Yayoi Kawamura, historiadora del arte e Hija Adoptiva de la ciudad: "En la Edad Moderna, ser ovetense era visto como algo muy prestigioso"
«La historia es la garante del peso de la sociedad. Si solo vivimos de la actualidad es como si fuéramos flotando por ahí»

Yayoi Kawamura, Hija Adoptiva de Oviedo, en la calle Pérez de la Sala, con la Catedral de fondo. / Luisma Murias
Jorge Novo
Yayoi Kawamura (Osaka, 1954), historiadora del arte y profesora e investigadora de la Universidad de Oviedo, ha sido distinguida con el título de Hija Adoptiva por el Ayuntamiento. Este reconocimiento de la ciudad consagra la excelencia de la carrera profesional desarrollada por la historiadora de origen japonés en la capital asturiana. Es experta en las relaciones artísticas entre Japón y España, mérito por el que ha sido distinguida con la Orden del Sagrado Tesoro, Rayos de Oro y Plata, otorgada por la Casa Imperial y el gobierno japonés.
Ha sido nombrada Hija Adoptiva de Oviedo. ¿Cómo se siente?
Muy contenta y honrada por recibir esta distinción de la ciudad en la que llevo viviendo casi cincuenta años. Ha cambiado mucho desde que llegué, pero siempre fue una ciudad muy acogedora. Oviedo es hoy una ciudad muy internacional. Creo que la capitalidad europea de la Cultura está muy cerca, esperemos que se consiga. En la historia, yo que he leído muchos documentos de la Edad Moderna, se desprende de ellos que ser asturiano y, en concreto, ser ovetense se consideraba algo muy prestigioso.
¿Qué significado tiene la Universidad de Oviedo en su vida?
Es mi universidad, donde me formé, donde hice mi tesis doctoral, donde fui investigadora y profesora durante más de 25 años. Es el lugar que me permitió desarrollar mis capacidades académicas e investigadoras. Cuando empiezas a dar clase te impone hablar frente a un auditorio, pero te acaba enganchando. Transmitir tus conocimientos a los jóvenes es una labor importantísima, si falta eso se rompe un eslabón de la humanidad.
¿Qué papel juega la universidad en la región?
La Universidad de Oviedo juega un papel muy importante en la ciudad y en la sociedad asturiana desde hace más de cuatro siglos. Es uno de los motores de la región, algo por lo que estar muy orgulloso. Tener un centro de enseñanza superior crea un ambiente distinto en la ciudad, tanto cultural como socialmente. Y otro aspecto muy relevante es que atrae a jóvenes.
Si tuviese que hacer una ruta histórica por Oviedo. ¿Cuáles serían los sitios imprescindibles para visitar?
El complejo de la catedral, sin duda. Tanto la propia catedral como los dos conventos que hay detrás. Uno es el exconvento de San Vicente, que ahora es la iglesia de la Corte, y al lado el monasterio de San Pelayo. Esa manzana es el núcleo fundacional de la ciudad. Más allá, no podría elegir entre todo el «Oviedo redondo», el casco histórico.
¿Cree que los ovetenses conocen realmente los tesoros históricos que esconde la Catedral de Oviedo?
Bueno, hay algo que pasa no solo en Oviedo, sino en muchas ciudades, y es que muchas veces los ciudadanos desconocen el tesoro que hay en sus catedrales, iglesias, museos… ¿Cuántos madrileños no han ido al Museo del Prado? Habría que promover que los ciudadanos salgan a descubrir su ciudad, hago una convocatoria para ello.
¿Cuál es la historia del Fontán? Algunos dicen que es la plaza más antigua de España…
Bueno, no es la plaza más antigua, las cosas hay que colocarlas en su sitio. Pero que algo sea más antiguo no tiene por qué significar que sea más apreciado, y el Fontán tiene mucha historia. Se construyó en una zona donde se acumulaba mucha agua y días de lluvia. En aquel entonces era un sitio un poco feo, extramuros, y se destinaba al ganado. Se quería hacer una plaza, pero el agua hacía imposible dicha obra. De hecho, se oía un bando por la ciudad que animaba a los vecinos a ir con una caldera a sacar el agua del Fontán. Finalmente, a mediados del siglo XVII llegó un arquitecto, Melchor de Velasco y desecó la zona. Oviedo no tenía una gran plaza, así que esta se convirtió en epicentro de las fiestas populares. Hay que tener en cuenta que los edificios que se encuentran en el centro de la plaza son posteriores, del siglo XVIII, por lo que la plaza era mucho más grande.
En medio del debate sobre La Vega, usted ha defendido que hay que «reflexionar sobre el patrimonio histórico, más allá de la visión del patrimonio industrial». ¿A qué se refiere?
Claro, es que La Vega inicialmente era un monasterio de monjas benedictinas. Es importante recordar que ahí estaba Santa María de la Vega, de ahí viene precisamente el nombre. La construcción de la fábrica de armas es algo reciente dentro de la historia de Oviedo, a mediados del siglo XIX. Tras la desamortización de Mendizábal, que no afectó al convento, se «invitó» a las monjas a que se marchasen. Al ser de clausura, tuvieron que abandonar el convento de noche para no ser vistas y vivieron el resto de su vida en el Monasterio de San Pelayo como «refugiadas». En la fábrica aun se conserva uno de los claustros del antiguo convento, es una de las naves.
Una de sus líneas de investigación principales fueron las lacas Namban. ¿Qué son?
Son piezas de lujo que los españoles trajeron de Japón especialmente en el siglo XVII a través de una ruta que cruzaba Filipinas y Nueva España hasta llegar a la península. De China venía la seda y de Japón las lacas. Actualmente se encuentran en muchas iglesias y monasterios de España, porque los reyes y los nobles las donaron. Se utilizaron como relicarios u objetos de culto y así, al sacralizarse, se conservaron mucho mejor que si hubieran pertenecido a colecciones privadas de grandes familias. En Asturias solo tengo localizadas dos, pero en casas privadas, no en iglesias. En Castilla y León, Navarra y Sevilla hay muchas.
Usted ha contribuido a unir culturalmente España y Japón. ¿En qué consiste esa unión?
La laca Namban es precisamente un punto de unión entre ambas culturas. En 2013 se celebró en Madrid una exposición muy importante de lacas Namban en la que se involucraron los gobiernos de ambos países. Por primera vez pude agrupar casi cuarenta piezas y hablar de la ruta por Nueva España, que era un aspecto muy olvidado. La exposición tuvo mucha difusión internacional y vinieron numerosos investigadores de Japón y otros países. Además, yo había hecho una estancia investigadora en el museo nacional de Kioto durante los dos años anteriores y pude hacer muchos contactos en el mundo académico. Desde entonces los investigadores japoneses pusieron mucho interés en estas lacas e incluso ha venido numerosas veces a España Kazumi Murose, uno de los lacadores de mayor prestigio mundial. Todo ello contribuyó a tejer lazos académicos muy fuertes entre ambos países.
¿Qué papel juegan los historiadores en la sociedad actual?
Yo creo que somos garantes del peso histórico de la sociedad. Si solo vivimos de la actualidad es como si fuéramos flotando de un sitio a otro. La historia da ese peso, explica los fenómenos que ocurren atendiendo a los sustratos que ha debajo. Lo que vivimos hoy en día es consecuencia de todas las capas históricas que lo sustentan, como las capas de la arqueología. n
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