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El Flagelado y la Amargura llenan de silencio el Antiguo de Oviedo en una procesión tranquila porque la lluvia ni amenazó, ni asomó

Una concurrencia con muchos jóvenes sigue con tanta expectación como respeto la salida y recorrido de la procesión del Martes Santo

VÍDEO: Así fue el paso del Cristo Flagelado en la calle de Santa Ana en Oviedo

J. Ardura / Luisma Murias

Los pasos del Cristo Flagelado y la Virgen de la Amargura llenan de silencio la esquina este del Antiguo, por donde discurrió la estación de penitencia del Martes Santo, mucho más tranquila que el año pasado porque esta vez la lluvia ni amenazó, ni asomó a lo largo de las más de dos horas de recorrido.

Fue abrir la puerta de la iglesia de la Corte, donde hacían escolta la Policía Local, la Policía Nacional y la Guardia Civil, todos de gala, y se hizo el silencio entre la concurrencia que aguardaba expectante en la plaza de Feijóo y donde el monasterio de las Pelayas. Con mucha gente joven, una presencia que también pudo verse en el resto de las calles por donde procesionó este Martes Santo la Real Cofradía del Silencio y Santa Cruz.

Los dos pasos salvaron el primero de los obstáculos, nada menor, los cuatro escalones de la iglesia de Santa María la Real de la Corte. Los treinta y pico braceros que portaban la imagen del Flagelado, gran parte de ellos llegados de la cofradía leonesa de Minerva y la Santa Vera Cruz y distinguibles gracias a su hábito negro, hubieron de agacharse para portar la imagen del Cristo en la pequeña pero angosta escalinata, antes de mirar al frente tras las indicaciones del capataz, "¡derecha, atrás". Por delante ya iba la Cruz de Guía, el estandarte de la cofradía titular, del Silencio y la Santa Cruz y cuatro faroles de pie portados a la cabeza de la procesión por nazarenos de la cofradía de la Sagrada Resurrección, con sede en la parroquia de Nuestra Señora de Covadonga, también cuatro niños de la catequesis parroquial, alumnos del colegio San Ignacio.

Durante el cuarto de hora que tardó el paso del Cristo en enfilar la calle San Vicente para girar luego a Jovellanos, el único sonido que se oyó fue el de la campana golpeada por el capataz. Maniobra similar para la salida de la Virgen de la Amargura, portada por veintipico braceros y braceras. Lucía espectacular con las decenas de velas delanteras, que se apagaron con el viento rápidamente, hasta el punto que al girar a la calle san Juan apenas se mantenían tres encendidas. Mejor suerte corrieron las velas que iban en el candelabro de cola.

Ambos pasos compartieron escenario, brevemente, en una plaza de la Catedral donde el olor incienso se imponía al frío de una noche que regaló una luna llena de con el cielo despejado. Una imagen de postal aprovechada por muchos de los presentes que tiraban de móvil para inmortalizar el momento. La procesión del Silencio, acompañada por el teniente de alcalde Mario Arias, la diputada autonómica Sandra Camino y las damas de mantilla, apuraba la cuenta atrás en el giro entre Santa Ana y el Tránsito de Santa Bárbara, otra de las fotos para enmarcar. Poco antes de las once de la noche, el Flagelado y la Amargura volvían a la Corte.

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