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El concurso de tonada "Ciudad de Oviedo" hace vibrar el Filarmónica con la voz campeona de González Morán y el regreso de Salvador Ondó

El certamen contó con veteranos como José García, Juan Manuel Martín y César González

Chus Neira

Chus Neira

«La tonada hay que ir soltándola, como la sidra». Pocas voces puede haber más autorizadas para hilar una metáfora sidrera como esa que el siete veces campeón de escanciado Salvador Ondó. El guineano ha regresado este año, tras dos en barbecho para cuidar las cuerdas vocales, a su nuevo campo de acción, la tonada asturiana, y así se le pudo ver ayer en la segunda eliminatoria del concurso «Ciudad de Oviedo», que organiza la concejalía de Festejos del ayuntamiento carbayón con el apoyo de LA NUEVA ESPAÑA.

La presencia de Ondó, todavía «empezando a coger el pulso a los escenarios», con una impactante americana de lentejuelas, alternó sobre las tablas del Filarmónica con algunas de las mejores voces del género, como la elegante campeona Maribel González Morán, y de las más fieles a la tradición clásica, como el arrebatador José García García.

La jornada no pudo tener mejor entrada que la que ofreció el monologuista Carlos Alba «Cellero», metido en el pellejo de Sindo, su hermano tonto, el que le falta la garcillada, la patatina pal kilo, el viaje a Covadonga. Los casos de su alter ego hicieron reír al público antes de escuchar una pieza clásica del repertorio de José León Delestal, el de la operación de apendicitis.

Cellero dejó al público listo para una eliminatoria más breve de lo habitual por la ausencia de dos concursantes, pero llena de tradición y de grandes interpretaciones. El primero en subirse a las tablas del Filarmónica fue Ángel Fernández Morán, con «Tuve en la esfueya», en solitario, y «Voy vender toes les vaques», acompañado por Vicente Prado «El Praviano». Ayer se pudieron empezar a escuchar a las voces más jóvenes, concursantes en la categoría de tonada juvenil como Manuel Valle Cue, al que se le vio intención y maneras con «Cuando vienes d’arrendar» y en su ejercicio en solitario de «Los gües de Xuana». La otra Maribel de la jornada, María Isabel Fernández Fernández, una concursante clásica en Oviedo, dejó el clásico «Carretera de Colloto» a la gaita y una complicada «La saya colorá».

Le siguió otro veterano, Juan Manuel Martín Caso, especialmente ligado a este concurso por presidir la asociación «El Cantu la Jorma», de Suarías, donde se custodia el archivo del que fue el impulsor del certamen, Carlos Jeannot. Con buena voz y potencia firmó en solitario «Los cuatro mozos de un pueblo» y remató, a la gaita, con una composición nada fácil, «De xunto a Pravia». Con parecida actitud y muy buena acogida por parte del público, desde Somiedo César González Fernández arrancó los primeros jaleos en el patio de butacas, con el «Pincheme con una espina» y, en especial, con la célebre «Ya no vuelvo más a Granda».

Maribel González Morán volvió a dar un clase maestra de tonada sublimada, con un timbre perfectamente ajustado y lujo en los matices para una de las claves de bóveda del repertorio tradicional, «Anda y señálame un sitio», con El Praviano, y «Ven del puertu a mio puerta».

Con Rodrigo Cuevas

La aparición de Ondó Bibang introdujo regocijo entre el público. Muy aplaudido, algo cohibido en este regreso a la competición, arrancó con «Les barandielles del puente» y algo más cómodo, apoyado en la gaita de Vicente Prado, remató con un «Asturias verde esmeralda». Ondó conoció la asturianada cuando llegó a Asturias, con 13 años, detrás de la barra del chigre de Pola de Laviana en el que ayudaba, «cuando los paisanos calentábense con la sidra se poníen a canta». Pero él, como con el escanciado, no quiso entrar sin preparación. En estos años, respetando la tradición, ha ido formándose con el maestro Ismael Tomás. Su regreso al mundo del espectáculo, anunció ayer, se verá incrementado ahora con su presencia en el nuevo espectáculo de Rodrigo Cuevas que arranca este viernes en Avilés.

Tras Ondó, José García García regaló un cierre soberbio al público. Con los genes de la buena vieja escuela y una presencia escénica de potencia y rigor, su arranque con «Déjame pasar que voy» fue respondido al grito de «¡grande!» entre las butacas. «Del alto la collada», a la gaita, recibió parecido apoyo.

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