Pablo Priesca, en el Club LA NUEVA ESPAÑA: «La política no ha entendido los retos del cambio rural»
«Los maestros de los pueblos deberían tener incentivos de arraigo», indica el patrono de honor de Fundación CTIC, autor de «El renacer de la ruralidad»

De izquierda a derecha, Pablo Priesca y Jaime Izquierdo, ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA. / Irma Collín
«La política no ha entendido los retos del cambio rural y faltan modelos de gestión con un objetivo claro». Pablo Priesca, primer director general de la Fundación CTIC Centro Tecnológico y actual patrono de honor, autor del libro «El renacer de la ruralidad, crónica de un abandono estratégico, entre la regulación, la burocracia, el ecologismo urbano, los incendios y la esperanza de futuro», abordó ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA esa desconexión entre política, territorio y realidad social.
El autor, acompañado por Jaime Izquierdo, referente en desarrollo rural en España, explicó que su obra nace de la preocupación por el abandono progresivo del mundo rural y el reconocimiento del valor de las culturas campesinas. «La tecnología era el medio, pero el territorio siempre fue el propósito», señaló. En España, más del 80% del territorio es rural; en Asturias, ese porcentaje alcanza el 90%. En el Principado existen 800 núcleos rurales abandonados, otros 400 con un único habitante y cerca de 600 kilómetros cuadrados sin gestión activa, lo que representa alrededor del 22% del territorio. Uno de los diagnósticos compartidos entre Priesca e Izquierdo fue la confusión histórica entre política rural y política agraria. Aunque programas europeos como Leader han contribuido a fijar población, Priesca subrayó que muchas veces han carecido de una estrategia clara a largo plazo.
«Lo viejo no deja paso a lo nuevo», resumió Izquierdo, en alusión a un modelo administrativo y político que, en su opinión, ya no responde a las necesidades actuales. Criticó tanto las políticas de desarrollo como las de conservación de la naturaleza, al considerar que han sido diseñadas desde una lógica que no integra el cuidado activo del territorio. «La conservación no puede ser un fin aislado, sino la consecuencia de habitar y gestionar el medio», apuntó.
En territorios altamente regulados, explicó Priesca, surgen barreras que dificultan cualquier iniciativa transformadora. A ello se suma lo que calificó como «políticas simbólicas o prácticas de ‘greenwashing’, que no atacan el problema de fondo». En su opinión, ni la política ha entendido plenamente la dimensión del reto ni ha otorgado al mundo rural la prioridad necesaria. Priesca responsabilizó al «ecologismo urbano» de haber agravado la situación al imponer modelos alejados del conocimiento local.
Ambos ponentes defendieron estrategias territoriales que incluyan economía, energía y paisaje. Priesca criticó la falta de arraigo en el territorio en servicios como la educación, y puso como ejemplo la alta rotación del profesorado en escuelas rurales. «Los profesores deberían tener algún tipo de incentivo», recalcó. También cuestionó la Política Agraria Común (PAC), que, hasta la fecha, ha favorecido principalmente a la agricultura intensiva, «con el 80% de las ayudas para el 20% de los beneficiarios», concluyó Priesca, ante un concurrido auditorio.
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