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Emily D’Angelo embruja al Auditorio

La mezzo rubrica, con la OFIL, un gran concierto marcado por el repertorio español

Emily D’Angelo, ayer, durante su recital con la OFIL. | LUISMA MURIAS

Emily D’Angelo, ayer, durante su recital con la OFIL. | LUISMA MURIAS

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Jonathan Mallada Álvarez

Jonathan Mallada Álvarez

Oviedo

Los "Conciertos del Auditorio" vivieron anoche una notable velada musical gracias al talento y el saber hacer de la mezzo Emily D’Angelo y Oviedo Filarmonía; un binomio exitoso reforzado por la dirección del titular de la sinfónica ovetense, Lucas Macías. D’Angelo, "Cantante del Año 2025" de Opus Klassik -uno de los galardones más prestigiosos de la música clásica- había dejado un recuerdo extraordinario de su paso por la capital del Principado en 2022 que, sin duda, el público -en vista del buen aspecto que presentaba la sala-, no había olvidado. A ello se sumaba un repertorio interesante con peso de compositores españoles como Juan Crisóstomo de Arriaga o Manuel de Falla. La cita, organizada por la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo en colaboración con LA NUEVA ESPAÑA, se inició con la "Sinfonía en re" del autor bilbaíno, donde la OFIL exhibió una cuerda tersa y profunda, muy apropiada para el dramatismo que subyace en varios movimientos de la obra. Antes de la pausa se ejecutó "Giovanna d’Arco", cantata para voz solista y orquesta de Gioachino Rossini que supuso la puesta de largo de Emily D’Angelo. La mezzo descubrió un timbre oscuro pero muy sugerente y atractivo, redondeando cada una de sus intervenciones de una musicalidad exquisita que el público supo apreciar y premiar con grandes aplausos. Especialmente brillantes resultaron la cadenza y la cabaletta "Corre la gioia di core in core", con unos graves imponentes y pasmosa facilidad para resolver las coloraturas.

Tras la pausa, la segunda mitad estuvo dedicada al "Amor brujo" de Manuel de Falla (en su versión de 1925), compositor del que se conmemora el 150 aniversario de su nacimiento. La orquesta supo imprimir el carácter que requería cada uno de sus números, destacando la trepidante "Danza del terror" o la célebre "Danza ritual del fuego". D’Angelo, haciendo gala de una pulida dicción, se mostró cómoda y segura plegada a la batuta de Lucas Macías, que trató de contener a la orquesta -dejando pasajes de cierto efectismo en, por ejemplo, la "canción del fuego fatuo"- dando rienda suelta a la OFIL en los momentos sinfónicos. Un esfuerzo que los asistentes agradecieron, tras hora y media de velada musical, con aplausos y gritos de "¡Bravo!".

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