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El llamamiento de Canteli contra el "Bullying" y el ciberacoso en Oviedo: "Nunca calléis si tenéis un problema"

Más de mil alumnos de varios colegios de la capital abarrotan el Calatrava para participar en una jornada protagonizada por expertos sobre los abusos en el ámbito escolar

Alumnos en el auditorio del Calatrava.

Alumnos en el auditorio del Calatrava. / Luisma Murias

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Lucas Blanco

Lucas Blanco

Más de mil estudiantes ocuparon este martes las butacas del Auditorio Calatrava en una mañana distinta, de esas que rompen la rutina escolar y obligan a mirar de frente una realidad incómoda. Entre mochilas, uniformes y conversaciones a media voz, el recinto ovetense acogió una jornada contra el acoso escolar y el ciberacoso impulsada por la concejalía de Educación, dirigida por Lourdes García, con un mensaje central tan sencillo como urgente: hablar antes de que el silencio haga daño.

El alcalde de Oviedo, Alfredo Canteli, quiso estar presente desde el inicio. Entró en el auditorio cuando todavía algunos alumnos buscaban asiento y otros apuraban los últimos comentarios con sus compañeros. Tomó la palabra con un tono cercano, casi paternal, consciente de que se dirigía a quienes dentro de unos años sostendrán la ciudad. «Tenía muy claro que tenía que estar con vosotros para un tema muy importante», comenzó. No fue un discurso largo, pero sí directo. Canteli apeló a la confianza y pidió a los jóvenes que no conviertan los problemas en una carga secreta. «No os calléis nunca cuando tengáis algún problema. Acudir a los padres, profesores, el mejor amigo o a los policías», insistió. Después remató la idea con otra advertencia que resonó en el patio de butacas: «No os lo traguéis vosotros solos; os puede hacer daño».

Alfredo Canteli y Lourdes García a su llegada al Calatrava.

Alfredo Canteli y Lourdes García a su llegada al Calatrava. / Luisma Murias

La jornada, celebrada entre las 10.00 y las 12.30 horas, reunió a alumnos de los colegios concertados Amor Misericordioso, Colegio Inglés, Loyola, Nazaret, Santa María del Naranco, Santa Teresa de Jesús, Santo Domingo y Auseva. Más de un millar de adolescentes escucharon ponencias que combinaron pedagogía, ejemplos reales y avisos jurídicos.

La primera en intervenir fue Iris Rodríguez, inspectora y delegada territorial de Participación Ciudadana de la Policía Nacional. Su exposición, titulada «¿Qué es ciberacoso?», sirvió para desmontar algunas falsas seguridades instaladas entre los menores. «Antes los alumnos encontraban refugio en su casa, pero ahora el acoso por redes es 24 horas al día, siete días a la semana», explicó.

Por la izquierda, Iris Rodríguez, Beatriz Fernández-Pello, Cristina Sánchez y Rubén Candás, ayer, en el Calatrava.

Por la izquierda, Iris Rodríguez, Beatriz Fernández-Pello, Cristina Sánchez y Rubén Candás, ayer, en el Calatrava. / Luisma Murias

Rodríguez recordó además que internet no concede invisibilidad. «Todo lo que hacemos deja rastro», dijo, desmontando la fantasía del anonimato con la que muchos agresores justifican su conducta. También avisó de que la edad no protege del todo frente a las consecuencias legales. «Los menores de 14 años también pagan por los delitos, aunque sea menos», advirtió.

El precio de un «like»

Tras ella tomó el relevo Beatriz Fernández-Pello, abogada experta en nuevas tecnologías, profesora de Derecho Civil en la Universidad de Oviedo y miembro del Colegio de Abogados. Bajo el sugerente título «Un like te puede costar caro», aportó cifras que helaron por momentos el ambiente: uno de cada diez adolescentes ha sufrido acoso y un 15,8% lo ha padecido varias veces en un mes.

Fernández-Pello relató casos de menores que utilizaron redes wifi ajenas convencidos de que así evitarían ser localizados. No fue así. «Al final, el trabajo policial permite localizar al culpable», resumió.

La mañana avanzó después con la intervención de Rubén Candás, maestro y experto en adicciones digitales, que ayudó a distinguir la frontera entre una broma desafortunada y una conducta de acoso. Cerró Cristina Sánchez, de la Policía Local, defendiendo la necesidad de una red de apoyo sólida.

Cuando terminó el acto, los alumnos abandonaron el auditorio con el mismo bullicio con el que habían llegado, aunque quizá con una certeza nueva: frente al acoso, callar nunca es una opción. En los pasillos, mientras profesores organizaban la salida, todavía se comentaban algunas frases escuchadas durante la mañana. No hubo dramatismo impostado ni moralejas huecas, sino una invitación clara a pedir ayuda y observar al compañero aislado. «A veces nos tomamos a broma cosas muy serias y nos reímos sin ser conscientes del mal que hacemos», coincidían varios alumnos al ser preguntados por sus profesores sobre el encuentro.

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