La Catedral de Oviedo, abarrotada en el Viernes Santo para presenciar el Santo Sudario
La Sancta Ovetensis vivió su celebración más multitudinaria, presidida por Benito Gallego, con la exhibición de la reliquia como gran reclamo

La Catedral, abarrotada en el Viernes Santo para presenciar el Santo Sudario / Irma Collín
La fe no entiende de ausencias cuando el misterio se hace tela sobre el altar. La Catedral de Oviedo volvió a vestirse ayer de sobriedad y recogimiento para conmemorar la Pasión del Señor, en una liturgia que sirvió de antesala al silencio del Santo Entierro y que, como manda la tradición, culminó con el magnetismo inquebrantable del Santo Sudario.
Fue un Viernes Santo de contrastes y de reencuentros. El más celebrado, el de Benito Gallego. El deán de la Catedral regresó a la actividad plenamente recuperado de la indisposición que el pasado Jueves Santo obligó a saltar las alarmas. Con voz firme y paso seguro, Gallego asumió el timón de la celebración ante la ausencia del arzobispo, Jesús Sanz Montes, quien este año cambió las naves de la Sancta Ovetensis por la Plaza Mayor de Valladolid para pronunciar el histórico Sermón de las Siete Palabras.
Un imán para los fieles
Aunque la reliquia permanece descubierta en la Cámara Santa durante toda la Semana Santa para el visitante silencioso, nada iguala el rito de su exhibición en el altar mayor. Es uno de los tres momentos —junto a los días 14 y 21 de septiembre por la Perdonanza— en los que el lienzo sagrado baja de su pedestal de piedra para encontrarse cara a cara con el pueblo.
Al término de la liturgia, el protocolo dio paso a la emoción. En cuanto el Sudario fue descubierto, la nave central de la Catedral experimentó ese fenómeno ya habitual en el siglo XXI: el aluvión de fieles hacia los bancos delanteros. No hubo empujones, pero sí una marea contenida de devotos y curiosos que, en un gesto casi coreográfico, alzaron sus teléfonos móviles al cielo.
Turistas y devoción
La escena no pasó desapercibida para los visitantes. Entre el murmullo de rezos, se colaba la satisfacción de los turistas que, por azar o calendario, se toparon con la reliquia, mientras guardaban el vídeo del momento en sus dispositivos.
Con el Santo Sudario como epicentro, Oviedo renovó su compromiso con una tradición que sobrevive a los tiempos, mezclando la solemnidad de la liturgia con la inmediatez de la era digital, pero manteniendo intacto ese escalofrío que recorre la espina dorsal cuando la tela que, según la tradición, envolvió la cabeza de Cristo, se expone ante los ojos de la ciudad.
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