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El "yo soy Eloy" retumba en pleno corazón de Oviedo: "Solo podemos estar agradecidos"

Bomberos de media España toman el entorno del Campoamor para recordar con carreras y exhibiciones al efectivo fallecido en Uría en 2016

Lucas Blanco

Lucas Blanco

Oviedo se convirtió este domingo en el epicentro de la memoria y el compañerismo durante la celebración del VI Memorial Eloy Palacio. Una década después del fatídico incendio de la calle Uría en abril de 2016, el eco de las sirenas y el sudor de los profesionales volvieron a reivindicar la figura del bombero fallecido en acto de servicio. Más de 500 personas, con una nutrida representación de cuerpos llegados de toda España, se volcaron en una jornada que no solo buscaba el éxito deportivo, sino recordar que la familia de Eloy no camina sola en su eterna petición de justicia.

La exigencia física marcó el inicio de la mañana con la carrera vertical en el emblemático edificio de La Jirafa. A partir de las diez menos cuarto, el silencio de la calle se rompía rítmicamente cada minuto con la salida de un participante. En total, 120 valientes se enfrentaron a los 345 escalones y 21 pisos de altura, un ascenso vertical que simboliza el esfuerzo diario de un colectivo que se juega la vida en cada intervención. El jadeo al llegar a la cima de la torre era el mismo que se siente al luchar contra el fuego en alturas.

Al mediodía, el corazón de Oviedo se desplazó al entorno del Teatro Campoamor para el acto central: la carrera popular. Cientos de corredores tiñeron las calles de color en los prolegómenos de una salida cargada de una emoción casi tangible. Marta Valle, viuda de Eloy, tomó el micrófono para agradecer a la ciudad su fidelidad incombustible. «Hace ya diez años y solo tengo palabras de agradecimiento; es muy emocionante este recordatorio todos los años», confesó con la voz firme ante una multitud respetuosa. Tras sus palabras, fueron varios los que entonaron el grito de «Yo soy Eloy» fundiendo el dolor individual en orgullo.

Marco normativo

A su lado, Juan Carlos Fernández «Cuni», superviviente de aquel infierno, recordaba que, aunque el compañerismo ha crecido, la administración sigue en deuda. «Seguimos sin un marco normativo que nos proteja, el ayuntamiento no solucionó nada entonces», lamentaba con gravedad. Cuni puso en valor la dureza de la competición «El último bombero» celebrada en la calle Pelayo, donde los efectivos, cargados con trajes de 22 kilos, demostraron su destreza golpeando un yunque con mazas, arrastrando muñecos y montando tendidos de manguera para derribar conos con agua. «Es una prueba muy exigente que refleja nuestra realidad operativa diaria», explicaba mientras veía a los jóvenes servicios dosificar fuerzas por un premio simbólico en forma de moscovitas, lejos de cualquier afán de lucro. «La verdad es que es una pasada ver lo en forma que están y lo bien que trabajan», comentó Emma López, una vecina de La Corredoria que se encontró el espectáculo de la que paseaba por el centro acompañada de su familia.

David Palacio, hijo del homenajeado, puso voz a la herida que aún supura: la sentencia judicial que calificó la actuación de su padre como imprudencia. «Fue totalmente injusto, él vino voluntariamente a ayudar aquel día», recordaba David, destacando que el apoyo nacional de los bomberos ha sido el único bálsamo real contra esa frialdad administrativa. La jornada dejó también espacio para la competición pura. Pablo Fabián Mallada, de Lugones, se alzó como ganador absoluto masculino con un tiempo de 17:11, mientras que Karina Bazan lideró la categoría femenina con 19:48. Especialmente emotivo fue ver a los hijos de Eloy, David y Luis, cruzar la meta. Luis, que ya prepara su camino para ser bombero siguiendo la estela de su progenitor, firmó una meritoria vigésimonovena posición.

Los concejales del equipo de gobierno municipal José Ramón Prado (Seguridad Ciudadana) y Conchita Méndez (Deportes) presenciaron unos actos donde, por encima del cronómetro, primó el honor de quien nunca debió ser cuestionado por la justicia. Oviedo volvió a decir ayer que todos siguen siendo Eloy Palacio, manteniendo viva una llama que ningún derrumbe ni ninguna sentencia injusta podrán apagar jamás mientras vivan.

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