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La lluvia no impide la multitudinaria comida en la calle de las fiestas del Oviedo Antiguo: "Nada nos va a estropear el plan"

El periodista y escritor Xuan Cándano ofrece un pregón sobre un barrio nocturno, canalla, cultural e insustituible en una mañana en la que también se escenificó el "Manifiesto del Hambre" y se homenajeó a Ildefonso Martínez.

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Félix Vallina

Félix Vallina

Hicieron bien los miembros del colectivo Oviedo Redondo al instalar una gran carpa en la Corrada del Obispo para celebrar las fiestas del Antiguo. La lluvia respetó durante toda la mañana. Los organizadores pudieron celebrar sin mojarse el tradicional homenaje a la figura de Ildefonso Martínez en la calle Salsipuedes, un acto que se desarrolla anualmente para reivindicar la importancia de la sanidad pública y que incluye una ofrenda floral ante la placa dedicada a un hombre que murió de cólera atendiendo a los infectados en la epidemia que asoló la ciudad en 1855. También se celebró la recreación de la lectura del «Manifiesto del Hambre» y el pregonero de este año, el periodista y escritor Xuan Cándano, pudo leer, sin empaparse y en asturiano, su brillante descripción de un Antiguo nocturno, canalla, cultural e insustituible. Pero a la hora de la gran cita, cuando iba a comenzar la tradicional comida en la calle, comenzaron a caer chuzos de punta.

Y menos mal que hubo carpa porque la instalación terminó convirtiéndose en un refugio perfecto contra el aguacero. La lluvia apretó con fuerza justo cuando las mesas, con capacidad para albergar hasta 400 personas, empezaban a llenarse hasta arriba de tortillas, empanadas, ensaladas, bollos preñaos, tartas caseras y botellas compartidas. Pero nadie se fue a casa. Al contrario. Bajo la lona, la Corrada del Obispo mantuvo intacto el espíritu de la fiesta: mucha gente, mucho ambiente y esa sensación de barrio que no se improvisa.

En una de las mesas estaba el grupo de Nori Rodríguez y Noelia Sánchez, que llegó bien pertrechado para aguantar lo que hiciera falta. «Nosotras veníamos preparadas para comer, charlar y pasar el día. La lluvia no nos va a estropear el plan», bromeaban mientras repartían comida entre los suyos. A su alrededor, las bandejas iban y venían de mano en mano, en una comida en la que casi era imposible distinguir qué había traído cada uno porque todo acababa siendo de todos.

Un poco más allá se reunía otro grupo numeroso, formado por amigos de Raquel Rodríguez, vecina del barrio, que aportó al evento un aire internacional. En la misma mesa había personas de Irán, República Dominicana, Estados Unidos, Canadá y Filipinas, además de varios ovetenses. Entre ellos estaba Álvaro Sánchez, que ejercía encantado como uno de los anfitriones local. «Esto es lo mejor del Antiguo: que cabe todo el mundo. Da igual de dónde venga cada uno, porque al final todos acabamos compartiendo mantel, comida y conversación», afirmaba. La escena resumía bien el espíritu de unas fiestas que reivindican el casco viejo como un lugar vivo, mestizo y abierto.

La carpa, que por la mañana había parecido una buena previsión, acabó siendo imprescindible. Bajo ella se mezclaron vecinos de siempre, familias con niños, grupos de amigos y curiosos que se acercaron atraídos por la música, el bullicio y el olor a comida casera. Fuera caía agua con ganas. Dentro, en cambio, nadie parecía tener prisa. La comida en la calle volvió a demostrar que las fiestas del Antiguo no necesitan grandes artificios para funcionar: basta una mesa alargada, algo que compartir y muchas ganas de seguir haciendo barrio.

El pregón

El bullicio del gentío sólo se apagó con el pregón de Xuan Cándano, que consiguió imponer cierto silencio con un recorrido lleno de memoria, ironía y nombres propios por el Antiguo de la noche y de la cultura. Entre bares que ya forman parte de la historia sentimental del barrio, como El Paraguas, El Tigre Juan, La Regenta, la Santa Sebe o el Factory, y personajes recordados por varias generaciones –desde el poeta Ángel González o Pepa Ojanguren hasta la La Chelo– el periodista y escritor reivindicó un modo de vivir la ciudad pegado a la calle, a la conversación y a los afectos. El último día de las fiestas del Antiguo también contó con juegos infantiles y una verbena de tardeo a cargo dl «Grupo de Cano» y el DJ Green Eventos.

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