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Marta Fernández Silverio, periodista y gestora cultural: "Las instituciones deben favorecer ecosistemas para la cultura"

"No hay un vínculo directo entre alumnos y Universidad, y eso dificulta promover actividades, en Oviedo", señala Lucía Corte

De izquierda a derecha, Lucía Corte, Marta Fernández Silverio y Javier Suárez Pandiello.

De izquierda a derecha, Lucía Corte, Marta Fernández Silverio y Javier Suárez Pandiello. / Irma Collín

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María José Iglesias

María José Iglesias

Oviedo

La juventud asturiana no ha desaparecido de la cultura; simplemente busca otros espacios. Esa fue una de las ideas centrales del coloquio «Juventud y cultura en Asturias. Participación, creación y futuro», organizado por Tribuna Ciudadana, con la periodista y gestora cultural Marta Fernández Silverio, y Lucía Corte, graduada en Filosofía, en un diálogo presentado por el economista y profesor universitario Javier Suárez Pandiello. «En Latinoamérica la calle sigue siendo un espacio en el que pasan cosas;en España la calle ha perdido fuerza; es un sitio de paso», lamentó Fernández Silverio, en una conversación que dibujó un mapa de iniciativas culturales impulsadas desde abajo, pero llenas de imaginación. Fernández Silverio, vinculada al área de Juventud de la candidatura de Oviedo Capital Europea de la Cultura 2031, defendió que el problema no es la falta de interés de los jóvenes, «sino la ausencia de espacios reales para crear y desarrollar proyectos culturales con continuidad».

Recordó una experiencia personal que le hizo reflexionar sobre esa desconexión: cuando decidió participar como voluntaria en la Cocina Económica y percibió la sorpresa de quienes la rodeaban al ver a una joven en ese entorno. En su opinión, «los jóvenes sí están, pero viven en una sociedad que ha sustituido progresivamente la cultura compartida. Tenemos la cultura muy cómoda en casa y cada vez más entretenimiento, como los macrofestivales», señaló.

Ejemplos en otros territorios

La periodista fue hilando ejemplos de colectivos que, desde distintos territorios, trata de reconstruir vínculos culturales y comunitarios. Citó «La Perdiz Roja», proyecto castellano que se hizo viral gracias a la camiseta «Make Castilla cool again», aunque, como subrayó, «su verdadero valor reside en el intento de revalorizar el territorio y tender puentes intergeneracionales». También mencionó el Festival «Observatorio», en Balboa, cerca de Ponferrada, donde el público encuentra una experiencia cultural menos ligada al consumo y más a la convivencia: «Hay fuentes para beber agua; no depende todo de comprar», resaltó.

En Asturias, Marta Fernández Silverio destacó experiencias como «Costumbrismo Cochambre», nacido en Mieres, o el Colectivo «Clausura», vinculado a la música electrónica y responsable de un festival celebrado en el monasterio de Villanueva de Oscos. Todos ellos comparten un objetivo: recuperar el espacio público para la cultura y demostrar que las experiencias culturales no tienen por qué concentrarse únicamente en las grandes ciudades ni depender exclusivamente de las instituciones. «La gente no es público de algo que no conoce», resumió Fernández Silverio, insistiendo en la necesidad de crear nuevos públicos y de facilitar espacios de experimentación donde los jóvenes puedan equivocarse, probar y crecer profesionalmente. A su juicio, «las instituciones deben dejar de entender la cultura únicamente como programación y empezar a favorecer ecosistemas donde los proyectos juveniles puedan consolidarse».

Desde su experiencia universitaria, Lucía Corte explicó el origen de «Amigas de lo Ajeno», colectivo surgido entre compañeras de Filosofía, en la Universidad de Oviedo. «Éramos cinco mujeres de veinte años en una facultad», recordó. Aquella iniciativa permitió recuperar unas jornadas culturales en el campus de El Milán», remarcó. Corte señaló como una de las carencias la ausencia de vínculo directo entre los alumnos y la universidad. Fernández Silverio recogió esa idea y la comparó con su experiencia en Madrid y, sobre todo, en Brasil, donde descubrió universidades más vividas políticamente y con una relación mucho más intensa con el espacio público. La conversación concluyó con una reivindicación compartida: la cultura necesita menos tutelas y más confianza en la capacidad de organización de los jóvenes. n

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