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¿Tiene el quiosco de "La Chucha" unas nuevas puertas de color blanco? Esta es la respuesta del Ayuntamiento de Oviedo

El histórico edificio del pulmón verde se transformará en un punto de venta de café y refrescos

El quiosco de "La Chucha"

El quiosco de "La Chucha" / Luisma Murias

Rosalía Agudín

Rosalía Agudín

El quiosco de «La Chucha» está siendo sometido a un lavado de imagen para convertirse en un punto de venta de café y refrescos en pleno Campo de San Francisco. Los operarios probaron en la mañana de ayer la colocación de una serie de paneles desmontables que servirán de cierre de las instalaciones. La consejería de Patrimonio exige que las nuevas puertas se diferencien del resto de la estructura de madera, por lo que se montaron para comprobar su encaje y horas después fueron desmontadas.

El lunes se pintarán del mismo color que la madera, informaron fuentes de la concejalía de Edificios y Patrimonio, liderada por Nacho Cuesta. Pocas piezas del mobiliario del Campo condensan tanta memoria en tan pocos metros. «La Chucha» es un superviviente de las casetas de comienzos del siglo XX que despachaban aguas azucaradas, prensa o abrigo para limpiabotas entre los paseos arbolados.

La tradición sitúa su nombre en una planchadora que vendía chucherías a la intemperie, hasta que el Ayuntamiento le procuró un cobijo de madera. Después llegaron los años de esplendor, cuando Carmen Mier y su marido tomaron el relevo en 1955 y convirtieron el quiosco en un pequeño epicentro del ocio: conos de arroz para las palomas, fotonovelas, pitos, revistas y el trajín de niños haciendo cola con las monedas en la mano.

La decadencia fue lenta y visible. Hubo pintadas, roturas e incluso un incendio; también una restauración artesanal en los noventa y cesiones que no llegaron a consolidarse. En 2021 salió a licitación como quiosco de prensa y volvió a quedar desierto. Desde entonces, el tejadillo a dos aguas y el zócalo de piedra natural han resistido como un decorado sin función, más refugio ocasional que negocio.

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