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Oviedo, a pie de calle: Guillén Lafuerza y la Monxina

La historia de El Rancho, en Oviedo, a través de los ojos de Raquel García, pionera en el barrio: "Ya son más de ochenta años de muy buena vecindad"

"Con la autopista hubo mucho jaleo, paramos las obras porque el paso estaba muy peligroso", afirma

Raquel García.

Raquel García. / Irma Collín / LNE

Vio nacer El Rancho de niña y ahí sigue "encantada", confiesa, "de más de ochenta años de muy buena vecindad". Raquel García, camino de los 88 años, recuerda "todos los detalles" de aquel día de septiembre de 1945 cuando llegó a la que hoy es su casa. Entre medias, toda una vida, dura y complicada, a la que no duda en poner la mejor de sus sonrisas.

 "Vino Carmen,la mujer de Franco, a darnos las llaves de las casas en la plazoleta. Cuando entramos, la casa estaba completamente amueblada. Encima de la mesa de madera había un kilo de carne en crudo para guisar; en la cocina una piña y un caldero de carbón para encenderla. Había de todo, sillas, cobertores, sábanas, media docena de platos, vasos", cuenta Raquel García, que se expresa cual libro abierto. "Fui a párvulos, pero no asistí mucho a clase porque mi madre me necesitaba en casa", cuenta de unosmomentos especialmente difíciles: "A mi padre, un pintor maravilloso, lo metieron en la cárcel, decían que por rojo, pero no lo era y allí enfermó de tuberculosis. Solo duró año y medio aquí en la casa, murió y mi madre quedó viuda con seis niños, todos pequeños". 

Tan mal estaba el padre que la pequeña Raquel bajó a vivir con su abuela a Fozaneldi para evitar un temido contagio. "Yo nací en Villafría, vivíamos en una casa blanco con buhardilla. Siempre que subía al cementerio la veía, hasta que la tiraron hace unos años". Y de Villafría eran su abuelo y tíos maternos, fusilados en la represión de la revolución de octubre de 1934. "Estaban echando la partida en una cuadra grande y mataron al padre de mi madre y a dos hermanos, uno de 18 y otro de 21, de la familia de los Castillos y también al marido de una cuñada de mi madre. Y otro tío mío se salvó porque saltó por una ventana y pudo escapar._Eran gente que no tenía nada que ver con la política y allí los mataron", relata Raquel, una niña que de golpe tuvo que hacerse mayor. "Cuando murió mi padre, teníamos una hermana pequeña, de solo dos meses y yo, con siete años, tuve que ir a Pola de Gordón con mis hermanos a una Casa porque, claro, mi madre, no podía con todo. Estuvimos seis meses, hice allí la Primera Comunión", relata.

"Iba a la escuela, que estaba donde la iglesia, lo que podía", comenta Raquel, que ni siquiera llegaba al fregadero. "Tenía un banquín, que me ponía mi madre, para que yo alcanzara a lavar los cacharros y ella pudiera ir a trabajar". Por si eran pocos, un día dejaron en la puerta de casa a un bebé "en una cuna de mimbre, sabíamos quien era la madre, pero la Policía tardó ocho meses en encontrarla en Bilbao y cuando vino dijo que lo llevaba al hospicio, pero mi madre, Generosa, que era muy pequeña, tenía un genio tremendo, quedó con el pequeño y fue siempre buenísimo para mi madre".

Eran tiempos de apreturas económicas. Raquel García recuerda "que nos ayudaron mucho". La madre empezó a trabajar en el Ovies, uno de los cuatro bares que había en el barrio, junto al Guillén, La Parra, y luego el Casa Pepe. "En el Ovies paraban los capitanes y militares y entre todos escotaban para comprarme ropa", abunda Raquel García que creció en un este ovetense que poco o nada tiene que ver con el actual. "Aquí había cuatro cuarteles, estaba Artillería, Transmisiones, más arriba Sanidad y el Parque Móvil y después ya estaba Matalablima, donde ahora está el campo de fútbol y donde vivían gitanos. También estaba un lavadero, un par de casas y ya no había más nada. En Ventanielles y la Tenderina todavía no había edificios, ni nada. Bajabas una caleya que había aquí y ya dabas con la carretera general de Santander. Y estaba el río Trigales, que ahora va canalizado por la calle Río Sella de Ventanielles y olía muy mal._Bajábamos por ahí para coger el tranvía. Había cuatro casinas y el bar Emilio en la Tenderina", describe Raquel García de un este ovetense donde se hacía notar La Cadellada. "Jugábamos por allí todos en la carretera, y a veces aparecía una loca muy peligrosa, Eloína, que andaba con cadenas. Tiene escapado hasta a las tres de la mañana, de aquella en verano la gente se sentaba afuera, de noche, porque no aguantabas el calor en casa y de repente aparecía Eloína con las cadenas. Una vez se subió al tejado del_Manicomio , estuvo tres días y cuando las monjas le decían que bajara les insultaba y les tiraba tejas".

"Son las historias de aquí", revela Raquel García, que también recuerda "el jaleo cuando se hizo la autopista. Paramos las obras porque dejaron un paso muy malo para cruzar al otro lado, por donde iban los niños al colegio y teníamos que pasar a diario". Y una convicción: "Aquí se vivía muy tranquilo y ahora también. Siempre ha habido muy buena vecindad. Aquí nunca hubo jaleos, aunque la gente del centro hablaba mal de El Rancho, pero ahora bien que quieren venir".   

Cinco hijos que son seis, porque Raquel García también ha criado a la hija de un hermano, de los que habla maravillas: "Quique Santirso está de cocinero en el Real Balneario de Salinas y_Pachi Santirso es el presidente de la Liga F7y del Guillén_Lafuerza porque le daba pena que pudiera desaparecer el equipo donde jugaron su padre y él". A Raquel le gusta cocinar para una familia en la que ya cuenta ocho nietos; también salir a comprar con el carro al Mercadona o el Carrefour.  Y como el barrio tira, "todos los días, el cafetín las nueve y cuarto de la mañana en el Guillén". n

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