Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Siete nuevos sacerdotes para la Iglesia de Asturias: "Os aseguro que no lo tendréis fácil", les advierte el Arzobispo de Oviedo

La ceremonia, de una gran solemnidad, duró cerca de tres horas y se celebró en una Catedral a rebosar de familiares, amigos, religiosos y seminaristas y fieles

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Elena Fernández-Pello

Elena Fernández-Pello

Oviedo

Oviedo estaba entregada al tardeo dominical, cuando el repique de las campanas de la Catedral se extendió por el Antiguo y las calles próximas. Era el anuncio de una de las ceremonias más solemnes y cargadas de transcendencia de la Iglesia católica, la ordenación de nuevos sacerdotes y diáconos. En este caso se trataba de siete presbíteros, dos diáconos y dos diáconos permanentes, procedentes del Seminario Metropolitano de la Asunción, el Seminario misionero diocesano Redemptoris Mater San Melchor de Quirós y en el Seminario de la comunidad Lumen Dei.

“Seréis heraldos de la fraternidad que nos hermana contra viento y marea en este mundo contradictorio enfrentado a Dios y enemigo del hombre”, les anunciaría el Arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, llegado el momento de la homilía. “Vuestro ministerio irá contracorriente y apareceréis ante tantos como signo de contradicción amable y profética, capaz de anunciar la esperanza que nos salva y bendice, denunciando los desmanes malditos que nos desesperan. Os aseguro que no lo tendréis fácil”, les advirtió.

A las seis en punto de la tarde salió de la sacristía, en procesión por el interior de la basílica de San Salvador, la comitiva formada por los seminaristas y diáconos que iban a ser ordenados, más un centenar de sacerdotes de la diócesis y de fuera de ella, el deán de la Catedral, Benito Gallego, y el Arzobispo tras ellos. Avanzaron por la nave lateral y el pasillo central, hasta llegar a los pies del Altar Mayor, donde se dispersaron. Los canónigos se sentaron en el coro, los sacerdotes ocuparon las bancadas laterales y los aspirantes quedaron frente a frente al Altar Mayor y al Sagrario.

La Catedral estaba a rebosar de familiares, amigos, religiosas, seminaristas y fieles, como no muy a menudo se ve. La Schola Cantorum acompañó el prólogo ceremonial entonando misereres y glorias. Las estolas, dalmáticas y casullas rojas de los futuros diáconos y sacerdotes dispuestas, a la espera de que llegará el momento de revestirlos, en lo largo de la primera hilera de bancos. La ceremonia, que duró cerca de tres horas, fue retransmitida en directo por el canal oficial del Arzobispado de Oviedo.

La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, fue la correspondiente a Pentecostés, la festividad del día, que relata el descenso del Espíritu Santo sobre los discípulos, instándoles a evangelizar a todos los pueblos, que corresponde. A esa le siguió la de la primera carta de San Pablo a los apóstoles, en la que les instruye sobre la diversidad de ministerios. Llegó después la lectura del Evangelio de San Juan, sobre la institución del sacramento del orden sacerdotal, y, a continuación, se inició propiamente el ceremonial de ordenación, que empezó por la presentación de los cuatro diáconos y siguió por la de los presbíteros, repitiendo la fórmula ritual en la que la comunidad, representada por un sacerdote, ofrece las nuevas vocaciones y es interpelada por el Arzobispo: ¿Sabéis si son dignos? Y a continuación, la respuesta afirmativa convenida.

Acabada la presentación y llegado el momento de la homilía, el Arzobispo tomó la palabra. En la primera parte de su sermón, el Arzobispo se ocupó largamente de la figura de la Virgen María, como “coprotagonista de la Pascua”. En su despedida habló de la etapa vital que emprenden los nuevos presbíteros y diáconos, a los que espera, dijo, “toda una vida hecha ministerio, sin horarios ni intereses mundanos, que se pone al servicio de los hermanos con la entrega de la caridad más hermosa y que alaba al Señor con el cántico de la gratitud más bella y sonora”.

Los diáconos fueron los primeros en ser ordenados, con la imposición de manos del Arzobispo y tras haber respondido a las respuestas rituales. Hubo un momento distendido, entre tanta solemnidad. El Arzobispo avisó a los dos diáconos permanentes, casados y con hijos, de que no debían responder las preguntas finales, dirigidas a los dos diáconos que se proponen llegar a ser sacerdotes en un tiempo y sobre su disposición al celibato, “por el bien de ellos y sus mujeres».

Tras los diáconos pasaron los siete nuevos presbíteros, que, entre otras formalidades, tuvieron que jurar, uno a uno, respeto y obediencia al Arzobispo y a sus sucesores. Al terminar, todos se postraron, con todo el cuerpo a tierra, ante el Altar Mayor de la Catedral.

Después el Arzobispo impuso las manos a cada uno de los diáconos, que, de vuelta a su lugar, fueron ayudados a vestirse la estola y la dalmática que corresponde a su dignidad eclesiástica.

Luego fue el turno de los presbíteros. De nuevo la imposición de manos, del Arzobispo y de todos los sacerdotes asistentes, con un ceremonial más extenso y, al acabar, la colocación de la estola y la casulla que corresponde a su nueva condición. El Arzobispo les ungió las manos con el óleo sagrado «para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio».

Así acabó el solemne ritual de la ordenación y con el rezo del Credo continuó la liturgia de la misa dominical de Pentecostés.

Los nuevos sacerdotes son Geoffrey Jesús Brazo Zarpán (de Callao, Perú, tiene 38 años, del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater), Rafael García Fernández (ovetense, de 47 años, realizó el Diaconado en la unidad pastoral de Ribadesella), Luis Guillermo Holguín Millán (de La Isla de San Andrés, en Colombia, con 34 años y del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater), Jesús Miguel Mata Sotelo (de Lima, Perú, 28 años y miembro de Lumen Dei), Modesto Eliezer Mateo Aristy (de Santo Domingo, en la República Dominicana, 28 años y del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater), Edgar Michel Perales Barboza (de 28 años, estudió Filosofía en el Seminario de Chiclayo, pertenece al Seminario Metropolitano de Oviedo, diácono en la unidad pastoral de San Antonio-San Melchor, en Oviedo) y Jhon Ángel Terán Quintero (de Caracas, Venezuela, 29 años, del Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater).

Los diáconos son Pelayo Díaz Avello (Oviedo, 26 años) y Yesid Montoya Aguirre (Medellín, Colombia, 28 años) y los diáconos permanente, Gabino Cienfuegos Prada (de Colloto, vive en Tiñana, está casado y es padre de dos hijos) y Adrián Menéndez Conde (de Langreo, casado y padre de un niño).

En 2025 se ordenaron en la Diócesis de Oviedo cuatro sacerdotes y seis diáconos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents