Negocios de siempre
La tienda de pan que evolucionó a escaparate "de la gastronomía más selecta de Asturias", en el Fontán ovetense
Marta Manso, tercera generación en Casa Maribel, aporta "cercanía y trato directo" a la clientela de siempre y a los turistas en la calle Fierro

VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Fernando Rodríguez
Echó a andar como "un despacho de pan humilde" en los años de la posguerra y hoy luce como escaparate de la "gastronomía más selecta de Asturias". Marta Manso es la tercera generación de mujeres de su familia que siempre en el mismo local de la calle Fierro ofrece un trato basado en "la cercanía y la calidad", el sello de Casa Maribel.
Cuando Amparo Fernández abrió el modesto despacho de pan y leche en 1946 al abrigo de los soportales del Fontán estaba lejos de imaginar el giro que su hija y su nieta iban a dar más de medio siglo después, cuando la reforma de la populosa plaza anunciaba tiempos de trasiego y turismo en el corazón del casco antiguo de Oviedo. "Este es un negocio de tres generaciones de mujeres , creo que si mi abuela pudiera vernos estaría muy orgullosa de que su pequeño gran negocio subsista y permanezca, aunque es complicado", comenta Marta Manso. Confiesa que fue su propia abuela quien le metió en el cuerpo esa iniciativa emprendedora y ese saber estar al otro lado del mostrador, cuando en los alrededores del Fontán no había tanto turista como ahora: "De pequeñita mi abuela me ponía un mandil siempre que venía a verla. Yo era muy chiquitina y me ponía aquí delante de la tienda con los juguetes y los tebeos que ya no leía para venderlos. Con esa perronina que sacaba iba hasta una señora que venía de fuera, con una furgoneta, y vendía sandías y melones y le compraba una rodaja de sandía, me encantaba. Los genes de comerciante me vienen de entonces", comenta Marta Manso con una sonrisa de por medio.

Marta Manso, ante el mostrador, con un tarro de miel de Boal. / Fernando Rodríguez
Si la abuela vendía pan y leche de lo que hoy se llama kilómetro cero, es decir de las panaderías y vaquerías más cercanas, Marta Manso y su madre aprovecharon la reforma de la plaza del Fontán, que promovió Gabino de Lorenzo durante su mandato, para renovar la tiendina de Amparo Fernández y, al mismo tiempo, ampliar la oferta. "Al estar las dos juntas ya pudimos apostar por incorporar productos más selectos, tipo gourmet, y con mucha variedad", destaca la tercera generación de Casa Maribel.

Embutidos en las estanterías de Casa Maribel. / FERNANDO RODRÍGUEZ
"Nuestra oferta en el producto asturiano, de calidad. Igual tenemos para un buen desayuno que para una comida o una cena con amigos o en familia", comenta Marta Manso, quien detalla con todo lujo los productos "estrella" que pueblan los mostradores y estanterías de Casa Maribel. "La gente de fuera suele llevarse lo más conocido, como pueden ser los quesos asturianos, con tanta variedad como tenemos. También nos piden, cada vez más, nuestra rica sidra. Suelo recomendar el chosco de Tineo, que está muy de moda es muy versátil a la hora de consumirlo y también nuestra miel de Boal. Y por supuestísimo, la fabada. Aunque haga 40 grados, la gente quiere comer fabada", afirma la responsable de Casa Maribel, que revela el éxito de los envíos a toda España. "Tenemos una página web que es solamente informativa porque me gusta que el trato siga siendo personal, tanto aquí en el negocio, físicamente, como cuando se hace un envío fuera, que siempre atiendo antes a través del teléfono. Siempre un trato directo", añade Marta Manso de la relación con una clientela, que se distribuye "casi a partes iguales entre gente de Oviedo y turistas. Sí se nota la afluencia de turismo en las épocas de verano, Semana Santa o algún evento, pero el resto del año, lógicamente no puedo vivir del turista. Gracias a Dios tengo muy buena clientela autóctona, de aquí".

Entorno de los soportales del Fontán, en la década de los cuarenta. / C. M. M.
Tanto trato cercano con el cliente da para curiosas anécdotas. "Una vez pasó un cliente, estuvo viendo el escaparate un ratito, entró y empezó a hacerme preguntas sobre diferentes productos. Después de atenderle se dio conocer, era un político importante y me dio las gracias porque se sintió muy a gusto por un trato normal y correcto. Yo no le había reconocido, pero a la gente la gusta ser atendida con amabilidad y con cercanía", afirma la dueña de Casa Maribel. No tiene claro si la cuarta generación dará continuidad al negocio familiar, echa de menos "la gente que venía de los pueblos para vender sus productos", pero destaca "la gran variedad de la industria agroalimentaria asturiana", en clara expansión.
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