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Cristina Juesas: «Debemos aprovechar cada segundo de la vida; nunca sabemos cual será la última conversación»

En «De Boise a Madrid», la autora narra una relación a distancia que terminó en un duelo que aun continúa

Cristina Juesas y Gonzalo Gar´cía-Conde, en el Club LA NUEVA ESPAÑA.

Cristina Juesas y Gonzalo Gar´cía-Conde, en el Club LA NUEVA ESPAÑA. / Luisma Murias

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María José Iglesias

María José Iglesias

«Debemos aprovechar cada segundo, nunca sabes cual va a ser la última conversación o el último mensaje». Cristina Juesas lo dijo con contundencia ayer en el Club, con motivo del estreno de su novela «De Boise a Madrid y vuelta, una historia de amor», un relato autobiográfico sobre el duelo, la memoria y las relaciones nacidas a miles de kilómetros de distancia. La escritora y profesora, especializada en comunicación, compartió escenario con Gonzalo García-Conde, gestor cultural y amigo.

Gonzalo García-Conde subrayó la trayectoria profesional de Juesas en el ámbito tecnológico y de la comunicación. Recordó cómo, años atrás, Cristina le habló por primera vez de Jeff, el hombre estadounidense del que se enamoró por internet cuando todavía las relaciones virtuales despertaban extrañeza y escepticismo. «Nos sorprendió, pero ella lo contaba con tanta convicción…», comentó Gonzalo, destacando que el libro es «totalmente autobiográfico».

«Abrí la caja de Pandora y rescaté todos los mensajes que nos habíamos mandando», confesó la autora al recordar el momento en que decidió recuperar los antiguos chats y documentos que había conservado durante años. Al releer aquella historia, el duelo volvió a abrirse con fuerza. Jeff había muerto en 2013, aunque ella no lo supo hasta 2014. Ese intento de cerrar heridas la llevó incluso a viajar a Estados Unidos y visitar el cementerio donde estaba enterrado Jeff. El dolor seguía intacto. «Al cabo de año y medio el dolor se quedó dormido», relató, hasta que un curso de guión hizo reaparecer todos los recuerdos y la devolvió «a la casilla de partida». Jeff, nieto de un pastor vasco emigrado a Estados Unidos, había quedado tetrapléjico a los 21 años tras un accidente de rodeo. «Le costó bastante tiempo decírmelo», recordó. Pero para ella aquello nunca definió el vínculo. Juesas reconoció que llegó un momento en que presionó hasta que Jeff «levantó un muro tan alto» que se instalaron en una especie de limbo afectivo. «Nos llamamos amigos, pero eso no era una amistad, era otra cosa», explicó. Gonzalo recordó entonces cómo tiempo después Cristina apareció en su restaurante con otro hombre y anunció que iba a casarse. «Pensé que la historia de Jeff se había acabado», admitió. «Con el paso del tiempo he descubierto que éramos tan pareja como cualquier otra. La diferencia es que él estaba allí y yo aquí», concluyó. n

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