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Lola Herrera llega a Oviedo con su nueva obra: "No hay una vida lo suficientemente larga para que una actriz haga todos los papeles interesante que ofrece el teatro"

"Creo que el escenario puede y debe ser una plataforma para hacer reflexionar y para emocionar"

"Empezar es muy difícil, pero aun así es una profesión hermosa, por eso merece la pena insistir"

Lola Herrera en una de las imágenes promocionales de "Camino a la Meca".

Lola Herrera en una de las imágenes promocionales de "Camino a la Meca". / LNE

Oviedo

Lola Herrera (Valladolid, 1936) vuelve a Oviedo con "Camino a la Meca", la obra que se representará en el Teatro Campoamor y en la que comparte escenario con su hija, Natalia Dicenta, y con el actor Carlos Olalla. Referente indiscutible del teatro español, con una trayectoria que atraviesa más de medio siglo y títulos ya clásicos como "Cinco horas con Mario", la actriz vallisoletana afronta este nuevo montaje como un desafío. A sus casi 90 años, mantiene intacta una vitalidad que se refleja en su presencia escénica, en una pieza que invita a reflexionar sobre la libertad, el paso del tiempo y la necesidad de ser fiel a uno mismo.

-Llega a Oviedo con Camino a La Meca, ¿qué le atrajo de esta obra?

-Me atrajeron muchas cosas. Primero, llegó de la mano de Claudio Tolcachir, quien la ha dirigido y a quien admiro profundamente desde hace muchos años, así que me apetecía muchísimo trabajar con él. Además, fue él quien pensó en mí para esta obra, lo que la hizo aún más especial. Cuando la leí, me encantó el contenido: tiene tres personajes preciosos y una historia que realmente merece ser contada.

-La obra habla de libertad, vejez y dignidad. ¿Siguen conectando estos temas con el público?

-Son temas que atañen a todo el mundo, es decir, que inevitablemente conectan. La libertad, el deseo de una mujer de hacer lo que le parezca bien sin tener que rendir cuentas a nadie o las ansias de libertad en cualquier ámbito. Son cuestiones propias de todo ser humano, salvo en quienes deciden no luchar o prefieren doblegarse. El personaje que interpreto es una luchadora, con todos sus miedos, porque precisamente luchar también implica atravesar temores y momentos difíciles; pero de lo que se trata es de seguir adelante, de batallar. Y eso, al final, es algo que une al ser humano y que nunca pasa de moda.

-¿Qué le ha supuesto este personaje?

-Es un personaje fuerte, y me encanta interpretar personajes que defienden aquello que a mí también me importa: en este caso, su vejez, el paso del tiempo y su derecho a decidir sin que nadie la maneje. Es una mujer que existió realmente, cuyas esculturas se encuentran en Sudáfrica, en un museo sencillo, pero muy significativo, y cuya vida no fue fácil. La obra está escrita por un autor sudafricano, ya fallecido, que vivió muchos años en Inglaterra y la creó desde allí. Es una función con mucho interés: conmueve al público y, al mismo tiempo, se disfruta mucho.

-¿Es difícil trabajar con una hija? ¿Separan bien lo profesional de lo personal?

-Cuando te dedicas a esta profesión, al menos en mi caso, en el escenario dejas de ser familia y perteneces a la historia que estás contando. Lo que hacemos es meternos en la vida de otras personas, olvidarnos de la nuestra y bucear en los personajes para que sus relaciones resulten creíbles. La familiaridad no tiene nada que ver con esto; en otras profesiones quizá ocurra, pero aquí no. Cuando salimos al escenario, somos personajes distintos, para construirlos de verdad hay que profundizar en ellos y no distraerse con nada más.

-¿Qué busca ahora en los proyectos que elige?

-Que tengan verdad y, si es posible, que pongan sobre la mesa algo que tenga que ver con el momento que vivimos. Creo que el escenario puede y debe ser una plataforma para hacer reflexionar y para emocionar.

-¿Cómo cuida su energía después de tantos años sobre el escenario?

-La energía hay que cuidarla mucho. Yo siempre he tenido muchísima, pero con el tiempo va disminuyendo, y eso te obliga a administrarla mejor, a saber en qué la inviertes y a reservarla para lo que de verdad te importa. Al final, se trata de aprender a gestionar lo que tienes.

-¿Hay algún papel que la haya marcado especialmente?

-Casi todos los papeles te marcan. Te marcan en el momento porque, a través de los personajes, a veces descubres cosas tuyas que no habías pensado o que no sabías que podían afectarte. Es algo muy interesante. Todas las mujeres que he interpretado a lo largo del tiempo me han enseñado algo y yo también les he dado parte de mí. Al final, es un intercambio maravilloso, porque te permite conocer en profundidad a muchas mujeres y vivir situaciones diferentes.

-¿Qué valoración hace de la evolución del teatro en España?

-El teatro siempre es teatro. En cuanto a su evolución, en esencia sigue siendo lo mismo, aunque, como todo, han cambiado algunas cosas, sobre todo en lo externo o en la forma de nombrarlas: antes hacíamos giras, ahora hacemos bolos. Pero hay una aportación continua y una presencia muy valiosa de gente joven. Además, hoy el teatro tiene una importancia distinta: cuando yo empecé, los actores de cine no solían hacer teatro, había cierta división, y ahora no, ahora todo el mundo transita entre distintos ámbitos. Hay muchísimo talento y creo que la profesión está enriqueciéndose.

-¿Algo que recuperaría del teatro de sus inicios para la actualidad?

-Antes existía una verdadera vida de compañía, de troupe: no hacíamos bolos, hacíamos giras, y eso implicaba viajar juntos, convivir y crear vínculos mucho más estrechos. La profesión era más pequeña y esos encuentros constantes permitían aprender muchísimo, tanto del teatro como de la vida. Yo he tenido la suerte de trabajar con actores y actrices extraordinarios, y en esa convivencia se aprendía sin parar, porque el teatro siempre ha estado lleno de personas intensas, con ganas de explorar y de romper moldes. Eso es algo que echo de menos.

-¿Y algo del teatro actual que le hubiese gustado tener en sus inicios?

-Hoy en día hay más posibilidades para hacer muchos montajes y, en general, proyectos más grandes y arriesgados; se ha abierto más el campo y, en cierto modo, parece que hay espacio para más propuestas. Todo depende, claro, de cómo se utilicen esas oportunidades y de lo que se haga con ellas, pero sí creo que hay más posibilidades que antes. Sin embargo, la profesión también se ha hecho mucho más grande y eso no significa que haya sitio para todo el mundo: hay muchísima gente con talento que se queda en el camino, y eso me da muchísima pena.

-¿Un consejo para los jóvenes intérpretes?

-No soy de dar consejos, en todo caso hago sugerencias. Diría que no hay que tirar la toalla, aunque el camino esté lleno de reveses. Si esos momentos llegan, que llegan, lo importante es seguir como se pueda, mantenerse y echar raíces en la profesión. Empezar es muy difícil, a veces muchísimo, pero aun así es una profesión hermosa, por eso merece la pena insistir.

-¿Qué le queda por hacer sobre un escenario?

-En el teatro siempre queda todo por hacer. Yo he hecho muchas cosas a lo largo de mi vida, pero, aun así, son muy pocas si las comparo con todo lo que existe y se queda sin hacer. Es imposible abarcarlo todo: no hay una vida lo suficientemente larga para que una actriz pueda llegar a todos los textos y personajes interesantes que ofrece el teatro.

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