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Eduardo San José, catedrático, en el club LA NUEVA ESPAÑA: «Feijoo fue el gran divulgador de su tiempo»

«El benedictino gallego, que desarrolló su carrera en Oviedo, admiró a Newton y tuvo como objetivo dirigirse al ‘vulgo’», indicó el catedrático

Eduardo San José y Rodrigo Olay, ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA.

Eduardo San José y Rodrigo Olay, ayer en el Club LA NUEVA ESPAÑA. / LNE

María José Iglesias

María José Iglesias

«Calificar a Feijoo únicamente como pedagogo resulta insuficiente. Tampoco fue exactamente un filósofo, sino el gran crítico de su tiempo, el gran divulgador, el primer publicista en sentido moderno». Eduardo San José, catedrático de Filología de la Universidad de Oviedo e investigador del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII, trazó ayer en el Club un retrato profusamente documentado del benedictino gallego, afincado en Oviedo, subrayando su papel como creador de opinión.

San José, que clausuró el ciclo dedicado al tricentenario del «Teatro Crítico Universal», y al 350 aniversario del nacimiento del benedictino (Casdemiro, Orense, 1676), le comparó con figuras actuales de la divulgación científica como Carl Sagan o Félix Rodríguez de la Fuente, aunque subrayando que mientras éstos se centraron en campos específicos, Feijoo abordó todos los ámbitos del saber, creando un cuerpo de doctrina. «Benito Jerónimo Feijoo, la Ilustración para todos los públicos», fue el título de la charla, presentada por el poeta y profesor Rodrigo Olay, quien destacó la figura docente de San José y su papel como formador de nuevas generaciones de escritores.

Pieza clave del proyecto borbónico de modernización cultural

San José describió a Feijoo como una pieza clave del proyecto borbónico de modernización cultural, un intento de introducir la Ilustración de forma ordenada en España. Esa misma amplitud de miras lo convirtió en una figura difícil de controlar por parte del poder. Feijoo llegó incluso a ser sospechoso de heterodoxia y protestantismo. También admiró la obra de Isaac Newton y su ley de la gravitación universal, que interpretaba como una manifestación del orden divino, pese a proceder de un «hereje». Este interés por la ciencia se tradujo en una actitud experimental que San José reivindicó con entusiasmo: desde ensayos sobre la conservación del tabaco y el chocolate hasta experimentos sobre la combustión de braseros. Su objetivo, insistió San José, era claro: «educar al pueblo, emanciparlo mediante el conocimiento. De ahí su insistencia en dirigirse al ‘vulgo’», indicó.

Traducido a varios idiomas y leído en Europa y América, su nombre fue sinónimo de sabio . Esa popularidad generó envidias y ataques, a los que el benedictino, celoso de su reputación, no permaneció indiferente. San José concluyó con una reivindicación de Feijoo como clave para entender la Ilustración española en su dimensión más abierta.

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