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El cantautor Pablo Moro se quita veinte años de encima en Oviedo

El músico celebra este viernes con un concierto en la sala Tribeca Live los veinte años de su disco debut, "Emepetreses"

Pablo Moro, fotografiado esta semana en Oviedo.

Pablo Moro, fotografiado esta semana en Oviedo. / Fernando Rodríguez

Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

A Pablo Moro (Oviedo, 47 años) no le separa mucho más que un bigote del chaval de 26 años que entre 2005 y 2006 se asomaba a los carteles de su primer disco con el apalanque despreocupado del que pasaba por aquí, la picardía del poeta barrial y el abrigo rock que dan las cazadoras de cuero. «Supongo que la base sigue siendo la misma», se sacude apartando la mirada del retrovisor a poco más de un día de celebrar los veinte años de su debut discográfico, «Emepetreses» (Carlito Records), con un concierto único, este viernes a las 21 horas, en la sala Tribeca Live de Oviedo.

Pablo Moro ha vuelto a juntar a «Los Chicos Listos» para esta aparición con banda, tan irrepetible en su «aniversalidad» que él mismo utiliza la metáfora del que abre el cuarto de atrás y luego «tirará la llave al río». Pero tocar el disco aquel y celebrar que las canciones, los que las tocan y los que las escuchan aún andan por aquí no quiere decir que él no permanezca en la poesía. «Sigo siendo una persona que quiere componer las mejores canciones posibles, cuando lo intento, que todavía me pongo a ello; la experiencia y la vida de aquel momento puede que fueran más superficiales, pero también más luminosas. La vida siempre tiende a la oscuridad y uno ha seguido escribiendo, aunque hubo un tiempo en que el mundo sabía a gominolas y verano», suelta tratando de no ponerse todo lo serio que podría desprenderse de sus palabras.

Pablo Moro se dedicó a la música después de aquel disco, llevó sus canciones a Madrid, apareció en la segunda edición del disco «Que el cielo espere sentao» de Melendi, el que traía el DVD del concierto de 2006 de San Lázaro, donde Ramón, compañero suyo en la discográfica, cantó con él «María». Ahora ha ido apurando otras vidas posibles para hacer más cosas que también le interesaban. «Hay una parte de realismo en todo esto», resume. «Formas una familia, tienes hijos, quieres una cierta estabilidad vital, un montón de cosas... Ni me arrepiento de nada ni siento ningún fracaso. Tampoco anuncié nunca una retirada. De hecho, tengo suficientes canciones para un nuevo disco. Simplemente, como lo que le decía Umbral a su madre, si formalizas, si te metes al banco, entonces ya ni escribes ni nada».

La paradoja es que Pablo Moro ha espaciado lo de sacar discos, pero ha seguido encima del escenario. No tanto en solitario, pero sí con los amigos de «Pequeño Club Imposible». Y en esas bodas en las que va a cantar las de Calamaro, Sabina o «Los Ronaldos» le siguen pidiendo que toque «Vodka y caramelos», «Álbumes de fotos», «María». «Se lo he escuchado a otros músicos y es verdad. Primero dejas de tocar esas canciones porque las escribiste cuando tenías veinte años, pero luego llegas a una madurez aún mayor y te reconcilias con ellas».

La novedad, pues, del concierto de este viernes, al que llega con todo el papel agotado en tiempo récord, tiene más que ver con haber vuelto a juntar a la banda, sorprenderse de que ellos querían volver a trabajar con él y disfrutarlos en el local de ensayo. De aquella primera vez en San Lázaro teloneando a Melendi todavía siguen con él Alejandro Blanco, a la batería; Álvaro Bárcena, a la guitarra, y Antón Ceballos, al bajo.

La otra deriva es la de abrir una cápsula del tiempo. Aquellos «Emepetreses» fueron hijos de su tiempo. Pablo Moro había sido un estudiante de Filología que volvió en las Navidades del 2000 del Erasmus en Turín con un puñado de canciones y las presentó en El Paso (plaza de Trascorrales) a petición popular y con invitados como Nacho Cabeza o Javi, el hermano de Pablo, que había sido el que metió el virus del rock’n’roll en casa. Luego fueron otros, como su amigo Pibe («te debo unos playeros»), los que tiraron de él, gastando calzado para mover la maqueta por Madrid; llegó la legendaria audición de Carlito Records en Oviedo, en la que también ficharon a Melendi; el disco de Ramón salió antes, y los «Emepetreses» de Pablo Moro llegarían al cabo de un par de años. Desde el título, y entre las letras, se percibe esa época de cambio de ciclo, Operación Triunfo en la tele, archivos comprimidos y politonos en el móvil, un mundo que quizá pintaba mejor de cómo al final se ha quedado dibujado. No tiene claro si allí se jodió el Perú, pero sí que muchos de los que irán a escucharle el viernes al Tribeca son hijos de aquel tiempo y aquel lugar. Y ahí seguimos. No es poco.

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