Carlos Fernández Llaneza, portavoz del PSOE y que presenta su libro en el Club LA NUEVA ESPAÑA: «Persigo que los lectores descubran algún recuerdo o personaje de su vida»
«Le di a leer el libro a cuatro amigos porque pienso que teniendo a Borges, quién me querría leer a mi", cuenta el concejal

Carlos Fernández Llaneza con su libro. / Luisma Murias / LNE
Carlos Fernández Llaneza (Oviedo, 1963) presenta este miércoles, a las 19.00 horas, su libro «Historias menudas o viceversa» en el Club LA NUEVA ESPAÑA. El portavoz socialista en el Ayuntamiento estará arropado por el presidente regional, Adrián Barbón; la cronista oficial de Oviedo, Carmen Ruiz-Tilve, y Ángeles Rivero, directora general de LA NUEVA ESPAÑA. Pese a que las elecciones locales se encuentran solo a un año vista y que en alguna ocasión ha deslizado que le gustaría repetir como candidato socialista, en este encuentro elude abordar la cuestión porque «como dijo Umbral, he venido a hablar de mi libro».
Una de sus pasiones es escribir.
La irrefrenable necesidad de escribir la siento desde que era niño. Era una especie de terapia porque, en vez de salir los viernes, me quedaba en casa escuchando música y escribiendo. Tengo carpetas y carpetas guardadas con archivos porque para mí este momento es como vivir dos veces. Te inventas una vida paralela y por muy imaginarias que sean las tramas, siempre hay algo detrás de mí en cada una de ellas.
Estas historias habían permanecido en la intimidad hasta ahora. ¿Por qué se anima a publicarlas ahora?
Hace unos meses pensé que todas estas historias podían tener un denominador común y, a partir de noviembre, comencé a escribir. Modifiqué alguna y escribí otras. Fue como una explosión.
¿Y cuál es su favorita?
La última. La historia la tenía rondando por la cabeza desde hace meses y un día estuve cuatro horas hasta que la terminé. Narra la historia de un carpintero ebanista al que se le muere un hijo. Su feliz vida da la vuelta como un calcetín y acaba siendo un desdichado que va sobreviviendo. Me parece un personaje muy entrañable, muy humano.
La portada incluye la obra de arte en la que un hombre está subido a una peña observando el horizonte. Es una imagen que recuerda a sus paseos por el Naranco. ¿Qué piensa Fernández Llaneza cuando divisa Oviedo desde lo lejos?
¡Qué no pienso! (Se toma unos segundos). Se podría resumir en cómo pasar por esta vida haciendo algo mejor. Cómo encontrar el mundo un poco mejor de lo que lo encontramos. Hubo alguien que dijo la frase ‘quien no sirve para servir, no sirve para vivir’. Otras veces doy al botón del off y contemplo. Es un sitio fantástico para ver el atardecer. Sobre todo en el otoño, cuando cambia el paisaje cada minuto. Lo bueno del monte Naranco es que es un lugar próximo que te permite llegar y volver a casa en muy poco tiempo.
¿En algún momento de esas reflexiones piensa en la política?
La política lo es todo, siempre estoy pensando en ella.
Habla mucho de que la política cambia la vida de las personas. ¿En tres años como concejal ha logrado el objetivo?
No tanto como quisiera. Intento aportar desde la posición en la que estoy, pero no tengo la responsabilidad que permite el diseño de ciudad que quisiera.
¿Y qué ciudad se imagina durante sus paseos?
Es un pueblo que reconoce a los que fueron sus artífices, protagonistas, los que le dieron vida. Un lugar sin vida no es nada.
¿Cómo se supera el pudor de dejar sus narraciones para la intimidad para que las lea todo el mundo?
Se las di a leer a cuatro amigos porque pienso que, teniendo a Borges, quién me querría leer a mí. La reacción fue muy buena porque se habían sentido identificados. Cuando escribí artículos para LA NUEVA ESPAÑA, una de las cosas que intentaba era poner al lector en mis zapatos. Con estos relatos intento que cada uno que lo lea, descubra algún recuerdo o personaje de su vida.
Son muchos los protagonistas que aparecen a lo largo de las páginas.
Todos son ficticios y espero que con ellos los lectores descubran un momento de su propia vida. También quiero rendir homenaje a una serie de personajes perdedores, orillados, anónimos. Son personas que no figurarían ni en una nota a pie de página de un periódico ni siquiera quedaría rastro de ellos en una lápida olvidada en un cementerio. Sin embargo, en la ficción, representan a muchas personas que nos acompañaron a lo largo de su vida.
¿Y cada capítulo es un relato?
Sí. El denominador común es un personaje que vuelve a su pueblo después de que falleciese su padre. Lo hace después de hacer carrera fuera de Asturias y triunfar profesionalmente. Su objetivo es reconocer a su padre después de que prácticamente se hubiese olvidado del pueblo.
En las tramas, este hombre va recordando a las personas que marcaron su vida.
Recupera del olvido a todos los personajes que le ayudaron a forjar lo que es. Aparece la maestra, el veterinario, el cura, un antiguo combatiente republicano, una chica que cae en las drogas, un noble venido a menos... Ninguno ha brillado en la historia y lo que intento es sacarles de ese polvo del olvido dándoles vida.
¿Y el relato sigue una narración temporal?
No hay una ubicación espacio temporal. Geográficamente se sitúan en los alrededores de Oviedo en los años ochenta o noventa porque habla de personajes que vivieron sobrevivieron a la gripe de 1918 siendo niños y luego estuvieron en la guerra civil. También aparecen emigrantes que se fueron entre la década de 1930 y 1940 y volvieron sin lograr el éxito. Se habla mucho de los indianos, pero la mayor parte de los que se fueron o no volvieron o lo hacían sin conseguir el sueño de volver con un sombrero Panamá y un haiga. La grandeza de crear te permite ponerlos donde te parecen.
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