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La OSPA y El León de Oro, un concierto en mayúsculas en Oviedo

Bajo la dirección de Marco Antonio García de Paz, culminan una velada excelente con estrenos de Muñiz y Martínez

Marco Antonio García de Paz y El León de Oro, ayer, al inicio del concierto. | MARIO CANTELI

Marco Antonio García de Paz y El León de Oro, ayer, al inicio del concierto. | MARIO CANTELI

Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

Oviedo

La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) ofreció anoche un concierto extraordinario, fuera de abono, para celebrar la cuadragésimo séptima Selmana de les Lletres Asturianes, en una velada con numerosos alicientes. En primer lugar, reunía a dos formaciones muy queridas en "la tierrina": la OSPA y El León de Oro, agrupación coral luanquina con más de veinte años de trayectoria. Además, suponía el debut de Marco Antonio García de Paz, fundador y director del coro gozoniego, al frente de la OSPA, un reto que superó con excelentes resultados. Por último, el programa se articulaba en torno a cuatro obras vinculadas al folclore regional o escritas por asturianos, con los estrenos absolutos de la "Missa novus orbis", de Jorge Muñiz, y la "Sinfonía número 1 Hathor, madre del universo", de Guillermo Martínez.

La velada comenzó con "Trébole", de Julio Domínguez, una suite coral en la que se alternan melodías y temas populares que permitieron a El León de Oro exhibir sus virtudes: equilibrio entre cuerdas, afinación impoluta y un color cálido y sugerente. Esas cualidades también ofrecieron excelentes resultados en "Asturies, suite astur", de Josu Elberdin, pieza de semejantes características en la que el coro demostró gran versatilidad para ceñirse a las indicaciones de García de Paz. La "Missa novus orbis" es una obra interesante, con un Kyrie que evoluciona desde pasajes sombríos hacia otros de notable lirismo y un Gloria más solemne, que la OSPA sacó adelante cuidando especialmente los planos sonoros y las dinámicas.

Cerró el concierto la "Sinfonía número 1 Hathor, madre del universo", de Guillermo Martínez. Al tratamiento melódico bien trazado se sumó el atractivo del coro en algunos momentos, con pasajes de cierto efectismo gracias a un uso inteligente de la plantilla orquestal, una OSPA bien ensamblada —con metales poderosos y percusión precisa— y un coro impecable.

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