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"El León de Oro", formidable en su Pasión coral en la Catedral ovetense

La formación gozoniega cosecha un extraordinario éxito, con aplausos, "bravos" y bises, en su tradicional concierto de Semana Santa, que este año estuvo dedicado a maestros italianos

"El León de Oro", en el altar mayor de la Catedral.

"El León de Oro", en el altar mayor de la Catedral. / Luisma Murias

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

Oviedo

"El León de Oro" rugió anoche más que nunca en la Sancta Ovetensis para recibir la ovación y el caluroso reconocimiento del público que, como es habitual en estos conciertos, llenó por completo las naves del templo. La ocasión lo merecía, ya que disfrutar de una formación coral de la calidad de la agrupación luanquina –una de las más laureadas del panorama nacional– es un lujo que los melómanos asturianos nunca desperdician.

Por si fuera poco, Marco Antonio García de Paz, fundador y director del coro, había diseñado para la ocasión un programa muy acorde a estas fechas, contraponiendo diferentes obras renacentistas y barrocas de Antonio Lotti y Tomás Luis de Victoria con piezas del siglo XX de Lorenzo Donati que, no obstante, mantienen la misma estética y permitieron al coro evidenciar toda su calidad vocal, con unas cuerdas perfectamente equilibradas y un empaste muy logrado. Así se percibió en el "Crucifixus" a 8 de Lotti (que daba título al programa) o en el "O vos omnes" de Victoria, con unos bajos rotundos y unas sopranos de sonido etéreo y atractivo.

Las naves de la basílica ovetense, llenas de público, durante el concierto coral.  | LUISMA MURIAS

Las naves de la basílica ovetense, llenas de público, durante el concierto coral. | LUISMA MURIAS

No obstante, la obra central de la velada, patrocinada por Excade, Satec y el Ayuntamiento de Oviedo (representado en la velada a través de los ediles David Álvarez y Daniel Tarrio), era la "Messa di Requiem" de Ildebrando Pizzetti. A lo largo de sus cinco números los gozoniegos extrajeron el carácter arcaico de la obra, con momentos de gran teatralidad y efecto (como el "Dies Irae") haciendo gala de un sonido bien timbrado, una afinación impecable y unos fraseos ajustados con precisión milimétrica.

Ante los gritos de "¡Bravo!" y los aplausos de los asistentes, los coristas bisaron el "Sanctus" de la misa, cerrando algo más de una hora de Pasión coral.

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