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La naturaleza muerta de Toño Velasco vuelve a la vida con ojos de niño en La Casa Rosa de Oviedo

La exposición "Odio los bodegones", que este sábado por la tarde contará con una sesión de pintura en vivo, presenta composiciones al óleo sobre las que el artista ha intervenido con rotuladores y tinta con espíritu infantil y gamberro.

Toño Velasco, con una de las obras de la exposición "Odio los bodegones".

Toño Velasco, con una de las obras de la exposición "Odio los bodegones". / Irma Collín

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Chus Neira

Chus Neira

Lejos de odiar los bodegones, como ha dado en titular su nueva exposición en un evidente homenaje a Jorge Martínez y su canción sobre los pasodobles, el pintor Toño Velasco siempre ha encontrado en las naturalezas muertas una disciplina que "compromete", un entrenamiento que divierte pero un objeto que, al final, aburre. Por eso, con parecida vocación de gamberrada infantil a la que posiblemente también conservaba bien alimentada en su fuero interno el cantante y guitarrista de "Ilegales", el artista ovetense cogió un día una de sus composiciones, una mesa bien puesta con botellas y vasos y la empezó a llenar de letras, muñecos, naves espaciales... Este "autoboicot", en el que la seriedad de la pintura al óleo y la mirada infantil del garabato, como el niño que el pinta unos bigotes a la Mona Lisa, dialogan en un contexto de lucha entre clásicos y modernos y humanidad autodestructiva, es lo que ha dado para la serie que expone estas semanas en La Casa Rosa, el nuevo espacio cultural en Prao Picón.

La primera vez que Toño Velasco empezó a pintarrajear sus bodegones, con homenajes encubiertos a algunos de sus referentes emocionales y artísticos, como el bueno de Cuttlas, fue justo antes de la pandemia, y descubrió que aquel ejercicio de sabotaje a su obra funcionaba para generar historias. "Yo soy un pintor que cuenta historias, un escritor frustrado, y entendí que el bodegón funcionaba como un espacio para explicarme de forma un poco traviesa", cuenta por las habitaciones de la Casa Rosa, junto a la promotra de las actividades culturales de este espacio, Claudia Armas, de Métrica 8.

Los gestores de este nuevo espacio cultural buscaban una exposición mensual que estuviera alienada con su temática anual del refugio. En el estudio de Toño Velasco descubrieron esta serie donde los óleos realizados hace un mes o dos años esperan el momento de ser indultados o intervenidos. En la mayoría de los cuadros que ahora se exponen en Oviedo hay, además, un entorno muy cotidiano, el de su propio taller. Ahí está Felipe, el busto que todos sus alumnos deben pintar nada más cruzar la puerta, su representante, que es una hucha de cerdito, el ratón en el que se convierte bajo su mirada la cinta métrica... Hay incluso cuadros que no son, en puridad, bodegones, como los dos lienzos que se muestran en el baño, en los que primero pintó un gato y después lo acribilló con las guerras que destrozan la esperanza de la especie en todo el planeta.

La superposición de los dos lenguajes y las dos capas, el pintor "serior" y el niño del garabato que juega con su propia obra, tiene, también, mucho que ver con el propio proyecto arquitectónico de La Casa Rosa. Aquí, explica Claudia Armas, se ha respetado al máximo el proyecto original de casa modernista de 1932 y sin alterar nada se ha realizado una intervención que se superpone y ofrece otra lectura posible al espacio. La exposición, igualmente, supera los límites de la caja blanca y permite al espectador pasearse por las estancias, tomar algo, sentarse delante de uno de los cuadros y rescatar su mirada infantil para descubrir qué se oculta entre los garabatos de Velasco.

De la forma en que da una segunda vida a estas naturalezas muertas, el artista ovetense hará una demostración este sábado 16 de mayo, de seis a ocho de la tarde, con una sesión de pintura en vivo utilizando la técnica Taylor shape de Art-graf. Más allás de esta exhibición, la Casa Rosa y la exposición de Toño Velasco se puede visitar todas las tardes-noches de jueves a domingo, a partir de las cinco de la tarde.

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