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Los "ermitaños" del arte exportan talento desde un barrio de Oviedo a medio mundo

Manu García y Edu Carrillo crean desde su taller entre Otero y San Lázaro y exponen en ciudades como Hong Kong, Los Ángeles o Copenhague

Manu García (izquierda) y Edu Carrillo.

Manu García (izquierda) y Edu Carrillo. / Juan García Mendoza / Gonzalo Artabe

Coincidieron cuando estudiaban Bellas Artes en Salamanca y al acabar decidieron compartir un taller que desde hace nueve años les lleva a "hacer vida de barrio entre Otero y San Lázaro". Se confiesan "ermitaños artísticos", pues no exteriorizan sus creaciones en el entorno del taller, pero, al fin y al cabo, afirman, "vamos a los bares del barrio, compramos en la panadería y en la carnicería de aquí". Son el ovetense Manu García y el santanderino Edu Carrillo. No han hecho ninguna exposición individual en Asturias en los últimos años, pero sus obras "sin etiquetas" se hacen hueco de Estados Unidos a Dinamarca, Alemania, Corea y Hong Kong. Y todo sale de un taller "que hubo que aumentar tirando un tabique porque quedó pequeño; hay una buena relación con las caseras".

Manu García, 31 años, reparte su arte entre pintura, escultura y música. "También tengo acciones en Alberto & García", matiza, sobre la banda de su hermano. Empezó en Historia del Arte en Oviedo y en el Conservatorio, pero acabó en Salamanca porque prefería "la parte más práctica". Allí conoció a Edu Carrillo, 30 años, con quien surgió una clara química artística: "Cuando sales de la carrera no sabes muy bien qué hacer ni cómo, pero teníamos claro que nos queríamos dedicar a la pintura", explica. Además, Manu ya conocía la zona porque vivió en El Postigo, al otro lado de la Ronda Sur.

Edu Carrillo destaca de Salamanca "más horas de taller" y mucha libertad. "Nos fuimos juntando en el mismo espacio y trabajando más o menos juntos". Al terminar, decidieron volver a Oviedo y no hacer máster, para "estar solos en el taller y desenvolverte por tu cuenta". De eso hace ya casi una década.

Sobre su estilo, rehúyen las etiquetas. Manu habla de "mezcla entre abstracción y figuración", con influencias del expresionismo, lo abstracto y lo figurativo, además de referencias a toda la historia de la pintura: "pueden aparecer cosas más pop, barrocas o brutas". En resumen, "un buen mix de influencias" y una idea clara: "hay que salirse de las etiquetas".

Edu añade que antes los movimientos eran más cerrados y con manifiesto, mientras que ahora todo es "más fragmentado". "Vas cogiendo pequeños pedacitos y haces tu nido de pintura". Comparten referencias, pero las trabajan de forma distinta. Su obra bebe del surrealismo, del barroco del Siglo de Oro, de la nueva figuración americana (Philip Guston) y del pop. "Miramos más a artistas que a géneros o movimientos", resume.

La pandemia marcó un antes y un después. "No exponemos casi nada en Asturias", reconocen. El salto llegó gracias a redes y contactos telemáticos. Manu empezó con una galería en Mallorca y luego con otra en Dinamarca (Hagd Contemporary). Tras una residencia en Los Ángeles, le contactó una galería española: "Tuve que ir a Los Ángeles para que me descubrieran desde España". Su obra ha viajado a Madrid, Nueva York, París, Stuttgart, Los Ángeles y Dinamarca, donde ahora envía piezas como dos grandes cabezas en barro.

"Hoy en día no importa tanto la localización", explica Manu. Trabajar en Asturias le aporta tranquilidad mental y menos costes que ciudades como Madrid, aunque reconoce que allí hay más efervescencia cultural.

Edu coincide: trabaja con la galería V.E.T.A (Madrid), pero valora "la tranquilidad y la soledad" del taller. "Aquí pasamos muchas horas en el estudio, somos ermitaños, nos gusta tenerlo todo a mano y trabajar tranquilos". Tanto, que ampliaron el espacio tirando un tabique con permiso de las propietarias: "Al final ocupas el espacio que tienes… y lo llenarías igual si fuera más grande".

Edu también ha desarrollado su carrera fuera: residencia en Corea y exposición en Hong Kong. Ambos coinciden en la dificultad de entrar en el circuito: "A las galerías no les suele gustar que les envíes tú el porfolio; prefieren descubrirte".

La doble faceta de Manu, entre arte y música, le obliga a organizarse: entre semana se centra en el taller y los fines de semana en la banda. En invierno produce más obra; en verano, más conciertos. Este año tendrá una residencia en Budapest.

Edu no comparte esa dualidad, aunque tuvo contacto con la música: "Di clases de bajo, pero no me atrevo a tocar".

Ambos comparten una aspiración: exponer en el Museo de Bellas Artes de Asturias. Para Manu es un lugar ligado a su infancia: "Iba con mi padre y aún hoy entro a ver uno o dos cuadros y me voy". Edu lo define como "un museo genial, accesible y muy disfrutable", con el atractivo de sus dos sedes diferentes.

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