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Oviedo pierde uno de sus referentes de la elegancia: cierra Moda Habana después de 29 años

“La gente está muy sola y este tipo de tienda familiar, en el que la gente te conoce por el nombre y apellidos, crea una unión que es indestructible” apunta Ana Arias, dueña de la mítica tienda de moda ubicada en los bajos del Reconquista

Ana Arias en su tienda, Moda Habana

Ana Arias en su tienda, Moda Habana / Jorge Novo

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Jorge Novo

Oviedo

Oviedo será, a partir del domingo, una ciudad menos elegante. Tras veintinueve años de compromiso con el buen gusto, este sábado 30 de mayo Ana Arias apagará las luces de Moda Habana por última vez. Su jubilación deja un vacío en los bajos del hotel de la Reconquista, la que se convirtió en su “casa”. Vistió a celebridades, galardonados en los Premios Princesa y hasta recibió varias veces la visita del Rey Felipe VI, pero a quien más echará de menos será a sus clientas, esas que venían a pedirle consejo, pero que también veían en ella una confidente. Confiesa que dejar la rutina de la tienda será un paso difícil: “Somos animales de costumbres, somos de repetir todos los días lo mismo. Yo me pregunto para qué queremos vivir tanto”.

La decisión la tomó voluntariamente, pero tuvo que buscar la excusa perfecta para dar el paso definitivo: “Quería haber seguido un poco más, pero están haciendo unas obras en el hotel e iba a tener que sacar toda la ropa, así que dije ‘mira, la saco para siempre y no vuelvo’”, cuenta. Aunque lo va a echar de menos, se marcha con la tranquilidad y la satisfacción que te da el trabajo bien hecho. “Nunca miré el reloj para salir, porque no me importaba. Si llegaba una clienta a la hora de cerrar le decía que no se preocupase. Yo avisaba a mi marido de que iba a tardar y la atendía encantada”, señala.

Por Moda Habana han pasado grandes personalidades. Para los Premios Princesa el escaparate de la tienda, al igual que la ciudad, sacaba sus mejores galas. “De la ceremonia de este año pasó por la tienda Graciela Iturbide. Compró dos modelos y los llevó a la entrega de los premios”, comenta. Pero la visita que más le sorprendió fue la del rey, Felipe VI. “El año de la pandemia, cuando la gala ya había terminado y las luces del patio del Reconquista estaban ya apagadas, yo estaba sola en la tienda haciendo mis cosas. De repente veo que entra alguien a la tienda. ¡Era el rey! Viene todos los años, pero aquella vez estuvimos hablando de todo un buen rato”. Sin embargo, admite que tiene una espina clavada: “La reina Letizia nunca entró a la tienda. Ella me conoce perfectamente, pero por lo que sea nunca tuvimos demasiado feeling”.

Con ella cada vez quedan menos reductos de un modelo de negocio que se ha perdido, el que se define por los detalles, por una sonrisa cercana, por un asesoramiento adaptado a la persona que entraba por la puerta y, sobre todo, por una oferta con personalidad, que seguía la moda, pero por encima de todo el buen gusto. “La moda sin buen gusto no es moda, es querer llamar la atención”, dice convencida.

La llegada de nuevas cadenas de “moda rápida” ha cambiado el panorama, según Arias a peor. “Ha sido un desastre. Las nuevas cadenas han hecho mucho daño, han quitado muchos negocios locales de un plumazo. Yo he visto cerrar casas de moda muy buenas, y han cerrado porque estos nuevos gigantes les han asfixiado. Había casas de tejidos excelentes, de patronaje, y todas han cerrado”. Respecto al futuro, es optimista, porque confía en que los jóvenes se rebelen y vuelvan a valorar lo de antes: “Los jóvenes tienen mucho que hacer. A mí me encantan los que no siguen la línea, los que van en contra de las normas, apostando por lo que les favorece, no por lo que se lleva”.  

Sin embargo, dibuja un presente no tan favorable. Y es que las cadenas y grandes multinacionales de la moda han llegado para quedarse. “No hay derecho a que ganen, pero ya han ganado”, expresa con cierta tristeza. “La gente está muy sola y este tipo de tienda familiar, en el que la gente te conoce por el nombre y apellidos, crea una unión que es indestructible. Lo de hoy es un mundo tan impersonal, pero los jóvenes lo vais a cambiar, peleando uno a uno y mostrando personalidad”, cuenta confiada.

La mayoría de sus clientas entraban a la tienda porque no sabían lo que les sentaba bien, y buscaban la respuesta detrás del mostrador. Ella siempre les decía “preparaos para el piropo” y cumplía con su palabra, porque siempre acertaba. El acierto no era fruto de la casualidad, puede que en gran parte viniese de la experiencia, pero esencialmente procedía de su “ojo clínico”, ese que dice que tenía su tío Jaime, médico de profesión, pero que sin duda ella heredó.

Tras la jubilación, está decidida a retomar algunas de sus aficiones: la pintura, las amistades y la prensa. Y es que Ana Arias fue colaboradora de LA NUEVA ESPAÑA escribiendo artículos de moda. Uno de los imprescindibles de su rutina diaria es leer el periódico mientras desayuna. Tanta es su afición, que no duda en defender el periódico que le envían diariamente a casa frente a ladrones furtivos. “Yo por el periódico mato. Para que veas hasta qué punto, yo soy una persona muy miedosa, pero un día vi por la mirilla de la puerta que un hombre se estaba llevando mi periódico del felpudo. No dude un segundo en salir y decirle ‘¿adónde vas con mi periódico?’ Mi marido me dijo que cómo me atreví a hacerlo y yo le dije ‘es que se estaba llevando una parte de mí’”, cuenta.

Ana Arias se retira con esa “elegancia silenciosa” de la que hace bandera. Quizá porque, como afirma, “la elegancia es seguridad”, y una decisión así se debe tomar de forma elegante y con seguridad. Si efectivamente la elegancia es seguridad, en unos días Oviedo será una ciudad más insegura, porque pierde una de sus referentes más elegantes.

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