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Brahms y Chaikovski brillan ante la Sociedad Filarmónica de Oviedo con el Ensemble 4.70

El éxito del «Ensemble 4.70» en el Teatro Filarmónica

Un momento del concierto.

Un momento del concierto. / Luisma Murias / LNE

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

La Sociedad Filarmónica de Oviedo selló el pasado martes una nueva cita de su temporada de conciertos con una velada especial protagonizada por el «Ensemble 4.70». Se trató, en efecto, de un concierto poco habitual ya que simboliza a la perfección los postulados que rigen la centenaria institución ovetense, entre los que el apoyo a los músicos y agrupaciones autóctonas ocupa un lugar destacado. Así, el Ensemble, para cuya supervivencia el apoyo que brindan las sociedades filarmónicas de la región resulta fundamental, cumplía un lustro y demostró su versatilidad y convicción musical interpretando un programa muy interesante con sendos sextetos de Brahms y Chaikovski. También acompañó el público –más numeroso cada vez que artistas locales se suben al escenario– entre el que se apreciaron caras jóvenes que no suelen ser habituales.

El «Sexteto de cuerdas número 2 en Sol mayor» op. 36 de Johannes Brahms es obra de un compositor que ha dejado atrás sus tiempos de juventud y formación y despliega sobre el pentagrama algunas de las técnicas que ha ido puliendo y perfeccionando con los años. Así se aprecia en el «Scherzo» que reubica como segundo movimiento (en lugar de acomodarlo en el tercero, como es habitual), donde los músicos deben enfrentar unos contrapuntos bien logrados y un ritmo nada sencillo de ajustar. Sin embargo, el conjunto evidenció un color muy sugerente, especialmente en los graves -bien comandados por el Amati/Stradivarius «Ex Vatican» de Nadège Rochat- luciendo bien cohesionados y precisos en el manejo de los temas.

Las variaciones –otro de los procedimientos compositivos predilectos de Brahms- del «Adagio» estuvieron oportunamente ejecutadas por los instrumentistas, equilibrando la intensidad y balanceando el volumen. La exigencia del «Poco allegro» final tampoco inquietó a los músicos que, sin perder musicalidad, ofrecieron un movimiento notable, con algunas dinámicas hábilmente trazadas y unas melodías bien perfiladas en todo momento.

La segunda parte dejaría una gran versión del «Sexteto para cuerdas en Re menor», op. 70, de Piotr Ilich Chaikovski, una pieza popularmente conocida como «Souvenir de Florencia» ya que fue escrita por el maestro ruso a su regreso de un viaje por la ciudad italiana. Los vigorosos temas del «Allegro con spirito» dejaron una agrupación compacta, respirando en cada cadencia y tratando con escrupuloso cuidado el sonido, como se apreciaba en las intervenciones de Yuri Zhislin. El «Adagio cantabile e con moto» es una página inspirada donde subyace cierto estilo italianizante que los músicos plasmaron con nitidez, cediendo protagonismo a los violonchelos y acompasando los pizzicati dotando a la ejecución de un poderoso atractivo.

El «Allegretto moderato» obtuvo una vitalidad arrebatadora a manos del Ensemble 4.70, con unas melodías ligeramente variadas que deambulaban por los diferentes instrumentos del sexteto descubriendo un universo tímbrico ciertamente interesante. Cerraría la velada -ya que, en esta ocasión no hubo regalo de despedida en forma de propina como esperaba el público- el «Allegro vivace», un número de gran exigencia por su velocidad que no impidió a los seis protagonistas mantener la precisión en cada frase, con ataques directos y una marcada dirección musical que demostró todas las virtudes y el poder de la música de cámara.

Jonathan Mallada es musicólogo

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