Pablo Sánchez, la primera cara que se encuentran los peregrinos al llegar al Albergue de Oviedo
El responsable lleva 35 años recibiendo caminantes y mantiene intacta una pasión que aún le empuja a seguir haciendo etapas cada semana

Pablo Sánchez. / Jorge Novo
Jorge Novo
Pablo Sánchez es el responsable del albergue de peregrinos de El Salvador y tesorero de la Asociación Astur-Leonesa de Amigos del Camino de Santiago, entidad encargada de gestionar el hospedaje. Pero antes que cargos, funciones o papeleo, Pablo es un hombre del Camino. Uno de esos que lo llevan incorporado a su rutina y a su manera de entender la vida.«Lo habré hecho ya tropecientas mil veces», dice entre risas, sin detenerse a buscar una cifra imposible. La exageración tiene algo de verdad: han sido tantos kilómetros y tantas etapas que hasta él ha dejado de contarlas hace tiempo. Y sigue sumando. Porque no hay semana en la que no encuentre un hueco para echarse a andar, sin prestar demasiada atención a eso de cumplir años.
Su último empeño, que compagina con la intensa actividad del albergue en plena temporada alta, es completar el Camino de Levante. Una aventura que avanza poco a poco, etapa a etapa, cada fin de semana. Como él, otros miembros de la asociación mantienen la tradición de recorrer algún tramo al menos una vez al mes. «Estamos haciéndolo desde Toledo unas sesenta o setenta personas. Nos alojamos en hoteles y hacemos etapas de unos veinte kilómetros. Vamos sellando la credencial para conseguir la Compostela como cualquier peregrino», explica.
Al llegar a Galicia también tiene sus pequeñas costumbres. Va directo a lugares conocidos donde disfruta de una de sus debilidades: el pulpo. «Es que allí lo hacen muy, muy bien», comenta.
Asturiano de nacimiento, su primera peregrinación fue desde Oviedo por el Camino Primitivo, el más antiguo de todos. Cuando se le pregunta por las etapas, desvía por un instante la mirada, como si proyectara los recuerdos en una pared invisible, y comienza a enumerarlas casi de memoria: «El Primitivo empieza en Oviedo, luego Grado, Salas, Tineo, Grandas de Salime y ya pasamos a Galicia...». Lo recita con la naturalidad de quien ha repetido tantas veces el trayecto que ya forma parte de sí mismo.
Lleva 35 años al frente del albergue ubicado en el Seminario Metropolitano de Oviedo y, si dependiera de él, seguiría otros tantos. «Los años pasan para todos, pero mientras esté como ahora continuaré aquí», asegura.
No le falta trabajo. Supervisa el mantenimiento del edificio, atiende llamadas, organiza excursiones, lleva la contabilidad y se enfrenta a montañas de papeleo que ocupan buena parte de su mesa. Sin embargo, entre ese ir y venir constante siempre encuentra un momento para sentarse a hablar con algún peregrino que descansa en el comedor.
El albergue ovetense dispone de 65 plazas repartidas en catorce habitaciones y cuenta con distintos servicios para los viajeros. Aunque la limpieza es diaria, Sánchez insiste en una idea sencilla: que los peregrinos cuiden el lugar «como si fuera su casa». Él lleva décadas aplicándose esa misma filosofía y continúa trabajando con la vista puesta en un objetivo que parece hecho a su medida: alcanzar los cuarenta años acompañando a quienes hacen parada en Oviedo antes de continuar su camino.
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