Negocios de siempre
De Tiffany´s al centro de Oviedo: Mónica Aparicio pone "pasión" a la tercera generación de una joyería casi centenaria
El negocio quiere "honrar un legado de 90 años" con "colecciones con mucho sentimiento por la historia y el patrimonio de Asturias"

VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Irma Collín
Mónica Aparicio es la tercera generación de una saga centenaria que echó a andar entre La Habana y Camagüey, estuvo a punto de trabajar en Tifanny´s de Nueva York y se asentó, un año antes de la Guerra Civil, con una relojería joyería en la calle Magdalena de Oviedo. De entonces para acá más de 90 años del legado familiar que esta gemóloga quiere honrar con una apuesta muy firme por el diseño y las colecciones propias. «Este mundo es muy pasional, en momentos difíciles tienes que tener esa pasión porque de lo contrario no hubiera resistido ni la mitad», sostiene la joyera ovetense, que antes de recoger el testigo de su padre vivió y pasó varios años fuera entre Estados Unidos y China.
El marchamo internacional en su familia viene de serie, forma parte del ADN del fundador, Jesús Aparicio. «Mi abuelo, Jesús Aparicio, emigró a Cuba y con 18 años ya era relojero de profesión, se formó en una joyería muy importante de La Habana, pasó luego por varias y se hizo un nombre en la isla», relata Mónica Aparicio. Tanto fue el predicamento y fama que Jesús Aparicio adquirió entre los americanos que visitaban La Habana prerrevolucionaria, que le valió una recomendación para la célebre Tiffany´s neoyorkina «porque era muy buen artesano». Así que el primero de los Aparicio que se dedicó al mundo del reloj cogió los bártulos, dispuesto embarcase en una etapa norteamericana, «pero se encontró con la emigración cerrada en Estados Unidos en aquel momento, así que se quedó en la ciudad de Camagüey y allí fundó su primera joyería».

Jesús Aparicio, el iniciador de la saga, en plena labor de taller, en Cuba en los años treinta / C. M. A.
No eran tiempos fáciles y a Jesús Aparicio le tocó bregar duro y vivir momentos críticos. «Cuando mis abuelos tuvieron su primera hija, recorrieron la isla entera de Cuba, intentando salvarle vida, pero no lo lograron»,añade Mónica Aparicio de un periplo vital con un punto de inflexión. El matrimonio esperó «a que naciera mi padre que, de hecho, cumplió su primer mes de vida en el puerto de Vigo, y se vinieron para Oviedo, donde estaban mis bisabuelos».
La odisea de Jesús Aparicio aún tenía algún capítulo convulso por delante. «En 1935 cogió un local en la calle Magdalena, cerca del Ayuntamiento, donde estaba entonces el centro neurálgico de la ciudad, y allí empezó todo. Pero llegó la Guerra Civil y bombardearon la joyería, dos veces a falta de una. Fue una zona muy castigada», cuenta la nieta. Los Aparicio se trajeron a Oviedo de aquella a unos sobrinos que habían quedado huérfanos.

Anuncio del primer local en Oviedo de la relojería joyería Aparicio, en la calle Magdalena / C. M. A.
La joyería relojería de Magdalena fue, asimismo, taller y lugar de formación, hasta el punto de que uno de aquellos sobrinos puso luego su propia joyería en La Coruña. El negocio iba bien y se expandió, conforme lo hacía el centro de Oviedo, con la apertura de una segunda joyería Aparicio en 1964, en la calle Palacio Valdés. «Estuvieron conviviendo las dos hasta que traspasó la de Magdalena a un empleado en 1968», detalla Mónica Aparicio. Eran los años en los que su padre, también Jesús, se forjó como relojero tras estudiar peritaje mercantil y tomó el relevo de la segunda generación. «Mi padre mantuvo siempre el taller de relojería y formó también a mucha gente y nosotros tres, mis hermanos y yo», cuenta la joyera, a la que desde pequeña ya le gustaba «ir a poner etiquetas y a echar una mano en Navidad» . Entre tanto, la firma ampliaba presencia en los años noventa en la avenida de Galicia, donde «estuvimos diez años». La vida llevó a Mónica Aparicio fuera de España. «Estuve en la costa este de EE UU en 2003 y luego tres años en China, en una ciudad cerca de Shanghái. Fue quizá mi época más creativa porque tenía más tiempo». A la vuelta, en 2015, se embarcó en el relevo y eso que eran tiempos de crisis. «Mi padr se había jubilado, me daba mucha pena ver cerrada la joyería y me dije ‘hay que continuar como se pueda y mientras se pueda’, aunque fuera una época de poco consumo».

Local de Aparicio, en la calle Palacio Valdés, en los años sesenta. / C. M. A.
Tomó el testigo con ganas: «Le pegué tal giro que casi me la pego yo en el intento. Dejé las marcas, me salí de la joyería tradicional y me enfoqué en las colecciones propias», primero en Ventura Rodríguez, ahora en Marqués de Teverga. Mónica Aparicio desata su «pasión» por el diseño con piezas inspiradas en «el sentimiento por Asturias», del arte celta al prerrománico, con joyas singulares y únicas . Entre ellas , las medallas de Covadonga, «cuando el centenario hicimos una edición numerada y la pieza número uno se le entregó a la Santina», o la Flor Galana. Joyas «solo en metales nobles: oro, aunque está carísimo, y en plata, y piedras naturales, no utilizo ni artificiales, ni sintéticas, me encanta la perla y luego hay piedras semipreciosas muy bonitas. Los ópalos dan un juego increíble y hay otras menos conocidas, como la tanzanita, con un tono azul-malva muy guapo». Todas salen a relucir en sus «Desayunos con diamantes», una cita de referencia «con clientes que son compo de la familia».

El continuador de la saga, Jesús Aparicio, con sus tres hijos ante el local que abrió en la avenida de Galicia en los años noventa. / C. M. A.
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