"Ojalá se pudra en la cárcel", dice la familia del acusado del doble homicidio de Oviedo en el velatorio de su hermana
"Tuvo que pillarlos desprevenidos porque si no se hubiesen defendido, José medía casi 1,90 y era mucho más joven que él", dicen las primas del arrestado

A la izquierda, familiares de "Susi" y María López en el tanatorio. En los recuadros, María López y José Alberto González en una imagen de hace siete años. / Cedidas por la familia
"El día que me digan que murió voy a ser la mujer más feliz del mundo". Pamela Viñuela recalca cada palabra. Habla de su primo, Jesús López Alonso, "Susi", detenido como presunto autor del doble crimen de los pisos de la Sindical, en Vallobín, y lo hace en la sala 6 del tanatorio San Salvador, junto al féretro de María López Alonso, la hermana del arrestado. "Ojalá ‘Susi’ se pudra en la cárcel", añade. El dolor, en su caso, viene mezclado con miedo. Asegura que también ella sufrió amenazas de Jesús López Alonso y teme que, "si algún día sale de prisión", tome represalias contra quienes se están encargando ahora de despedir a María. "Es capaz de cualquier cosa", asegura.
Poco antes de las cinco de la tarde, en la sala sólo estaban Pamela, su hermana Sandra, Julia Alonso, tía del detenido, y Rosi López Alonso, hermana del detenido y de una de las víctimas. Cuatro mujeres rotas, entre abrazos, silencios y frases dichas a media voz, todavía incapaces de asumir que María haya muerto, presuntamente, a manos de su propio hermano. "Pobre María, mira cómo acabó", lamentaban. "Quién iba a decir que la asesinase su propio hermano".
La despedida religiosa se celebrará este jueves a la una de la tarde en el mismo tanatorio. La familia insiste en que María no se marche sola ni en silencio. "Queremos salir en la fotografía junto al féretro de María, que lo vea desde la cárcel", dice Pamela, convencida de que el arrestado debe saber que su hermana está arropada por los suyos. María, insisten, "no había okupado" la vivienda de Vázquez de Mella, como repetía "Susi" en sus delirios. "Al contrario", sostienen que se había ido a vivir con él, junto a su pareja, "para ayudarlo" en su día a día después de la muerte de la madre del detenido y de la fallecida.
Un hombre temerario
El miedo a Jesús López Alonso atraviesa toda la conversación. "Si sale acabará matando a más gente", afirma Sandra. También se acuerdan del hombre que dio la voz de alarma, el consumidor que acudió al piso a comprar droga y acabó alertando a la Policía tras ver los cuerpos. "El chaval que llamó a la poli ya puede tener cuidado, dijo que aquello era una masacre", advierten. No lo dicen como una frase hecha, sino como una convicción nacida de años de amenazas, sobresaltos y episodios violentos con "Susi" como protagonista.
Sobre el crimen, la familia cree que María y José Alberto González Corujo no tuvieron opción ante su asesino. "Los pilló desprevenidos, porque si no, se defienden", repiten. De José Alberto cuentan que era mucho más joven que María, "al menos veinte años menor". Sandra enseña una fotografía de 2019 en la que se le ve con aspecto juvenil y calcula que ahora tendría 49 años. Era alto, "mediría 1,90", y conocido en la zona de Tocote, donde había vivido con sus padres, concretamente en la calle Manuel de Falla, antes de iniciar su relación con María. También él tenía problemas de adicción, como María y como el propio detenido.
José Alberto, explican, apenas tenía familia directa. La única persona que ha aparecido para hacerse cargo de sus trámites es una sobrina residente en Irlanda, que ya contactó con el juzgado y prevé desplazarse a Asturias el próximo 5 de junio. Su cuerpo, a diferencia del de María, aún no ha sido entregado porque el forense considera necesario practicar más pruebas.
En la sala 6, el relato vuelve una y otra vez a "Susi". Dicen que siempre fue "un elemento", que le gustaban las pistolas y que "siempre iba armado de alguna forma u otra". Recuerdan sus amenazas, sus gritos, sus líos constantes y el deterioro que, según la familia, se agravó con las drogas y los problemas mentales que arrastraba desde hacía años. Hablaba de ETA, del Ejército y decía ser "comandante de una misión". El pasado domingo, un día antes del crimen, varias patrullas acudieron al edificio porque se había asomado a la ventana con dos bombonas en la mano, gritando que María y José eran "okupas" y que los iba a matar.
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