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Negocios de siempre

La librería centenaria de Oviedo con la que no pudo la Guerra Civil, ni el libro electrónico

Cervantes va por la cuarta generación desde el primer Alfredo Quirós, emprendedor de la saga en 1921, hasta los 140.000 ejemplares de 43.000 títulos activos que ofrece a sus lectores hoy en día

VÍDEO: Librería Cervantes, un negocio con más de 100 años de historia

J.A. / Irma Collín

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Oviedo

La librería de los 140.000 ejemplares con la que no pudo un obús en la Guerra Civil, ni los presagios más oscuros del libro electrónico. Cervantes va por la cuarta generación de una saga fundada por el primero de los Alfredo Quirós, en 1921. Un ejemplo de «adaptación a los tiempos», que mira al futuro «con la presión de ser humildes respecto a nuestro pasado» y la determinación de «ser una de las primeras librerías independientes de España con aplicación propia», según apuntan, perfectamente compenetrados, hija y padre, Paula y Alfredo Quirós.

Paula y Alfredo Quirós, tercera y cuarta generación de la librería Cervantes.

Paula y Alfredo Quirós, tercera y cuarta generación de la librería Cervantes. / Irma Collín

Uno de los «secretos» tras el éxito de Cervantes radica en que «siempre han estado al frente de la librería dos generaciones distintas», destaca Paula Quirós, la savia más reciente, aunque ya frecuentaba el negocio familiar desde bien pequeña. «Jugaba con mi hermana en Navidad a ver quien envolvía más rápido los libros y luego nos gustaba mucho bajar a la sección infantil para poder recomendar a otros niños los libros que os gustaban», cuenta Paula, que ahora a sus 28 años y tras acabar la carrera de fisioterapeuta ha decidido implicarse en el negocio familiar; eso sí compatibilizando la librería con su actividad de bailarina urbana.

Un negocio familiar que arrancó en la misma calle, Doctor Casal, pero unos números más arriba, más cerca de la calle Uría, hace ahora ciento cinco años. «Mi abuelo, que era de Pillarno, había ido a Cuba con 15 años, era muy joven, pero aquello no le gustó. Volvió en 1921 y ya se instaló aquí en la librería con un socio que falleció al poco tiempo», relata el tercer Alfredo Quirós. El segundo, su padre, prefirió trabajar en el mundo de la banca.

En el centro, la librería Cervantes, en el Oviedo de 1936.

En el centro, la librería Cervantes, en el Oviedo de 1936. / C. F. Q.

El abuelo se instaló en Doctor Casal 3. «Eran las afueras de Oviedo, pero también una zona de tránsito, iba gente y venía al tren. Y, no nos engañemos, entonces era una zona barata.Luego la ciudad ha ido creciendo y nos engulló», añade el nieto. La librería Cervantes ya empezó a superar adversidades en aquellos tiempos. «En plena Guerra Civil llamaron a mi abuelo, que vivía en la Tenderina, para que viniera a la librería porque tenía un desperfecto. Cuando llegó se encontró con que había caído un obús, dejó un agujero enorme. Fue una época complicada, mis abuelos incluso tuvieron que venir a vivir algún tiempo a la librería porque había muchos robos». Por entonces, Cervantes vendía libros relacionados con la docencia. «Mi abuela era maestra y venían muchos de sus colegas; también había imprenta para tarjetas y recibos y hubo una época de mucha venta religiosa». También fue tiempo de tertulias en la pequeña buhardilla, «donde se escondía el infiernillo, los libros prohibidos escritos por personas no afectas al régimen», revela Alfredo Quirós.

Conchita Quirós, con su padre, el fundador de la saga de libreros, Alfredo Quirós.

Conchita Quirós, con su padre, el fundador de la saga de libreros, Alfredo Quirós. / C. F. Q.

La segunda generación de la librería Cervantes corrió por cuenta de Conchita Quirós. «Mi tía creció entre libros , consiguió una pequeña beca del gobierno francés, estuvo unos meses en París allí aprendió no solo del funcionamiento de las librerías, sino del comercio en general.Por ejemplo, en las grandes tiendas parisinas descubrió que los clientes caminaban alrededor, no había la barrera con el mostrador. Al volver traía esa idea para la librería y le costó un poco de pelea con mi abuelo». Conchita, añade su sobrino, «dio una dimensión más cultural a librería, era muy viajera y le gustaba ir a ferias en Londres, Frankfurt. Ha sido un referente cultural muy importante».

Escaparate de la librería cuando estaba en el número 5 de la calle Doctor Casal, en 1974.

Escaparate de la librería cuando estaba en el número 5 de la calle Doctor Casal, en 1974. / C. F. Q.

A partir de los años noventa entró al relevo la tercera generación, con Alfredo Quirós. «Me tocó afrontar la digitalización, introducir las bases de dato y le di una estructura económica a la librería , algo necesario al ser ya más de veinte personas». Si el padre «informatizó todo», tarea imprescindible en una librería donde entran «70 novedades al día y hay 43.000 títulos activos», Paula Quirós quiere «aportar su granito de arena y dar un giro a la forma de comunicar, a través de las redes sociales, para acercar a la librería a los más jóvenes». Toca evolucionar y adaptarse, como con el libro electrónico: «Nos decían que el libro físico iba a desaparecer, pero no ha sido relegado ni condenado por la gente joven.Por supuesto que hay evolución y cambio, pero no a la velocidad que se anunciaba», afirman los Quirós.

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