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Las familias del IES de Trubia reclaman soluciones al calor tras la inédita suspensión de clases: “Hacen falta medios, con abrir las ventanas no basta""

"Hay días que el centro es un horno", señalan varios alumnos que aseguran haber vivido ya días antes de la suspensión alguna jornada "infernal"

Un instituto de Oviedo, el primer centro educativo de Asturias en cancelar las clases presenciales por la ola de calor extremo: "Estamos en una zona con mucha humedad y el edificio es antiguo"

Amor Domínguez / Atlas News

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Lucas Blanco

Lucas Blanco

La suspensión de las clases el pasado miércoles en el IES de Trubia, el primer centro educativo de Asturias que paralizó la actividad lectiva por el calor, sigue generando debate entre las familias y los alumnos. Aunque el jueves se retomó la normalidad, el ambiente en las aulas continuó siendo sofocante y, aunque el viernes el termómetro ya dio tregua, muchos consideran que el problema va más allá de un episodio puntual. “Mucho calor se retiene dentro de las clases y como no tenemos aire acondicionado abrir las ventanas no vale para nada. Es un calor muy pesado”, explica Gerson Avelar, alumno de primero de Bachillerato de Ciencias. El estudiante asegura que “el miércoles fue un día infernal” por lo que entiende la suspensión y apunta que la situación depende también de la orientación de las aulas. “Según cómo les pegue en la zona del tejado, unas concentran más calor que otras”, añade.

La antigüedad del edificio aparecía en casi todas las conversaciones a la salida del centro este viernes. “Es muy antiguo. Se concentra mucho el calor aquí y la humedad, le pega el sol mucho tiempo y es como un horno”, lamenta Patricia Muriel, madre de una alumna de segundo de la ESO. La mujer reconoce además la sorpresa que supuso el cierre. “No sé por qué cerraron ese día en concreto porque el viernes anterior hubo el mismo calor y no suspendieron las clases. El mensaje llegó a los padres y hubo que improvisar deprisa y corriendo”, señala.

También Leo Suárez, madre de una alumna de 13 años, insiste en las dificultades de conciliación que provocó la medida. “Nos pilló por sorpresa porque vimos el mensaje por la noche. En mi caso no me trastocó mucho porque tiro de los abuelos y lo tengo fácil, pero no todo el mundo puede hacerlo”, comenta. Aun así, considera que la solución no pasa por repetir cierres. “Lo normal no es que den clase ahogados, pero fue un día y los demás, ¿por qué no? Ayer volvieron a clase y también se quejaron. La solución sería poner medios y que no se queden en casa porque todos los días no se pueden dejar”, afirma.

Entre quienes acudían este viernes a recoger a los alumnos también estaba Emilio Fernández, abuelo de una estudiante. “Entiendo que el miércoles se suspendiera porque ya el viernes anterior marcaba 37 grados el coche cuando vine a buscarla”, apunta el vecino, que considera necesario mejorar las instalaciones del instituto con sistemas de climatización más modernos para evitar que la situación vuelva a repetirse.

Entre el alumnado apuntan también las peculiaridades térmicas del edificio. “Es un centro muy peculiar, porque aunque esté rodeado de árboles a veces hace más frío dentro que fuera, y con el calor pasa lo mismo”, explica Jorge Larive, alumno de 2º de Bachillerato.

Las familias coinciden en que la suspensión de las clases puede entenderse como una medida excepcional ante una situación límite, pero reclaman actuaciones a largo plazo para adaptar el centro a episodios de altas temperaturas cada vez más frecuentes.

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