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El plan que queremos para Oviedo

Por una ciudad más verde, humana y social

Carlos Fernández Llaneza

Carlos Fernández Llaneza

El Plan General de Ordenación (PGO) es uno de los instrumentos más importantes para el desarrollo y el funcionamiento de un municipio. Su relevancia radica en que organiza el territorio de forma planificada, equilibrada y sostenible; es, además, la herramienta con la que definimos el concejo que queremos ser. Es la oportunidad de mirar a Oviedo de manera integral, sin ver ninguna zona de forma aislada, y teniendo en cuenta su interrelación con el entorno que configura el área central de Asturias.

No se trata solo de un proceso administrativo complejo ni de un nutrido conjunto de planos. Es mucho más: de él depende lo que seremos y cómo nos relacionaremos con nuestro entorno. Por eso, en este momento en el que iniciamos los trabajos para la redacción de un nuevo plan, me gustaba compartir con ustedes esta reflexión.

En primer lugar, un plan general debe definir un desarrollo ordenado y sostenible; es decir, evitar la improvisación y, sobre todo, la especulación inmobiliaria, a la que históricamente no hemos sido ajenos. Debe promover un modelo de crecimiento equilibrado y respetuoso con el medio ambiente. Es fundamental preparar la ciudad para los numerosos retos que el cambio climático nos planteará. Necesitamos más zonas verdes.

Nuestro grupo ya planteó en 2007 la creación de un anillo verde, propuesta que hemos reiterado recientemente. Asimismo, incluíamos en nuestro último programa electoral un ambicioso plan de recuperación integral del Monte Naranco, con el objetivo de convertirlo, más allá de anuncios e infografías, en el verdadero pulmón no solo de Oviedo, sino de su entorno metropolitano, implicando a Siero, Llanera y Las Regueras. Hechos concretos, no humo.

También hemos propuesto un plan forestal urbano que haga de la ciudad un entorno más amable, con especies arbóreas adecuadas a cada calle y alcorques amplios que permitan su desarrollo. Del mismo modo, defendemos la generalización de pavimentos drenantes, necesarios para que las calles no funcionen como escorrentías, sino como auténticas esponjas naturales.

Un aspecto clave es la vivienda. Resulta imprescindible la colaboración entre administraciones y poner a disposición, cuanto antes, suelo para la construcción de vivienda pública, integrada en entornos de calidad, no en manzanas cerradas y sombrías, sino rodeada de espacios verdes. Vivienda de calidad y accesible.

Y, aunque pueda parecer una obviedad, es fundamental una correcta clasificación y uso del suelo: definir qué partes del municipio son urbanas, cuáles pueden desarrollarse en el futuro y cuáles deben protegerse, evitando así usos y construcciones no deseadas. Del mismo modo, es necesario identificar suelos aptos para uso industrial que permitan impulsar un desarrollo económico basado en tecnologías limpias y de alto valor añadido. En definitiva, favorecer la dinamización económica mediante un planeamiento eficaz que ordene de forma coherente los usos industriales, comerciales y residenciales.

No menos importante es garantizar la seguridad jurídica, dotando al plan de un marco legal claro que defina derechos y deberes sobre la propiedad del suelo, tanto para propietarios e inversores como para el propio Ayuntamiento.

Oviedo afronta retos relevantes a corto y medio plazo: el futuro campus en los terrenos del antiguo HUCA —que no puede abordarse de forma aislada, sino en conexión con el conjunto de la ciudad y sus accesos—, la Fábrica de Gas, La Vega, el Naranco o la necesidad de una gran zona verde en el este, un ámbito que carece de un espacio natural de referencia dentro de un modelo de ciudad saludable y que reiterada y justamente reivindican los vecinos.

Sumemos a ello nuestras propuestas de anillo verde y corredor verde, y abordémoslo todo desde una visión conjunta, no fragmentada. Todo ello orientado hacia un Oviedo ambicioso, amable, sostenible, humano y solidario e, incluso, incorporando de forma transversal la perspectiva de género. Porque también el urbanismo debe cumplir una función de equilibrio social y redistribución.

Un Oviedo que aproveche las oportunidades, que sitúe el interés general —de forma irrenunciable— por encima de cualquier interés particular, sin renunciar, en modo alguno, a la prosperidad económica, empresarial e industrial. Un modelo sustentado en un documento en el que creamos de verdad, que asumamos con convicción, más allá del postureo y de la retórica habitual tan ampulosa como hueca de contenido a la que nos tienen acostumbrados.

Ese es el futuro que debe recoger el nuevo Plan General de Ordenación. Una ciudad preparada para ser referente en la segunda mitad del siglo XXI. Ese es el futuro que anhelo y con el que me comprometo. Es el futuro en el que creemos y por el que trabajamos desde el Grupo Municipal Socialista. Porque es el futuro que Oviedo merece: una ciudad que no tema los retos, sino que crezca con ellos. n

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