Cuando la diversión hace jaque mate: el IV torneo "Pequeños Gigantes" congrega en Oviedo a más de 400 pequeños maestros del ajedrez
La explanada del Palacio de los Deportes alojó 32 tableros, cifra que dobla la de años precedentes en la plaza de la Catedral, con el fin colectivo de "pasarlo bien" más allá del afán competitivo de la victoria

Oriol López / Fernando Rodríguez
En el duelo ajedrecístico entre un grupo de alumnos del Colegio Loyola y del CP San Pedro de los Arcos, los primeros realizaron, sin querer, un movimiento ilegal. Michael Clancy, del grupo infractor, corregía la posición de las piezas en un gesto de "fair play", bajo las indicaciones de su monitor, Iván Andrés, que instantes antes les explicaba a los pequeños los motivos de la incorrección del movimiento. "Avisamos de ella, la asumimos y somos justos; aquí, lo más importante, por encima de todo, es pasarlo bien", reflexionaba el educador ajedrecístico, en una frase que resumía el espíritu que se vivió este sábado durante toda la jornada en la IV edición del torneo de ajedrez "Pequeños Gigantes".
El evento congregó a más de 400 niños y niñas de primaria de toda Asturias en una cita que este año pasó de la plaza de la Catedral a la explanada del Palacio de los Deportes de Oviedo y de los 16 tableros habituales a 32, lo que permitió disputar otras tantas partidas simultáneas con el objetivo de alcanzar el choque definitivo en el tablero gigante, con piezas de metro y medio de altura.
No obstante, la gloria no terminó en Oviedo y su megatablero, construido íntegramente con materiales reciclados y compuesto por más de 800 neumáticos reutilizados, ya que los ocho mejores equipos clasificados en esta jornada viajarán a León el próximo 21 de noviembre para disputar la gran final internacional, liderados por el campeón de esta edición, el colegio Veneranda Manzano, que se impuso en la final al San José de Calasanz A.
El premio para el ganador absoluto será una experiencia inolvidable: un viaje a Noruega para participar en un evento junto al Gran Maestro Magnus Carlsen. Este es un honor que Oviedo ya conoce, pues, como recordó la organización, las niñas del colegio de las Dominicas ya lograron alzarse con el triunfo hace dos años.
En este sentido, Nicolás González, director del proyecto, subrayó la identidad de un evento que busca "acercar el ajedrez a todo el mundo" y destacó, ante todo, que "no hace falta ser un maestro para participar". Para González, que trabaja codo con codo con el coordinador de la zona norte del campeonato, Pablo López, la meta es que este juego se utilice en las aulas para enseñar matemáticas, lengua o historia, siempre bajo el marco del "torneo de ajedrez más divertido del mundo".
Por su parte, Conchita Méndez, concejala de Deportes del Ayuntamiento de Oviedo, destacó la consolidación de la propuesta en la capital asturiana tras cuatro ediciones. "Nos parece una apuesta muy importante no solamente deportiva, sino también educativa", señaló la edil, quien defendió el cambio de ubicación al Palacio de los Deportes para permitir el crecimiento del torneo.
Méndez definió la iniciativa como "una escuela de formación" y un orgullo para Oviedo, que ostenta durante 2026 el título de Ciudad Europea del Deporte y cuyos pequeños tendrán la oportunidad de enarbolar su nombre en Noruega y León como "pequeños embajadores" de la capital asturiana.
A espaldas de la concejala y de los responsables del acontecimiento deportivo se levantaba una jungla de peones, alfiles y reinas surcando las baldosas en blanco y negro gracias al talento del futuro del ajedrez regional. Por ejemplo, el grupo del Colegio Fozaneldi, formado por Bruno Menéndez, Damon Sepúlveda y Diego Barrios, vivió la jornada con una mezcla de competitividad y picardía.
Aunque reconocieron haber perdido dos de sus tres primeras partidas, los alumnos destacaron la parte más psicológica del juego: "Es divertido cuando estás en una posición pésima y el oponente se rinde porque no puede hacer otra cosa", comentaron entre risas. Diego, uno de los más veteranos a pesar de sus diez años, recordó con orgullo sus logros individuales antes de sumarse al equipo: "Suelo jugar mejor en solitario porque me clasifiqué para la final de Asturias, pero aquí lo importante es ganar en grupo".
En otro rincón de la explanada, los alumnos del Colegio Parque Infantil —Aitor Abello, Beltrán Fernández, Adrián García, Jorge Fernández, Iria García y Mateo Barril— demostraron un conocimiento técnico que asombraría a cualquier adulto. Con la mirada puesta en la clasificación para la fase de León, el equipo no ocultó su entusiasmo por las estrategias complejas: "Lo que más nos gusta es usar la táctica de los “rayos X”, que consiste en intercambiar los caballos para amenazar a la dama", explicaron, aunque añadieron que lo que más disfrutan es "hacer jaque mate".
Ajedrez en los genes
Este deporte también es de los que se llevan en los genes. Dos de los integrantes del grupo anterior, Iria y Adrián, son hermanos y heredaron el interés por el ajedrez por vía paterna; al menos eso se desprende de las palabras de su progenitor, David García, que hizo "mucha afición desde pequeño" y supo transmitírsela a sus hijos. "Empezamos en la época de la pandemia; ahí jugamos mucho", señaló el padre, orgulloso, al recordar el origen de una afición que desde entonces une habitualmente a toda la familia alrededor del tablero blanquinegro.
Desde Gijón llegó la expedición del Colegio Laviada, capitaneada por su monitora, Claudia Gómez, del club Escaque19, que el año pasado hizo un "buen papel". Con un equipo de seis niños federados que juegan desde los seis años —como Juan Chávez, Oliver Barbón, Pelayo Barbosa y el trío de hermanos Isaac, Mateo y Simón Lomba—, la monitora puso el foco en el valor terapéutico del tablero.
"A los niños les ayuda a tener más calma; tenemos alumnos con hiperactividad que en el tablero se quedan quietos y se concentran", relató Gómez. El espíritu del grupo quedó resumido en una frase que ya es su lema para los próximos retos: "En el ajedrez no se pierde, se aprende".
Finalmente, el Colegio Loyola, que abría estas líneas —en concreto, su equipo B—, cerró el círculo. Su monitor, que coordina a más de 300 niños, insistió en que lo vivido en el Palacio de los Deportes es el primer paso de una carrera de fondo. "No pretendemos que de cada niño salga un genio del ajedrez, sino que vayan aprendiendo cosas de forma divertida; los clubes ya llegarán después para acabar de formarlos", concluyó, reiterando que el objetivo del torneo es que los escolares "disfruten del juego por encima de cualquier resultado". n
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