombardía, un cortejo ya histórico antes incluso de echar a andar. Era la primera vez que esta imagen salía a la calle y también la primera ocasión en la que una procesión recorría Oviedo fuera de las fechas estrictas de la Semana Santa. Para no perderse el acto, que sirvió para abrir oficialmente el calendario pasional de la ciudad, numeroso público aguardaba a la comitiva organizada por la Hermandad de los Estudiantes desde mucho antes de que arrancase.

El hermano mayor de los Estudiantes, Benigno Maujo, seguía de cerca los preparativos en los instantes previos a la salida, atento a cada detalle de una jornada llamada a marcar un antes y un después en la Semana Santa ovetense. Al frente de la procesión, cerca de cuarenta mujeres tocadas con mantilla y cirios en mano iluminaban los primeros compases del desfile. Tras ellas, la cruz de guía, de madera maciza recubierta de plata repujada y cuidada orfebrería, abría paso a una representación amplia de hermandades llegadas de Gijón, Avilés y Cangas de Narcea, además de miembros de la Junta de Hermandades. Todos, con sus varas de mando, aportaron solemnidad a un cortejo que presidió el páter del Regimiento Príncipe número 3, Juan Luis García Rodríguez.

El protagonismo recayó en el Cristo de Lombardía, una imagen exánime, recién muerta, tallada en Granada y custodiada habitualmente en el acuartelamiento de Cabo Noval. Veinte portadores –hermanos de los Estudiantes y soldados voluntarios del Regimiento Príncipe número 3– lo alzaron a hombros en una salida marcada por los acordes del himno de España. Seis hachones altos acompañaban la escena, dibujando un juego de luces entre el final de la tarde y la llegada de la noche.

El silencio, denso y respetuoso, sólo se quebró por las marchas de la Agrupación Musical San Salvador, que marcaron el paso por las calles del casco antiguo –Santa Ana, Mon, Trascorrales, Ayuntamiento o Cimadevilla– en un recorrido que terminó de nuevo en la Catedral. Bajo la dirección del capataz Iván Rodríguez, el Cristo avanzó con precisión milimétrica, girando con cuidado en cada esquina, mecido con firmeza y respeto.

El buen tiempo acompañó una procesión que, más allá de su novedad, dejó imágenes de profunda sobriedad y recogimiento. Oviedo sumó así una nueva página a su tradición cofrade, abriendo la Semana Santa con un acto que, por su carácter excepcional, ya ha pasado a formar parte de la memoria de la ciudad.

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