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Una "Verbena de la Paloma" como Dios manda conquista al Campoamor con una versión canónica de Nuria Castejón del clásico de Bretón

Con el maestro Víctor Pablo Pérez al frente de OFIL, la zarzuela convence, divierte y emociona en Oviedo

Una de las escenas finales de "La Verbena de la Paloma" en la versión de Nuria Castejón, ayer, en el Campoamor.

Una de las escenas finales de "La Verbena de la Paloma" en la versión de Nuria Castejón, ayer, en el Campoamor. / ADOLFO SUÁREZ

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Chus Neira

Chus Neira

Oviedo

El Campoamor se puso ayer de rodillas ante la monumental "Verbena de la Paloma" que aterrizó ayer en el Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo procedente del Teatro de la Zarzuela. La producción de Nuria Castejón, castiza a más no poder, la minuciosa escenografía de Nicolás Boni a la hora de viajar al barrio de La Latina de hace cien años, un reparto en estado de gracia chulapa, con especial mención a Antonio Comas en el papel de Don Hilarión o a Gurutze Beitia como la Señá Antonia, y una OFIL dirigida con gusto, refinamiento y lujo por el maestro Víctor Pablo Pérez hicieron de la velada una de esas difíciles de olvidar para los amantes asturianos del género chico.

Con todo el papel vendido desde hace semanas (también para la función del sábado a las siete de la tarde), la producción se abrió con el eficaz prólogo "Adiós, Apolo", entremés para dar juego a algunos de los intérpretes que luego se lucirían en sus papeles principales en la obra, caso de Rafa Castejón, aquí como director de escena, y para introducir el título a través de una metaficción llena de morcillas, improvisaciones y gags muy resultones. La compañía que está a punto de representar "La Verbena de la Paloma" pronto desapareció de escena para presentar el deslumbrante decorado, realista, solemne, eficaz, de la producción.

Como título clásico, lleno de éxitos que han transcendido el género y se han instalado en el imaginario musical colectivo del país, desde el principio y aquel "hoy los tiempos adelantan que es una barbaridad", el público se mostró reconfortado y feliz, en muchos casos incapaz, incluso, de dejar de canturrear por lo bajo las célebres frases del libreto de Ricardo de la Vega.

El público del teatro Campoamor, ayer, a la espera del inicio de «La Verbena de la Paloma». | LUISMA MURIAS

El público del teatro Campoamor, ayer, a la espera del inicio de «La Verbena de la Paloma». | LUISMA MURIAS

Comas se regodeó desde esos primeros compases en la figura de Don Hilarión, con gracia genuina y presencia escénica formidable, en sus distintos números en diálogo con los otros personajes, fuera aquí con Gerardo López como luego sería con Carmen Romeu en el papel de Susana o María Zapata, en el de Casta. Una morena y otra rubia, Comas volvió a recibir el favor del público con el célebre dúo cómico con aires de habanera-tango.

Más allá de estos personajes, el conjunto del elenco, con el coro Capilla Polifónica "Ciudad de Oviedo" y un hábil cuerpo de baile, lograron componer ese tono coral castizo tan característico de la obra, de un tiempo y un lugar muy determinado, que todavía hoy conserva su comicidad para el público zarzuelero. Los números corales, como las seguidillas de "Por ser la virgen de la Paloma" fueron rotundos en su puesta en escena.

Mención especial merece, para lograr el encanto de la noche de una verbena de agosto en el barrio de Madrid, el trabajo de Gabriela Salaberri con el vestuario, cuidado al detalle en su aproximación canónica, más allá de los consabidos mantones de la China.

La Habanera

El barítono César San Martín fue el encargado de llevar a escena al pobre cajista de imprenta martirizado por los celos, un Julián al que se le vio con ganas y que tuvo sus momentos más inspirados en el climax dramático del encuentro con Susana, cuando la sorprende del brazo del viejo verde y le reprocha su actitud. La habanera del "Dónde vas con mantón de Manila" sonó retadora y llena de matices, con un trabajo por parte de Oviedo Filarmonía y Víctor Pablo Pérez también muy aplaudido.

La réplica a Julián se la dio una Susana muy bien encarnada por Carmen Romeu, que también estrenó esta nueva producción hace dos años en el teatro de la Zarzuela, como Comas, presente también en aquel reparto de 2024.

El favor del público también se extendió a la cantaora Sara Salado, encargada del cuadro flamenco que funciona como puente hacia la verbena final, muy inspirada en su soleá "En Chiclana me crié".

La rápida resolución del mínimo conflicto final de la obra y el canto coral, de nuevo, de las seguidillas que dan título a la obra, pusieron el punto final a una noche jalonada por los aplausos del público, que despidió al reparto con ovaciones generosas. Se extendieorn de forma especial a los directores musicales, Víctor Pablo Pérez, y la escénica, Nuria Castejón, a la que se vio agradecida y emocionada por ese triunfo en su primera noche con "La Paloma" en el Campoamor.

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