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De llevar medicinas en carro por Oviedo a las Migoya lovers: 85 años "de cercanía a la comunidad"

La tercera generación de la farmacia de la calle Jovellanos se vuelca en proyectos solidarios: "Con pequeñas ayudas se hacen grandes cosas"

Del reparto en carro a las Migoya lovers: la historia de la emblemática farmacia de la calle Jovellanos de Oviedo

VÍDEO: Jimena Aller / FOTO: Luisma Murias

Oviedo

La farmacia Migoya sigue en el número dos de la calle Jovellanos, el mismo lugar donde empezó el abuelo, Ismael, el 13 de diciembre de 1940, en plena posguerra. Atravesar su puerta conduce a otros tiempos, gracias al mobiliario, las estanterías y el mostrador donde se combinan madera y mármol con frascos y hasta olores de antaño. Una esencia basada "en el trato siempre cercano a nuestros clientes y vecinos", que no quiere perder Mercedes Migoya, la tercera generación de una saga que se vuelca en iniciativas solidarias, a través de "Migoya lovers", una comunidad que nació a raíz de la pandemia: "Con pequeñas ayudas se hacen grandes cosas", asegura

El primero de los Migoya se formó en la facultad de Santiago de Compostela, como luego harían su hijo y sus tres nietos. La familia era de Oviedo, de siempre, y tras acabar sus estudios Ismael Migoya volvió a su ciudad natal. "Inicialmente quería hacer Medicina, empezó, pero cambió y se fue a Farmacia. Al volver, acabó adquiriendo la farmacia Márquez, que ya estaba aquí, en una época muy difícil, la posguerra", detalla su nieta. "No había medicamentos de industria farmacéutica, todo se hacía en el laboratorio propio, tampoco era tan fácil conseguir principios activos, ni excipientes, ni nada. Fueron unos inicios muy complicados, en los que se llevaba a la práctica la frase farmacéutica ‘Hágase según arte’. Pues tal cual, se hacía arte de verdad", añade Mercedes Migoya de una época "en la que se hasta se repartían medicamentos en carro".

Ismael Migoya, la primera generación de la farmacia de la calle Jovellanos, junto a un niño con el carro de reparto, que llevaba medicamentos por el centro de Oviedo, enfrente de la pastelería Camilo de Blas

Ismael Migoya, la primera generación de la farmacia de la calle Jovellanos, junto a un niño con el carro de reparto, que llevaba medicamentos por el centro de Oviedo, enfrente de la pastelería Camilo de Blas / F. M.

La farmacia Migoya permanece en la misma esquina donde abrió, pero 85 años atrás el entorno era diferente: en lo que ahora es el Hotel España estaba el Hotel París y había el trasiego propio de parada de viajeros y de la cercana estación del Vasco. "Entonces la gente de la zona rural venía a Oviedo a vender , se volvía por la tarde a sus pueblos y dejaban aquí lo que no querían llevar con ellos, así que la botica era almacén y punto de encuentro", describe Mercedes Migoya de una época cuando su abuelo "era el único que podía entrar a pinchar a las Pelayas, entonces monjas de clausura". Parte del mobiliario de madera noble de la farmacia "vino de las Pelayas", comenta la nieta. Un patrimonio, también emocional, del que no está dispuesta a deshacerse. "Nos trajeron no sé cuántas propuestas de reforma, pero como esto no hay nada", destaca la farmacéutica, mientras enseña las estanterías y expositores del mostrador, con útiles y frascos de aquel tiempo.

Útiles y etiquetas de la farmacia original

Útiles y etiquetas de la farmacia original / Luisma Murias

El abuelo, que fue fundador de COFAS y presidente de esta cooperativa durante cuarenta años, involucró a toda la familia en el mundo de la farmacia. Primero a su hijo, también Ismael de nombre, que ha estado al frente hasta su jubilación. "Una persona muy vocacional, muy solidaria, de aconsejar en el mostrador a los clientes, que son pacientes.La componente más humana de la profesión la heredamos de él", descubre su hija. El segundo de los Migoya incorporó la óptica a la farmacia. "Los tres hermanos somos también ópticos", precisa la actual titular. Y si su abuelo se implicó en los orígenes de Cofas, su padre ha estado 25 años en la junta directiva del Colegio de Farmacéuticos. "Vivimos la farmacia desde pequeños, es algo que nos gustó siempre, nunca quisimos hacer otra cosa", confiesa Mercedes Migoya de la vocación que comparte con sus dos hermanos. "Vivíamos enfrente y nos gustaba mucho venir, es un negocio muy bonito. Cuando llegábamos del colegio entrábamos a saludar y los sábados nos ponían a tamizar manzanilla ". Un hermano fue farmacéutico en Teverga y ahora está en Madrid, el otro fue cotitular de la farmacia familiar hasta que hace tres años, se estableció en la calle Peñasanta de Enol. La pandemia estrechó la relación entre la farmacia y sus clientes. "Empecé con consultas de piel y menopausia, que dieron lugar a unos talleres y luego una escuela de salud con charlas. Al confinarnos, nos conectamos on line todos los días desde las seis de la tarde y fue cuando alguien dijo ‘somos las Migoya lovers’. Ahí nació un vínculo muy fuerte, una comunidad de la que salido un proyecto solidario muy bonito", explica la farmacéutica.

Parada de carruajes en la antigua farmacia de la calle Jovellanos

Parada de carruajes en la antigua farmacia de la calle Jovellanos / F. M.

¿En qué consiste esta iniciativa? "Los talleres y eventos grandes que hacemos fuera de la farmacia tienen una entrada solidaria y con la recaudación ayudamos muchas causas. Es una manera divertida de hacer eventos y apoyar a quien lo necesita ", afirma Mercedes Migoya. Una idea que ha servido para ayudar a entidades como la Asociación Española contra el Cáncer, Movember, la Cocina Económica de Oviedo, El Ángel de Javi, "a clientas que tienen hijos con enfermedades raras, al pediatra mierense Germán Rodríguez, "que se va a operar niños a Guatemala" y a la asociación Síndrome de Down. "En el equipo de la farmacia tenemos hace siete años a Gonzalo, que cuando llega la campaña de navidad se desvive a vender calendarios y bolas de adorno porque sabe que es para sus compañeros. Es una manera de sensibilizar a nuestra comunidad".

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