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Luis Zueco: «En el XVIII en España aún había esperanza; pero el XIX, tras la Guerra de la Independencia, fue terrible»

«Goya y Jovellanos fueron muy amigos; el político asturiano aprendió el lenguaje de signos para comunicarse con el pintor», señaló el escritor, autor de «El juicio. La Inquisición contra Goya»

Juncal Herrero y Luis Zueco, ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA.

Juncal Herrero y Luis Zueco, ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA. / Guillermo García

María José Iglesias

María José Iglesias

«En el XVIII en España aún había esperanza, pero tras la Guerra de la Independencia, el XIX fue terrible». Así lo explicó ayer en el Club el escritor Luis Zueco, a propósito de su novela «El juicio, la Inquisición contra Goya», acompañado por la periodista y escritora Juncal Herrero. El autor ofreció una conversación por las zonas menos transitadas del genio aragonés, «demasiado avanzado para su tiempo, según señaló. Luis Zueco dejó claro que su interés por Goya no parte de lo evidente. «Todos conocemos al pintor de corte, al de ‘La maja desnuda’ o al cronista de los horrores de la guerra, pero lo más fascinante está en su faceta más libre, la del grabador que crea sin ataduras». En ese terreno sitúa el origen de su novela, en la serie de «Los Caprichos», inicialmente un libro de 85 estampas y una obra que considera clave para entender al artista.

El escritor, natural de Borja (Zaragoza), confesó que durante años buscó la forma de abordar literariamente a Goya, nacido en la localidad zaragozana de Fuendetodos, hasta que encontró la pregunta adecuada: ¿por qué, en el momento de mayor prestigio de su carrera, retiró de la venta Los Caprichos apenas unos días después de publicarlos? Esa incógnita, vinculada a la presión de la Inquisición, se convirtió en el motor narrativo de El juicio. A partir de ahí, Zueco construye un relato donde el miedo, la libertad creativa y el poder se entrelazan. El autor trazó un retrato poliédrico del pintor. Recordó su origen extremadamente humilde, sus dificultades para abrirse camino en el Madrid del Antiguo Régimen y su carácter profundamente moderno, incomprendido incluso por los jurados de su tiempo. «Veían su talento, pero no entendían su ejecución. También evocó aspectos más íntimos, como la tragedia familiar que marcó su vida o su capacidad para reinventarse tras la sordera que marcó sus últimos años.

Un pensador visual que denunció los males de su tiempo

Para Zueco, Goya no solo fue un artista, sino un pensador visual que denunció los males de su época: la ignorancia, los abusos, la violencia. «Los temas que trató siguen vigentes. La sobreabundancia de información actual no ha eliminado la ignorancia, sino que la ha transformado». «Goya y Jovellanos fueron muy amigos; el político asturiano aprendió el lenguaje de signos para comunicarse con el pintor», explió Zueco. En el diálogo con Juncal Herrero desmontó mitos, como el que atribuye a la Duquesa de Alba la identidad de la modelo de «La maja desnuda». También hubo espacio para hablar del expolio artístico, planificado por los franceses, durante la Guerra de la Independencia y del papel del arte como símbolo de poder social en aquella época. n

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