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Vivas y vitores en el Antiguo de la capital: "¡Al cielo con el Señor de Oviedo!"

La procesión del Nazareno reúne una gran concurrencia desde su salida, en la plaza de Santo Domingo hasta la plaza de la Catedral

VÍDEO: Así fue la procesión de El Nazareno en Oviedo

Juan A. Ardura

El Antiguo regaló aplausos y vivas al "Señor de Oviedo" en la procesión del Nazareno que este Miércoles Santo pudo completar su recorrido con el Vía Crucis en la plaza de la Catedral, que la lluvia frustró en los dos años anteriores.

La tarde soleada pero fría acompañó la salida del paso del Nazareno en una plaza de Santo Domingo abarrotada y con espectadores que incluso aprovecharon las vistas elevadas que ofrecía el Campillín tanto de la iglesia de los Dominicos como de la cuesta de Marqués de Gastañaga. Llegaba el primer desafío de las más de tres horas que se venían por delante para los treinta y seis braceros, escoltados por una escuadra de gastadores del regimiento Príncipe número 3 del Cabo Noval y por la banda de música del cuartel, que hizo sonar hasta la gaita.

Como "la cuesta, cuesta", los braceros aligeraron el paso y el Señor de Oviedo coronó rápido para enfilar a la calle Magdalena, donde la gente aguardaba apiñada a ambos lados. La concurrencia vio mecer al Nazareno con su hábito morado, corona de espinas y cruzal paso por la plaza del Ayuntamiento y la iglesia de San Isidoro. Ese madero que inspiró la música de la conocida saeta, interpretada por la agrupación San Salvado.

El arzobispo, Jesús Sanz Montes, acompañó al Nazareno, recibido con tres emocionantes y sonados vivas por los Estudiantes, preparados en el Edificio Histórico de la Universidad para guardar a su Señor de la Sentencia: "¡Viva nuestro Padre, Jesús Nazareno!", proclamaban mientras muchos jóvenes elevaban su móvil para captar el momento. La plaza de la Catedral y la capilla de la Balesquida, abierta, con la Virgen de la Esperanza aguardaban al Cristo, cuya sombra se proyectaba, impactante, en el palacio de Valdecarzana. "¡Al cielo con el Señor de Oviedo!", ordenó el capataz. La noche, cerrada, dio la mayor solemnidad al Vía Crucis. Quedaba el retorno a la iglesia de Santo Domingo, a donde el Nazareno llegó al filo de las once y mediade la noche, sin incidencias.

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