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Un libro que abre el debate sobre un espacio clave de Oviedo

Una obra para despertar conciencias: «El Naranco no puede ser un trastero»

La presentación del primer tomo de una trilogía se convierte en una llamada a la reflexión sobre el futuro a corto y medio plazo del monte ovetense

Por la izquierda, Ana Herrero, Felipe Fernández, José Luis García López del Vallado, Ignacio Ruiz Latierro y Concepción Paredes, en el salón de actos del Archivo Histórico de Asturias.

Por la izquierda, Ana Herrero, Felipe Fernández, José Luis García López del Vallado, Ignacio Ruiz Latierro y Concepción Paredes, en el salón de actos del Archivo Histórico de Asturias. / Juan Plaza

Oviedo

Una «obra magna» que ofrece una lectura «vigoroso y con capacidad para despertar conciencias sobre el Naranco, que no es un trastero». Es el mensaje que afloró con fuerza en la presentación de «La sierra de Naranco: Territorio y ciudad. I Oviedo descubre el Naranco», el primer libro de la trilogía escrita por José Luis García López del Vallado, saludado ayer repetidamente en el Archivo Histórico de Asturias por muchos de los asistentes al evento como Manolo, el nombre con el que este abogado, ya jubilado, es conocido en su familia desde que nació. Entre los asistentes, que prácticamente llenaban el salón de actos del Archivo Histórico de Asturias estaba alguno de los compañeros en tiempos de clandestinidad del autor, pero esa es otra historia.

Tanto la exarchivera del Ayuntamiento de Oviedo, Ana Herrero, como el geógrafo y catedrático de la Universidad, Felipe Fernández, pusieron el foco en sus palabras de presentación en la gran aportación que supone esta obra, que entre sus tres tomos reunirá más de mil doscientas páginas. «Es una visión informativa y justa sobre la sierra de Oviedo», subrayó Ana Herrero, quien además de adelantar, a modo de índice, los contenidos de cada uno de los tomos no se resistió a hablar de la extensa introducción, en la que Vallado ofrece su diagnóstico sobre el Naranco, sin rodeos. «Pocos libros comienzan con una declaración de intenciones tan rotunda como esta: pocas ciudades de Europa habrán sido tan indiferentes al destino de su montaña como la de Oviedo al Naranco». Y Ana Herrero prosiguió con una de los análisis más crudos que contiene la detallada exploración del autor, fruto de más de treinta años de investigación y documentación, forjados en paseos y cuadernos de campo:«El aspecto ruinoso del monte hasta la década del 60 del siglo XX era solamente de superficie y tenía remedio; el de hoy, a primera vista más aseado, oculta los males que lo aniquilarán».

Así que la visión de Vallado sobre el monte ovetense «no nos va a dejar estar muy alegres», apuntó la que fuera archivera municipal y hoy memoria viva de Oviedo. Pero Ana Herrero quiso acabar con una puerta abierta a cierta esperanza, rebatiendo incluso la conclusión del autor, de que «para muchos el Naranco ya no es el suyo por el proceso de degradación múltiple» sufrido. Para la experimentada documentalista, «a través de análisis, de estudios como esta publicación, con la defensa militante, con la postura ética como las que lleva por bandeja este autor, me atrevo a decir que aún existe esperanza para este Naranco».

Felipe Fernández, catedrático del departamento de Geografía de la Universidad de Oviedo, coincidió con Vallado «en la poca atención que se ha prestado al Naranco», un cierto desinterés que incluso alcanzó a la universidad asturiana. De todas formas, según avanzó, «desde la geografía, aunque sea tarde, estamos intentando hacer frente a esta carencia y ahora mismo está en fase de elaboración una tesis doctoral que pretende poner en valor el paisaje y sus recursos naturales y culturales». El catedrático de Geografía reparó en el activo que supondrá el millar de páginas de esta trilogía, que este jueves tuvo su primera entrega. «Esta obra salda de una manera importante esta deuda que existe con el Naranco», afirmó Felipe Fernández. También destacó la alusión «preocupante» que hace el autor en este primer tomo acerca del Naranco como «un trastero, con sus urbanizaciones de múltiples tipos, las pistas, las carreteras, las canteras, las antenas, los equipamientos de todo tipo, puestos ahí sin un orden y concierto, sin una planificación que no sé si estaremos a tiempo que se produzca». Por último, Felipe Fernández alertó del riesgo que entraña la potencial compra de terrenos en el Naranco, con fines especulativos en el futuro, «como ocurre en el litoral»

La oportunidad del PGOU

La presentación contó con la intervención de Ignacio Ruiz Latierro, antes ingeniero municipal, luego director general de Infraestructuras del Ayuntamiento y ahora director general de Ordenación del Territorio en el Principado, que se declaró «usuario y naranquín», desde su infancia en Teatinos. Latierro afirmó que el Naranco «sigue estando desaprovechado» y señaló «la oportunidad» que supondrá la revisión del PlanGeneral para definir «qué queremos del Naranco, qué queremos preservar y qué queremos que se haga en él».

José Luis García López del Vallado centró la intervención sobre su obra en algunas de «las historias personales» que afloran en sus páginas, que le ayudaron a documentar el pasado agrario y minero del Naranco, así como las excursiones o los baños en la falda del monte ovetense. Y confesó la «tristeza grande por la pérdidas de las capillas». La encargada de abrir el acto fue Concepción Paredes, que hizo las veces de anfitriona al ser la directora del Archivo Histórico de Asturias y destacó la labor investigador del autor:«Ha trabajado intensamente en varios archivos de esta región, consultando documentos que le han permitido reconstruir el pasado del monte con gran precisión y desde esta reconstrucción llegar al análisis y la reflexión de la situación actual del monte». La presentación de la trilogía, llamada a marcar un antes y un después en la literatura sobre el Naranco, contó con la asistencia, entre otros, del exdirector del Museo de Bellas Artes, Emilio Marcos Vallaure; el director del Museo del Pueblo de Asturias, Juaco López; el exdirector general de Cultura, Carlos Madera; el etnógrafo Astur Paredes y la artista Marga Sancho.

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