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José Manuel González, un concejal de gran calidad moral

El homenaje al edil socialista recientemente fallecido

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Antonio Masip

Antonio Masip

Ha tiempo que no voy a entierros ni tanatorios. Los comprendo, ¡claro que sí!, pero me he deprimido tanto cuando me ha tocado la muerte cerca, aunque Casona la llamase Dama del Alba, que, una vez repuesto anímicamente, no quiero darme ocasión para sentir de nuevo la ola abisal de pensar en negativo. De sobra sé que somos «aves de paso» y toda la jerga que se menta con el mayor convencimiento consuetudinario. En cualquier caso, debo evitar el voluntarismo de no asumir la realidad. Es pura y simplemente la vida .

Ante la urna de las cenizas de José Manuel González en su barrio, la mente se me iba en el recordatorio del tiempo pasado a su lado en las consistoriales ovetenses. No fue muchos años concejal pero no dejó de rememorar varias vicisitudes. El record mundial indoor de José Luis González, con Colomán de liebre, que tanto costó fuera reconocido y que incluso el Ayuntamiento parece olvidar eliminando la pista de tartán. Las etapas ovetenses de la Vuelta ciclista, en línea y la crono escalada. Los éxitos del Botas Tradehi en baloncesto, del Oviedo Naranco en balonmano, los del Cibeles y Santo Domingo. La potenciación de la llamada virtuosa «Pista Finlandesa» de Ignacio Sánchez de Posada… ¡Estábamos despidiendo a José Manuel en su propio ambiente! ¡Cuántos amigos comunes! ¡La misma Iglesia de San Javier ha variado tanto, incluso la ubicación de la puerta principal! ¡No sé si en los entonces de mi última visita el acceso para sufridores de mi actual discapacidad era tan sencillo como ahora! Supongo que no. «Tenderina», cuando el fabuloso plumilla J. Cuervo se regodeaba humorísticamente en su personaje «Tenderino, Tenderino bajo». Y la rehabilitación de Teatinos, Ventanielles, el Palais y el entorno del Palacio. Tratándose de La Tenderina y siendo Alberto Reigada el celebrante, era fácil imaginar que brotarían rasgos sociales originales. En efecto, a Alberto, que pronunciaría excelente homilía, le ayudaba con litúrgica vestimenta un joven de manifiesto síndrome de Down y, a la entrada, una estantería invitaba a permutar libros. Dos pequeños detalles que me emocionaron y parecieron acordes con encomiable concepto consecuente del cristianismo. Desde luego, lamenté no haber llevado algún libro de los miles que me sobran. También recuerdo la biblioteca de Ventanielles que mis sucesores tuvieron el acierto de nominar «José María Laso Prieto». A mi lado, en la Iglesia, Wenceslao López. José Manuel le apoyó en las legendarias primarias de 1983 pero una vez que el candidato fui yo conté con su leal apoyo aclarándome. «Aquella tarde subía a Oviedo vestido de domingo Fernando Campa Banciella y le interpelé a dónde iba a lo que me contestó: voy a votar a Masip que es el único socialista que puede ganar a la derecha». Palabras tan contundentes y sinceras de tan veterano militante me hicieron dudar de la seguridad que tenía en que te ganaríamos».

Wences, José Manuel Blanco, ambos personas de gran calidad moral y personal. A José Manuel le recuerdo también en los pasillos del HUCA en que trabajaba cuando me contó de su diabetes que le haría perder luego parte de su cuerpo. Era honestísimo servidor público, abierto a escuchar el trato vecinal únicas exigencias que cabía pues para dominadores del derecho, de la filosofía, del urbanismo, de las contabilidades, ya había otros. ¡Descanse en paz!.

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