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Las dos orillas del Trubia

Alemania y Estados Unidos compiten por el espacio industrial en las riberas del Trubia

Visita de la Asociación ARES de Reservistas Españoles a las instalaciones de Rheinmetall en Trubia, en el marco de sus actividades de difusión de la cultura de defensa.

Visita de la Asociación ARES de Reservistas Españoles a las instalaciones de Rheinmetall en Trubia, en el marco de sus actividades de difusión de la cultura de defensa.

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Antonio Cuestas

Antonio Cuestas

Hubo un tiempo en que el río Trubia, fiel a una de las etimologías más extendidas de su nombre —del latín turbidus, turbida, turbidum, es decir, turbio o impetuoso—, no solo bajaba con fuerza, sino que proporcionaba la energía que hacía latir la fábrica. Sus aguas, canalizadas con ingenio, movían ruedas, accionaban mecanismos y sostenían el esfuerzo de una industria que transformaba el hierro en capacidad militar. No era únicamente un río: era fuerza, era impulso. Hoy, las aguas vuelven a bajar turbias.

Aquella fábrica, fundada en 1794, constituye uno de los enclaves industriales más antiguos de España en el ámbito militar, con la singularidad de haber mantenido su actividad en su emplazamiento original. Durante más de dos siglos, su evolución ha estado ligada a la acción directa del Estado y al desarrollo de capacidades propias. Este punto de partida resulta esencial para entender lo que hoy ocurre en sus dos orillas.

Dos orillas, una historia

En la actualidad, ese mismo espacio industrial acoge la actividad de grandes grupos internacionales a uno y otro lado del río. En la orilla izquierda, la estadounidense General Dynamics, propietaria de Santa Bárbara Sistemas, heredera directa de la antigua empresa pública. En la orilla derecha, la alemana Rheinmetall, que adquirió Expal (Explosivos Alaveses), incorporando así su actividad al grupo germano.

En ese escenario, junto a Alemania, también Francia ha mostrado su interés en el sector, como refleja la oposición del consorcio KNDS —participado por el Estado francés y fruto de la alianza entre la alemana Krauss-Maffei Wegmann y la francesa Nexter— a la operación sobre Expal, llegando a recurrirla ante los tribunales. A este panorama se suma la presentación de recursos por parte de Santa Bárbara Sistemas relativos a la forma de adjudicar los programas.

El episodio deja claro que, junto a los actores ya asentados, distintos países buscan posicionarse en un ámbito estratégico.

De 1809 a hoy: continuidad industrial

Y bienvenido sea ese interés si se traduce en inversión y desarrollo industrial. No siempre fue así. En el contexto de la invasión napoleónica, y como consecuencia de decisiones de unos malos gobernantes que permitieron la entrada de tropas francesas en la Península para invadir Portugal; el emperador francés aprovechó la circunstancia y ocupó España. La fábrica sufrió en 1809 sus efectos, cuando el mariscal Michel Ney la arrasó, en el marco de una contienda que, sostenida también junto a los portugueses, acabaría por empujar a los ejércitos imperiales más allá de los Pirineos.

En otro momento clave de nuestra historia, en septiembre de 1937, el bando sublevado tomó la fábrica. Aunque Trubia fue objeto de bombardeos, procuraron que las instalaciones no sufrieran daños de consideración, conscientes de su valor industrial y de la necesidad de preservar su capacidad productiva, que se multiplicaría en los meses siguientes, en plena contienda en el resto de España.

En ese recorrido histórico, no debe olvidarse que el actual taller de municiones —hoy en manos de Rheinmetall— se levantó a partir de 1957 con ayuda de los Estados Unidos, en el contexto de los acuerdos de cooperación de la época, dotándose de maquinaria y tecnología estadounidense. Aquella inversión supuso, en la práctica, la creación de una nueva capacidad industrial dentro de Trubia, que ha llegado hasta nuestros días.

No es un detalle menor: en un acto público celebrado recientemente en Grado, con motivo del 175 aniversario de la creación de la Escuela de Aprendices de la fábrica de Trubia —donde nació la hoy llamada FP Dual—, el director del centro de Rheinmetall en Trubia, Carlos León, señaló que este taller constituye en la actualidad el más importante de Europa, con diferencia.

Un presente en disputa

Conviene no olvidar que, junto a los grandes grupos en disputa, se ha ido configurando el denominado Hub de Defensa de Asturias, integrado por pequeñas y medianas empresas que participan en la cadena de valor del sector y que están comprometiendo inversión, capacidades y expectativas de futuro. La industria de defensa ha demostrado, además, ser históricamente una auténtica locomotora económica, capaz de arrastrar al conjunto de la industria.

La comentada creciente judicialización de los principales programas introduce un elemento de incertidumbre que pone en cuestión la forma de adjudicar los contratos y confirma que las tensiones han dejado de ser latentes.

Especialmente significativo resulta el ámbito de la artillería. Resulta difícil entender que, existiendo capacidades desarrolladas en el propio entorno de Trubia, se opte por soluciones tecnológicas externas. Esta decisión ha sido criticada por representantes sindicales, que alertan del riesgo para una industria ya consolidada.

Al mismo tiempo, desde el ámbito institucional se insiste en que habrá espacio para todos los actores del sector. Sin embargo, este mensaje de tranquilidad contrasta, al menos por ahora, con decisiones que parecen apuntar en una dirección distinta.

El nuevo presidente de Indra —de origen catalán y con carácter no ejecutivo, a diferencia de su predecesor— llega en un contexto político en el que el Gobierno depende del apoyo de los nacionalistas catalanes. A ello se suma un escenario empresarial especialmente complejo, en el que las tensiones en la gobernanza han pasado a primer plano y el relevo en la presidencia se produjo tras intensas presiones y se resolvió por un solo voto en el consejo de administración. Este episodio refleja la fragilidad de un equilibrio que no debería ponerse en riesgo: el de un accionariado diverso —con grandes y pequeños inversores— y el de una compañía en la que el Estado, además de ser accionista relevante, es su principal cliente a través del Ministerio de Defensa.

Se impone, por tanto, redefinir el papel de Indra en la industria de defensa y elegir con acierto sus alianzas en España y en Europa, sin dejar de lado al Hub de Defensa de Asturias, un tejido empresarial que ya forma parte esencial del sector y que está comprometiendo en él inversión, capacidad industrial y futuro.

Trubia, con sus dos orillas, vuelve así a ser algo más que un lugar. Ayer, el agua movía la industria. Hoy, son corrientes más complejas —industriales, políticas y estratégicas— las que determinarán su futuro. Y convendría que lo hicieran en la dirección adecuada, con mayor acierto del que en otros momentos mostraron nuestros gobernantes, para no poner en riesgo lo que tanto ha costado construir.

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