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Siglo y cuarto de eclipses en el Naranco con vino y viandas

La sierra de Oviedo es uno de los lugares más frecuentados a lo largo del tiempo para contemplar fenómenos astronómicos como el del próximo 12 de agosto

Varios visitantes observan el atardecer desde el Sagadro Corazón, en el Naranco.

Varios visitantes observan el atardecer desde el Sagadro Corazón, en el Naranco. / MIKI LOPEZ

Oviedo

Oviedo ya vive su particular cuenta atrás para el gran eclipse solar del próximo 12 de agosto, pero esa atracción por un fenómeno que se puede contemplar muy poco a lo largo de la vida es ancestral. Las excursiones para contemplar el eclipse tenían el Naranco entre sus atalayas privilegiadas de toda la región, según recoge José Luis García López del Vallado, en uno de los libros de su trilogía de la sierra de Naranco, que acaba de ver recientemente la luz de la mano de KRK y cuya publicación se completará a lo largo de este año.

La presentación del primer tomo de la trilogía dio pie a la exarchivera municipal, Ana Herrero, para bucear en los contenidos del libro y reparar en uno de los aspectos a los que da más importancia el autor: el fenómeno del excursionismo al Naranco, una actividad en boga en los siglos XIX y XX en toda Europa. «Así nos habla de las excursiones escolares; de las excursiones populares con las jiras; las excursiones de baños en las aguas pluviales, abandonados, según nos explica, en los primeros años sesenta debido a la contaminación, o las excursiones de eclipse, que están narradas con cierta sorna en la prensa local», comentó Ana Herrero en la presentación del primer tomo de «La sierra de Naranco:Territorio y ciudad. Oviedo descubre el Naranco».

Vallado, autor del libro, destacó en la presentación la importancia como fuente de las páginas y crónicas de «El Carbayón», periódico que se publicó en Oviedo desde 1879 hasta el estallido de la Guerra Civil, en 1936. «El Carbayón tiene un valor incalculable», sostuvo Vallado. Sobre todo como soporte de la cantidad de «historias pequeñas» que han ayudado a configurar esta nueva obra que aborda el Naranco desde una perspectiva integral, como nunca antes. Y la experta archivera, Ana Herrero, aludió a algunos artículos de ese periódico sobre la expectación que despertaba los eclipse en el Oviedo a caballo entre finales del siglo XIX y de principios del XX. Así, un artículo de 1900 recogía que «por la hondoñada del Naranco subían numerosas caravanas de astrónomos y astrónomas, que a falta de aparatos ópticos llevaban grandes cestas surtidas con toda clase de vituallas» , mientras que en otro de 1905 relataba que «para ver el eclipse total de sol, los catedráticos de la Facultad de Ciencia se reúnen en la torre de la Universidad, en cambio las gentes comunes suben al Naranco con sus gafas especiales, sus cristales ahumados y sus botas de vino, que se van vaciando a toda prisa, y encima de un carro, dos pellejos llenos de potencia aumentante».

Ciento veinte años después, Oviedo vuelve a prepararse para un eclipse solar, que se presume más propicio que nunca para su seguimiento en Asturias. Esta misma semana la Universidad de Oviedo ensayaba desde lo más alto del campus del Cristo las condiciones que puede ofrecer la explanada de la Facultad de Enfermería y Fisioterapia para contemplar el esperado fenómeno, aprovechando que la jornada del pasado miércoles ofrecía un recorrido del sol casi gemelo del que presentará el 12 de agosto, la fecha señalada para el esperado eclipse solar. Seguro que ese día el Naranco volverá a poblarse de excursionistas y caminantes deseosos de vivir una experiencia de las que no se olvidan por mucho tiempo que pase. De momento, el Ayuntamiento ya anuncia en su página web que el Naranco será uno de los lugares donde mejor «se podrá contemplar el atardecer mientras el sol es progresivamente ocultado» y «vende» Oviedo como destino turístico astronómico para recibir miles de aficionados y visitantes.

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