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El calor extremo pone al límite a los centros educativos de Oviedo donde cerrar las aulas no sirve como solución

Toldos improvisados, sprays de agua y turnos a la sombra alivian a los alumnos de Latores y las escuelinas como la de Las Campas, centros en los que desalojar por las altas temperaturas no es sencillo como lo fue en Trubia

Un toldo imporvisado en la escuelina de Las Campas

Un toldo imporvisado en la escuelina de Las Campas / LNE

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Félix Vallina

Félix Vallina

Sprays de agua para rociar a los alumnos, educadores pendientes de que beban de forma constante, turnos para salir a la zona de la granja, más fresca que las aulas, y termómetros que el pasado lunes llegaron a marcar 39 grados en alguna estancia. Esa es la situación que se vive estos días en el Colegio Educación Especial de Latores. Y es también el reverso del precedente que marcó este miércoles el instituto de Trubia, el primer centro educativo asturiano que suspendió las clases presenciales por un episodio de calor extremo: una medida excepcional que el Principado ya contempla, pero que en Latores las familias ven difícil de aplicar porque «romper la rutina de estos alumnos puede ser incluso peor que soportar el calor».

La decisión de Trubia llegó apenas un día después de que la consejería de Educación difundiera una guía para situaciones meteorológicas adversas que contempla cierres excepcionales ante episodios de temperaturas muy elevadas. Pero el precedente no encaja igual en todos los centros. En Latores, explican las familias, suspender la presencialidad no siempre es una solución sencilla. El alumnado requiere una atención constante y cualquier cambio brusco de rutina puede tener consecuencias.

En el IES Río Trubia, la suspensión afectó solo a la asistencia del alumnado. El centro permaneció abierto, el profesorado acudió al instituto y los estudiantes recibieron tareas para realizar en casa. Este jueves, al aflojar ligeramente el calor, los alumnos volvieron a clase, aunque con precauciones. «Se retomó la actividad presencial, evitando actividades expuestas al sol y con especial atención a la hidratación del alumnado», explica el director, José Antonio Sieres. En Latores, sin embargo, las familias insisten en que el problema de fondo no se resuelve con medidas puntuales. Denuncian que los toldos que protegen las aulas del sol llevan más de dos años deteriorados, que hay ventilación insuficiente y que las aulas se recalientan hasta niveles «insoportables». La presidenta de la AMPA, Annmarie Pérez Fernández, reclama una actuación urgente: «Que tomen las medidas que haya que tomar, nosotros no somos técnicos, pero lo que sí sabemos es que los niños corren peligro. Que haga calor no es culpa de ellos, pero no invertir sí», dice. Las familias aseguran que llevan más de diez años sin una intervención relevante en el centro y más de dos pidiendo que se arreglen los toldos.

Las escuelinas

El calor también aprieta en la escuela infantil Los Carbayoninos, en Las Campas, donde los padres denuncian temperaturas de hasta 30 grados dentro del aula. Allí los alumnos tienen entre cero y tres años. El aula principal es, además, el único espacio para jugar, comer y dormir. Tres de sus cuatro paredes son de cristal y están orientadas al sur, lo que multiplica el efecto invernadero. La aerotermia, explican las familias, funciona en invierno, pero ahora «no da abasto». En el exterior, el patio carece de sombra. Ni toldos, ni pérgolas, ni sombrillas. Solo una lona improvisada, atada a la valla, para intentar proteger a los pequeños del sol.

Los padres ya habían alertado en marzo a la consejería y esta semana remitieron un nuevo escrito urgente. «No puede ser que a niños de cero a tres años los tengan así», lamenta Alejandro Paños, padre de un alumno de dos años. Advierte de que se trata de un «grupo de riesgo total» y pide una solución inmediata, aunque sea provisional, para rebajar la temperatura del aula y dar sombra al patio. «Aquí podría haber un plan de contingencia perfectamente», sostiene.

Mientras los centros improvisan con agua, sombra de fortuna, horarios adaptados y vigilancia constante, Oviedo ha vuelto a licitar el proyecto para crear refugios climáticos en 35 colegios públicos, después de que el primer procedimiento quedara desierto. El contrato, de 119.999 euros, prevé plantar arbolado de hoja caduca y arbustos, instalar setos, macizos, mesas de picnic, mobiliario para alumnado de Infantil y Primaria y, cuando sea necesario, césped artificial. El concejal de Medio Ambiente, Nacho Cuesta, defiende que generar refugios climáticos en los colegios es una «medida esencial» del Plan de Acción por el Clima. Pero esas obras aún no han llegado. Y el calor sí. Se ha colado en aulas, patios y comedores. Porque el calor ya no es una anécdota de junio. En algunas aulas ovetenses se ha convertido en una asignatura obligatoria.

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