El lino, memoria de autosuficiencia
El cultivo, documentado desde el siglo XVIII, articuló por generaciones la economía doméstica y la vida social en Las Regueras, desde la siembra hasta las «filas» de invierno

La exposición «El lino y la lana en Les Regueres», organizada por La Piedriquina, en Biedes, en abril de 1999.
El lino fue en el pasado un cultivo de notable importancia en Les Regueres, en una sociedad campesina marcada por la autosuficiencia. Prueba de ello son las pequeñas flores azules que aún asoman cada primavera en algunos prados y los topónimos que han perdurado hasta hoy.
Este cultivo se sembraba hacia la segunda quincena del mes de octubre en terreno previamente preparado y abonado con estiércol. La tierra dedicada a ello era la llinar. En la parroquia de Trasmonte existe la ería de Llinares en el lugar de Premió; en la parroquia de Biedes la ería de Les Llinariegues, en Parades, que ocupa medio pueblo de abajo. Hay Llinares en Ania y en Valsera y El Picu La Llinar divide los concejos de Les Regueres e Illas.
En el Catastro del Marqués de la Ensenada (1752), en la respuesta del concejo a la Pregunta 14 se alude a dicho cultivo:
«Y tampoco hacen aprecio de algunos lebes controzos de terreno que se hallan sembrados de lino porque también van incorporados en los referidos aprecios de las heredades de buena calidad.»
Un siglo más tarde el Diccionario Geográfico de Madoz (1845) señala el cultivo del lino en muchos concejos asturianos, concretamente en Les Regueres refiere que se siembra en todas las parroquias y da cuenta de la existencia de telares caseros en Biedes, Valduno y Valsera. En el Diccionario de Martínez Marina se mide el lino en arrobas y calculan 30 en Santullano, 45 en Soto, 160 en Trasmonte y 82 en Valduno.
El lino se arrancaba a finales de mayo, a mano, juntándolo en manojos, atado con pajas de centeno. Se ponía a curar en el corredor del hórreo o de la casa hasta que estuviese bien seco. En los meses de julio y agosto tenía lugar la operación de «debagar», separar la semilla del tallo. Para ello se llevaba al río «a cocer», también se decía «enriar el lino». Se ponía en la orilla con piedras encima para que en caso de que hubiese una crecida, no lo llevase la corriente. Una vez cocido se tendía a secar en un prado, sueltos los manojos, con la raíz siempre del mismo lado. Cuando estaba bien seco se trasladaba otra vez a la casa donde se apilaba. Con la espadadera y el espadón se golpeaba para acabar de quitar las partículas de cáscara y pelar las partes leñosas. A continuación, se pasaba por el restiellu para sacar las fibras y luego filarlas con la rueca y el fuso.
Al llegar el invierno y, una vez concluidas las esfueyes o esfoyazas, se reunían las mujeres en una casa del pueblo con cocina o sala grande para la fila. Solía haber fila en dos o tres casas de cada pueblo. En Soto se filaba en Casa Pachón hasta 1932, en Casa Caleya y en Casa Fonso. En Bárzana de Trasmonte en Casa Benito, en Cueto en Casa de les Muyeres, en Agüera en Casa el Tano y en El Castañeo; en Casa Alvarín y en Casa Gertrudis de Landrio. En Otero en Ca’l Maxo. En Biedes en el Palacio, en Casa Pedro y en Casa Anxilín. En Parades en Casa el Balloto y en Casa Pinón. En Casa Bernaldo en Recastañoso, en Casa Anselmo de Miobra, etc. Una vez filado se llevaba al telar para hacer sábanas, toallas, servilletas…
Las filas, más que trabajo, eran un pretexto para la diversión. Gracias a estas reuniones se hacían más llevaderas las largas veladas de las noches de otoño e invierno. Se filaba todos los días menos el domingo y los sábados solía haber baile. Ese día acudían la mayoría de los mozos del pueblo. El baile, en ocasiones, se animaba con gaitas o con acordeón y panderetas. Eran un medio de trasmisión oral de romances, cantares y leyendas. Gracias a ellas nos llegaron cantares que traían los vaqueros de alzada de Torrestío procedentes de Soria, de Sevilla, etc. de los pastores de merinas.
En Les Regueres hubo hasta principios del siglo XX varios telares en cada parroquia. En la de Valduno lo tenían: Carola Les Ablanoses; las hijas de Mingo el francés, también en Les Ablanoses y en Casa Braulio: Ángela, Dolores y María. En Paladín, Carola la Taruca. En Los Vallaos: Rosa Andrés, Sidru y su mujer Teresa. En Soto los últimos cultivadores de lino lo llevaban a tejer a El Valle, en Candamo. En la parroquia de Trasmonte hubo uno en Agüera, en Casa Celestuco. En Biedes hubo un telar, posiblemente en Parades, citado por Madoz. Aquí y en las parroquias cercanas de Llanera lo llevaban a Los Telares en Villalegre.
También hubo fabricantes de peines de telar. En Les Ablanoses los vendían los franceses, llamados así porque cuando la Guerra de la Independencia se quedó a vivir aquí un soldado italiano, de la región de Liguria, de apellido Espolita, que se dedicó a la fabricación de estos peines, al igual que algunos de sus descendientes. También los hacía el Dios de Premoño.
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