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Pasión por los pinchos en Oviedo: los hosteleros celebran el buen arranque de los "Bocados del Cofrade"

Las jornadas gastronómicas continuarán hasta el próximo día 5 de abril en 22 bares y restaurantes de la ciudad: «Si en un sitio se come bien lo tiene todo ganado»

Bikezzina Anastasiia sirve a Beatriz Alonso una cuchara de chocolate comestible con atún rojo, cabrales, kimchi, alioli verde y atún en La Puerta de Cimadevilla.

Bikezzina Anastasiia sirve a Beatriz Alonso una cuchara de chocolate comestible con atún rojo, cabrales, kimchi, alioli verde y atún en La Puerta de Cimadevilla. / LNE

Félix Vallina

Félix Vallina

La Semana Santa de Oviedo no solo se vive en las calles al ritmo de las procesiones; también se saborea, barra a barra. Mientras las cofradías ultiman sus pasos, crece otra peregrinación más terrenal: la de vecinos y visitantes que recorren los bares en busca de los «Bocados del Cofrade». La cita gastronómica, que arrancó este viernes con 22 establecimientos participantes, confirma que la tradición también se disfruta en formato pequeño.

El interés no ha tardado en notarse. «El jueves, incluso antes de empezar, ya nos estaban preguntando», cuenta Annalisa Lusso, de la Taberna Salcedo y miembro del Club de las Guisanderas de Asturias. Su propuesta —un canelón de bacalao gratinado con bechamel marinera— resume bien el espíritu de estas jornadas: producto de vigilia y cocina cuidada. El relleno combina bacalao y gambas con una salsa elaborada a partir del propio marisco, puerro y cebolla pochados, envuelto en una pasta suave y coronado por una bechamel fina. «Y que no falte el pan tostado para acompañar», añade Lusso, consciente de que el plato invita a mojar. «Recuerda a Semana Santa porque no lleva carne y el bacalao es muy típico de estas fechas».

La conexión con la tradición también está presente en otras propuestas, como «La tentación del cofrade», del Bodegón de Teatinos: un salpicón de pescado con pimientos verdes y rojos y un toque final de plátano al horno que sorprende en boca. «Es muy fresco y muy de Semana Santa por el pescado. Y además el colorido recuerda al de las procesiones», explica su propietario, Miguel Ángel de Dios. «Cada año hay más clientes; es una forma de añadir ambiente a una fiesta que está cada vez más viva en Oviedo», subraya.

La creatividad es otra de las señas de identidad de estas jornadas. En La Puerta de Cimadevilla, el pincho «Tras la puerta» juega con los contrastes: cuchara de chocolate comestible con atún rojo, queso Cabrales, kimchi, alioli verde y un crujiente de chocolate con katsuobushi. «Todo se come menos las piedras», bromea el hostelero Iván Hortal, reflejando el carácter desenfadado de una propuesta que sorprende tanto por su sabor como por su presentación.

Entre barra y barra, los clientes ejercen de jurado improvisado. Beatriz Alonso, turista gallega, lo resume con claridad: «Todas las iniciativas gastronómicas son bien recibidas cuando visitas una ciudad. Si en un sitio se come bien, lo tiene casi todo ganado». Tras probar uno de los pinchos, lo define como «muy equilibrado, muy rico y con una presentación acorde a la Semana Santa».

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