Dos horas con Jaime: «No conviene enfadarse»
Subido al autobús urbano, el escritor Pepe Monteserín, praviano de origen y corazón, pero de vida y obra ovetenses, inicia en estas páginas una serie de artículos que se publicarán cada lunes durante las próximas semanas. Las sucesivas entregas supondrá un viaje por cada línea del transporte público de la ciudad, lo que permite al autor ofrecer un retrato fugaz de la capital asturiana, con su reconocible prosa dinámica y concisa. De primer plato, recorre la Línea A, entre el Centro Asturiano y Llamaquique.

El Centro Asturiano. / PABLO SOLARES / LNE
Las líneas de TUA en Oviedo son autobuses urbanos de piso bajo, gestionados por Alsa desde 1981; cubren el servicio público de transporte colectivo. Permiten el uso de tarjetas del Consorcio de Transportes de Asturias y del Ayuntamiento de Oviedo, cuesta 1,20 € si se paga en efectivo (no cambian billetes de más de 10 €) y con la tarjeta sale a 0,45€. Ómnibus, término latino, significa «bus para todos».
A las 16.00 horas embarco; sale cada hora. El conductor, Jaime, conduce un autobús estándar, Mercedes-Benz eCitaro, cien por cien eléctrico, sin emisiones, con baterías de iones de litio, el último grito.
Lloverá toda la tarde. No es una aventura, es un recorrido probado ocho veces diarias desde hace más de cuarenta años; tampoco es una empresa insólita, sin embargo, como los tiovivos, no por trillado deja de ser apasionante. Por eso lo cuento.
-Centro Asturiano. En 1927 se fundó como Casa de la Salud y tuvo poca salud, pero la sede social mucha, en la calle Milicias. Disfruté del primer impulso del club de campo a finales de los 60, aprovechando una oficina-vestuario en el edificio vacío y tres pistas de tenis, que nos disputábamos algunos hijos de socios. Ocupo el asiento delantero derecho. Puntitos biselados en la mampara convierten la lluvia en copos de nieve. Alucino.
-Ules. Reabrieron un bar a la salida del pueblo, La Nicia, dan pincho con el vino. Ules viene de Iulius y se asocia a Júpiter, nada lejos del posible significado de Oviedo, que jamás viene de Uvieu; quizá Oviedo sea un teónimo y venga de Iove; volvemos a Júpiter.
-Monumentos prerrománicos. El robot que anuncia las paradas dice «Monumentos prerromanícos», convierte en llana la esdrújula. Entre esa parada y las dos siguientes había dos «monumentos» famosos y no por su arquitectura, tampoco por su gastronomía, aunque a algunos les seducían ambas cosas; había casas de alterne y striptease: El Yuma y Los Monumentos.
-Las Delicias. ¡Ánimo a la cuarta generación del Restaurante Lobato! Funciona desde 1898.
-Los Monumentos. una madre con dos niñas llega tarde; Jaime les abre la puerta, ella se excusa: «Actividades extraescolares». Al lado, en la calle Pedro Caravia, hay un colegio público.
-Solises. Residencia Geriátrica Nuestra Señora del Rosario, proyecto de 1973, del asturiano Ignacio Álvarez Castelao.
-Ramiro I. Fue rey entre los años 842 y 850, hijo de Bermudo I, elegido por su primo Alfonso II el Casto; no ha de confundirse con Ramiro I de Aragón, muy posterior, ni con Ramiro Fernández, el psicoesteta, cerca de cuya peluquería pasaremos, en la parada de Minas.
-Samuel Sánchez: Medalla de Oro en Pekín2008 y Rey de la Montaña en el Tour 2011; en la Losa, su escultura de bronce, de Antonio Diego Granado. Aquí sufrimos un embotellamiento a las 16.18 horas. Una paradoja para un ciclista que solía huir del pelotón.
-Independencia-Minas. Mención a Morés, hoy Tukán Impresores, en la Pasarela, Viaducto Marquina, donde también tiene su campo base el Grupo de Montaña Vetusta, que patea desde 1943.
-Uría-Centro. Frente al antiguo Simago; ahí robé bolígrafos; escribir me pierde. Dejo otros inmuebles, que ya comentaré más adelante, y me quedo con: el de los Somolinos, en Uría 20, de 1939, fachada Dèco, de ventanas corridas, y ático con pérgola; en sus bajos vi «Doctor Zhivago», en el Cine Aramo; la Diputación, eclecticismo exuberante, de N. García Rivero, 1904; lo recorrí con Juan Cofiño; el Escorialín, coqueta tarta donde hubo prensa y flores y libros de RTVE a 25 pesetas ejemplar. Ondea en la Escandalera la bandera de España; deberíamos izarla y arriarla a diario, con cornetas y tambores.
-Marqués de Santa Cruz. Sobresalen sobre la acera las ramas de un magnolio; hace años podaron las de un tilo; suelen cargarse de lluvia más que un garoé. No se alarme el lector si me salto datos relevantes en algunas paradas; volveré a pasar con otras líneas de bus, sólo vamos por la A, lo que no cuento este lunes lo contaré otro.
