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La OSPA da el relevo a alumnos de los conservatorios asturianos

La orquesta del Principado, bajo la batuta de Jaume Santonja, desarrolla el programa "Next Gen"

La OSPA, ayer, en Oviedo. | MIKI LÓPEZ

La OSPA, ayer, en Oviedo. | MIKI LÓPEZ

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

Oviedo

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) verificó el segundo concierto -tras la velada del jueves en Gijón- de la temporada de su proyecto "Next Gen", un programa mediante el cual una selección de alumnos de los conservatorios de la región comparten atril con los profesores de la OSPA. De esta forma, casi una treintena de alumnos de los conservatorios Profesional y Superior de música del Principado de Asturias, el conservatorio de música y danza de Gijón, el Julián Orbón de Avilés, el conservatorio de música del occidente y el de A Coruña, se subieron a las tablas del Auditorio para interpretar la "Obertura Egmont", op. 84 de Ludwig van Beethoven, dejando unas buenas sensaciones gracias al dramatismo y el sonido compacto que supieron imprimir a la obra.

La pieza central del programa era una selección de números de las "suites número 1 y 2" de "Romeo y Julieta" de Serguéi Prokófiev, donde la cuerda exhibió una sonoridad brillante y los metales, bien timbrados, mostraron un gran nivel y una potencia notable. Jaume Santonja, el director de la velada, esgrimió la batuta con precisión y marcó el camino a los músicos con diligencia, generando unas atmósferas efectistas que recrearon las escenas de la obra inmortal de Shakespeare en que se basa el ballet que da lugar a las suites.

Tras la pausa, los profesores de la OSPA interpretaron, ya en solitario, la "Sinfonía número 2 en Re mayor", op. 43 de Jean Sibelius, una obra poliédrica que exigió a los músicos todo su buen hacer para lograr unos buenos resultados de esta página sinfónica compuesta a principios del siglo pasado. La ejecución no estuvo exenta de algunos desajustes, pero en líneas generales se trató una versión interesante, particularmente los dos últimos movimientos ("Vivacissimo" y "Finale. Allegro moderato") donde los tempi ágiles y la profundidad de la plantilla orquestal lograron momentos de cierto efectismo.

Sin embargo, el concierto, extraordinario y fuera de la temporada de abono, todavía deparaba una sorpresa: todos los músicos que tomaron parte en la velada se unieron sobre el escenario para regalar, a modo de propina, la "Obertura" de "Candide" de Bernstein, una obra "mucho más alegre y divertida para motivar a los jóvenes a continuar en este camino de la música", como el propio Santonja explicó a los numerosos asistentes.

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