La cafetería más ilustrada de Oviedo también vende libros y está junto a Gascona: "La gente entra y a los 30 segundos se les dibuja una sonrisa"
“Hemos conseguido que la gente venga porque quiere estar aquí, no de pasada para tomar un café” presumen Natalia López y Julio Gómez, los coruñeses que dejaron sus trabajos en una multinacional y un negocio hostelero para cumplir su sueño en Asturias

Natalia López y Julio Gómez, dueños de la cafetería-librería "Flor do Toxo" / Miki López
Jorge Novo
Oviedo tiene un nuevo referente cultural en pleno centro. Se trata de la cafetería-librería “Flor do Toxo”, un negocio que ha abierto sus puertas hace poco más de dos meses en la calle Jovellanos y que, sin grandes pretensiones, ya cuenta con un grupo de fieles que encuentran entre sus libros y dulces caseros un lugar donde desconectar de los problemas del día a día. El local es además un espacio donde se realizan talleres de lectura y escritura, presentaciones de libros e incluso algún acto cultural.
Tras la barra de “Flor do Toxo” se halla la historia de dos coruñeses que decidieron dejar atrás una vida estable y cómoda persiguiendo un futuro soñado, pero incierto. Natalia López y Julio Gómez estudiaron Empresariales en Galicia, su tierra natal. Terminada la carrera, cada uno optó por un camino distinto: ella por el marketing y él por la hostelería. Tras haber conseguido una vida que muchos calificarían de exitosa, incluyendo un trabajo en una multinacional, un negocio emprendedor asentado e incluso un hijo, un día decidieron dejarlo todo y empezar una nueva vida que les llenase.
Natalia López trabajaba para una firma con actividad internacional y acababa de terminar un máster en Big Data con sobresaliente, en una disciplina, la del análisis de datos, que le fascinaba. Sin embargo, confiesa que le faltaba algo. “Un día, por primera vez alguien me felicitó por una tarta y dije, ¡qué feliz me siento, que tontería!”, reconoce. Fue en ese momento cuando lo vio claro. “Siempre te venden esto de ‘académico, académico, académico’ y no te planteas otra cosa. Piensas, ‘¿es tonto sentirse realizado porque a alguien le guste algo que elaboro con mis propias manos y con cariño?’. Pero es que me brillan los ojos, me hace feliz y no lo oculto”, añade con ese brillo al que hace referencia.
Julio Gómez es un apasionado de la hostelería. Después de haber trabajado en empresas de renombre en el sector, se asoció con un amigo para abrir una vinoteca. Con este proyecto emprendedor se marcaron un objetivo muy claro: crear comunidad. “Julio hizo algo muy complicado en Coruña con la vinoteca. Estaba ubicada en el centro de la ciudad y claro, en las zonas más masificadas por gente local y por turistas, la gente está de paso y se pierde esa sensación de pertenencia al barrio. Pero él consiguió precisamente eso, crear una comunidad en pleno centro. Esa experiencia es justo la que quisimos traer a Oviedo”, relata Natalia López.
Y es que el local sito en el número 25 de la calle Jovellanos de Oviedo es un habitante extraño en una zona, la del Bulevar de la Sidra, dominada por un negocio de hostelería totalmente distinto, el de las sidrerías y restaurantes que en épocas vacacionales se convierten en trincheras de turistas. “Lo que más nos llama la atención es que, estando en la zona en la que estamos, la gente viene porque quiere estar aquí, no porque pasaban de camino y pararon a por un café. Teníamos miedo precisamente de eso, pero podemos decir que el 80 por ciento de las personas que entran son ya caras conocidas, porque vuelven”, destacan ambos.
Sin embargo, no siempre lo tuvieron tan claro. En un principio la idea del negocio no era más que eso, una idea sin concretar, pero cuando empezaron a buscar ubicaciones y a darle forma, llegó un momento en el que ya no había vuelta atrás: “Al entrar en este local fue un flechazo, de repente lo vimos claro. Ya no teníamos la excusa de que no encontrábamos nada que se ajustase. Fue entonces cuando nos miramos y dijimos ‘pues vamos a tener que hacerlo’”. Aunque vinieron a Oviedo por motivos laborales, se quedaron en la ciudad porque su gente y su tranquilidad les recordaba a su Coruña natal. “Solo nos falta el mar”, bromean.
Más allá de los libros, la oferta gastronómica sigue una línea editorial concreta: priorizar la claridad frente a la cantidad. En su carta encontramos cafés orgánicos, una selección de tés premium, repostería casera y salados, entre los que destaca su tortilla de patata. Los usuarios pueden traer su libro de casa, adquirir alguno de las estanterías del local o simplemente venir a tomar algo rodeados de novelas y cuentos. “Lo importante es ver como hay gente que entra seria y que a los 30 segundos dibuja una sonrisa en su cara. Yo siempre quise que la gente se sintiera en mi local como en casa, y creo que lo he conseguido”, concluye Natalia López.
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