-Santa Susana-Instituto Alfonso II. En Mogarraz, Salamanca, pueden verse fotos de sus difuntos en las fachadas de las casas, y en Sorbas, Almería, de establecimientos que hubo y sus dependientes; propongo que en el Alfonso II exhiban las fotos de Pedro Caravia, catedrático de Filosofía; de Tomás Recio, de Latín; de Diego Santos, de Griego; de Cristina García-Alas, nieta de Clarín, de Francés; de Pérez Montero, de Literatura; del pintor Paulino Vicente (padre)...
-Arzobispo Guisasola-Campillín. Ojo al ginkgo biloba (a la espalda del Campomanes de bronce), fósil viviente de hojas en abanico, salvo en invierno; es caduco.
-Arzobispo Guisasola. Admiro los Edificios de Cristal, de 1962, de Cores y Mesones, pura y contundente galería para ver el sol naciente; en días despejados Japón y en días cargados el Campillín, de Luis Prieto Bances.
-San Lázaro-Gil Blas. Faltan la Malatería y el Instituto Clarín, donde hice Preu, un solar que espera por las torres de Mangado.
-Bolgachina 5. Bolgachina viene de «buelga» y significa, en esta parte baja, «terreno húmedo». Cada vez que se abre la puerta entra más frío que gente. Una gripe y al carajo mi aventura.
-Bolgachina 46. Bolgachina, en esta parte alta, significa «camino que se abre entre la nieve y la maleza».
-La Merced. Se refiere a una ruinosa capilla con arco de medio punto, del siglo XV.
-El Caserón. De los puntos más altos del recorrido, 310 m.; la Sidrería El Caserón, ¡qué mollejas guisaban, con tomate!, cerró alguna vez y volvió a abrir.
-Los Prietos. Parroquia de La Manjoya.
-Cruce Toral. Toral es protuberancia, y tuvo explotaciones areneras.
-Cabornio. Tronco hueco del castaño; hubo castañares, y se ubica el barrio de La Suerte, una especie de Tocote.
-La Rodada. Imprescindible el Bar Álvaro; lo publicito a costa de que se llene más y suban los precios de los callos con huevos fritos, que pido yo.
-Cruce Llamaoscura. Tampoco son mancos los callos de la Sidrería Entrerríos. ¿Queda algo de las dependencias de la Fábrica de Explosivos y los chalets con huerta para los trabajadores, las escuelas y la capilla de Santa Bárbara, historicista-clasicista? Ya dije que viajo sin apearme, como en los carruseles.
-La Manjoya. El Mont Joie, de los franceses, Monte de la Alegría; el Monxoi de los peregrinos de Santiago, o Monte del Gozo, cuando ven por primera vez la catedral compostelana. La Manjoya está en el Camino León-San Salvador, y en la parte alta los peregrinos gozan al ver nuestra torre flamígera.
-Fundación Laboral. ¡Qué falta de mano de obra!, ¿dónde hay albañiles, fontaneros, electricistas...? Aquí no se bajó ningún aprendiz.
-Cruce Latores. El bus se inclina en las paradas para facilitar el abordaje.
-Centro Médico: Suben estudiantes del Colegio San Ignacio; ellas con falda escocesa. ¿Era escocés San Ignacio? No, era de Loyola.
Llegamos al semáforo rojo y a otro atasco secular antes de la plaza de Castilla. Seguimos por Hermanos Pidal, la Estación de Llamaquique, del tren, y la cafetería el Congreso, donde toman el pincho funcionarios y políticos.
-Llamaquique-Calle Antonio Suárez Gutiérrez. El llamado Campo de Maniobras era una viña antes de 1966. Llamaquique es arcilloso y cenagoso; «Es fandangoso», decía un encargado del que aprendí mucho cuando cimentamos el edificio Getino. Llegamos a las 17.00 h. Es cabecera de la Línea A, frente al edificio de las Consejerías, de Manuel y Enrique Hernández Sande y Enrique Perea Caveda. Un coche estorba, Jaime pita dos veces, suave, y se va el coche. «Tantas horas en el bus, no conviene enfadarse».
Fin de trayecto. No me bajo, para volver al Centro Asturiano, aunque el bus no hace un circuito, vuelve por las mismas paradas, con alguna excepción.
-Padre Suárez 1 y Padre Suárez 2. Justo en la sidrería Padre Suárez, atendida por Mónica y Arturo; ahí paramos algunos escritores, entre otros, Lauren García.
-Gastañaga. Sede del Colegio de Arquitectos.
-Martínez Marina y Cabo Noval. Sede del Colegio de Aparejadores. Y se incorpora al recorrido ya comentado.
-Uría Norte: sube muchísima gente. A la izquierda, las Casas del Cuitu, de 1913, de U. Muñoz Zapata, barroco profundo y oscuro a más no poder. Y en los bajos de la Estación del Norte, La Bomba Records, para compraventa e intercambio de discos de vinilo y cómics.
A las 18.00 horas llegamos al Centro Asturiano; el de la barrera se sube al bus para comprobar quién entra.
He aquí Oviedo y sus reflejos, a vista de bus en una tarde lluviosa; Oviedo, que viene de Iove, que no sé si viene de Júpiter o de llover. El poeta de Grao, Fernando Beltrán, dice Lloviedo.
Y Júpiter, ¿qué significa Júpiter? Ser de Luz.
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