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Oviedo luce, acompaña y baila a su Señora de la Soledad: “Es impresionante cuando los costaleros la suben arriba y abajo”

La Archicofradía con sede en San Isidoro celebra los veinte años de la medalla de oro a su Virgen con una procesión acompañada de gran gentío en las calles del casco antiguo

VÍDEO: El himno de España suena a la salida del paso de la Soledad en Oviedo

Juan A. Ardura

Oviedo

La Señora de Oviedo salió y fue recibida en su sede de la parroquia de San Isidoro al son del himno de España. Entre medias cerca de tres horas de procesión en las que Oviedo lució, acompañó y al final bailó a su Señora, que este año cumple veinte años desde que recibió la medalla de oro de la ciudad.

Las puertas de San Isidoro el Real abrieron con puntualidad suiza a las diez y media de la mañana para el inicio de la procesión con su Cruz de Guía y detrás la bandera del Vaticano, los cofrades, el estandarte de la Archicofradía del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores y las damas de mantilla española y negro riguroso, las “Manolas”. Silencio sepulcral, solo roto por el llamador, a golpe de campana. “Al toque, al raso”, gritó el capataz y la imagen de la Dolorosa asomó para empezar a bajar los escalones, a Dios gracias bien anchos, de la iglesia de la plaza del Ayuntamiento, mientras la banda de música Unión Principado tocaba el himno de España y la concurrencia rompía en aplausos a la Virgen, escoltada por cuatro bomberos de Oviedo. El sol ya lucía, pero no apretaba y los costaleros enfilaron el paso hacia la calle y plaza del Sol con primera parada. Había que darse un primer pero corto respiro antes de subir hacia la calle Oscura. Silencio total, apenas se oía el caminar de las “Manolas” y el llamador del capataz hasta que la banda empezó a tocar el “Contigo partiré”

La Archicofradía de hábitos negros y capirotes morados detuvo el andar de la Soledad al llegar a la calle San Isidoro, frente a la plaza del Paraguas porque “aquí estuvo nuestra iglesia”, apuntó el Hermano Mayor, Luis Manuel Alonso, en alusión al templo demolido a principios del siglo XX del que solo queda el Arco que se conserva, tras su traslado, en el Campo San Francisco. Era el momento del responso por aquella iglesia original y los parroquianos de antaño, a cargo del páter del Cabo Noval, Juan Luis García, quien concluyó esa parada con el canto de “La muerte no es el final”. Entre tanto los costaleros, una treintena, mecían el paso con la Virgen de los Dolores que lucía en sus manos el rosario llegado de Roma y bendecido por el papa León XIV. Y detrás los fieles que acompañaron toda la procesión, no tantos como en la salida ni, por supuesto, en la recogida en una plaza de la Constitución con muchos abanicos. Pero antes, hubo otra parada ante la Casa Sacerdotal de Oviedo, en reconocimiento “a los que nos transmiten la fe”, recalcó el Hermano Mayor. Salió en signo de agradecimiento su director, el sacerdote José Antonio González Montoto, quien contó que allí viven “34 curas, la madre de uno y la hermana de otro” para luego realizar una oración, en favor de la paz, -‘estamos apenados por las guerras’-, dijo en un texto que acabó depositado bajo el manto de la Virgen.

El impresionante paso por el Tránsito de Santa Bárbara marcó el momento de solemnidad antes de desembocar en una Plaza de la Catedral bien concurrida, sobre todo por turistas y vermuteros. Eran las doce y hasta podía oírse el “Asturias patria querida” que sonaba desde la Escandalera. A unos cuantas calles, la gente ya empezaba a tomar posiciones para la acogida de la Soledad, el momento más intenso de la procesión de la Virgen de los Dolores, que franqueó el reloj del Ayuntamiento a las doce y media. Del recogimiento y la soledad “que tuvo Jesús en Getsemaní”, recalcó el párroco de San Isidoro, José Luis Alonso Tuñón, a “la convicción profunda de la Resurrección”. Del duelo por la muerte de Cristo al gozo que la Resurección que se acerca. Sonó el himno de la Dolorosa y al término una gran ovación para alzarla al cielo más azul y despejado de Oviedo. Los costaleros comenzaron a bailar a la Señora de Oviedo. “Siento mucha emoción, nací aquí a la sombra de San Isidoro y me emociono al ver a la Virgen cuando los costaleros la suben arriba y abajo, es impresionante”, confesaba la ovetense Manuela Iglesias Villa, cofundadora de la Archicofradía, en esos momentos postreros de la procesión, con una petición: “Que se anime la gente a colaborar, a hacer cofradías, a tener fe y que seamos mejores". Ya solo quedaba, puertas adentro pero abiertas de San Isidoro, “las infinitas gracias” de la veterana Archicofradía a todos los que hicieron posible sus dos procesiones del Viernes y el Sábado Santos y la convocatoria a la Vigilia Pascual y a la misa de Resurrección en la Catedral, que presidirá el Arzobispo este domingo.

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