Mar Cabra Valero, premio Pulitzer, autora de "Vivir a jornada completa": "Para sostener una carrera de largo recorrido hay que cuidarse"
"Ganar un Pulitzer fue un honor enorme y una demostración de lo que puede conseguir el trabajo en equipo; también fue un punto de inflexión para mí"

Mar Cabra Valero, autora de "Vivir a jornada completa". / Alba Vigaray
Mar Cabra Valero (Madrid, 1983), estudió Comunicación Audiovisual en la Universidad Francisco de Vitoria, de Madrid. Más tarde amplió su formación con un máster en periodismo de investigación en la Universidad de Columbia gracias a una beca Fulbright. A lo largo de su trayectoria ha trabajado en medios de comunicación como BBC, CNN+, El Mundo y laSexta. También fue miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), donde participó en importantes investigaciones internacionales. Destacó especialmente por su trabajo en los Papeles de Panamá, una investigación que recibió el Premio Pulitzer en 2017. Además, impulsó el desarrollo del periodismo de datos en España y colaboró con la Fundación Civio. Tras experimentar un episodio de agotamiento profesional (burnout), decidió centrar parte de su labor en la promoción del bienestar y la salud mental. Actualmente es fundadora de The Self-Investigation, una iniciativa dedicada a fomentar entornos de trabajo más saludables y sostenibles. Este miércoles, 3 de junio, a las 19.30 horas, ofrecerá una charla en el Club LA NUEVA ESPAÑA, con motivo de su participación en el II Simposio de Seguridad y Salud en Fotoperiodismo y Medios de Comunicación, organizado por la Asociación Profesional de Fotoperiodistas Asturianos (APFA), junto con la Asociación Asturiana de Ergonomía (PREVERAS), el Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales (IAPRL), el Colegio de Periodistas de Asturias y el Ayuntamiento de Laviana.
¿Qué la llevó a especializarse en el periodismo de investigación y el análisis de datos?
Mis primeras prácticas fueron en la BBC en Inglaterra y tuve la suerte de que fuera en un programa de periodismo de investigación. Exponer lo que otros intentan ocultar me pareció un trabajo muy útil a nivel social. Más adelante, estudiando en Estados Unidos, descubrí el potencial de los datos para encontrar patrones, conectar historias y revelar injusticias a gran escala, y entonces entendí que eran una herramienta poderosísima para investigar mejor y generar impacto.
Durante su trabajo con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, ¿cuál fue el mayor desafío al investigar casos internacionales como los papeles de Panamá?
Yo fui la jefa del equipo de tecnología y datos de aquella investigación, que estaba basada en la mayor filtración de documentos en la historia hasta ese momento. Por ello, tuvimos grandes retos a nivel técnico y también humano, fomentando la colaboración con casi 400 periodistas de distintos países, culturas y husos horarios. Pero precisamente ahí estaba la fuerza del proyecto: demostrar que los grandes problemas globales requieren de respuestas colaborativas.
¿Cómo influyó su experiencia en la Universidad Francisco de Vitoria y en la Universidad de Columbia en tu forma de entender el periodismo?
De pequeña, yo no soñaba con ser periodista, sino primero, con ser actriz, y luego, con ser directora de cine. Sin embargo, mientras estudiaba me di cuenta de que “la realidad supera a la ficción”, como dice el dicho, y di el salto al periodismo a nivel profesional. Gracias a una beca Fulbright pude estudiar un máster en la Universidad de Columbia y allí se me abrió la mente a una forma más ambiciosa y global de hacer periodismo, donde la investigación, la tecnología y la colaboración internacional podían cambiar realmente las reglas del juego.
Formó parte del equipo que recibió el Premio Pulitzer 2017. ¿Qué significó personalmente ese reconocimiento?
Fue un honor enorme y una demostración de lo que puede conseguir el trabajo en equipo. Pero también fue un punto de inflexión para mí a nivel personal: en el camino del éxito me olvidé de cuidarme y tuve grandes costes para mi salud física y mental.
Ha sido una de las impulsoras del periodismo de datos en España. ¿Cree que los medios españoles aprovechan hoy correctamente los datos públicos y la tecnología?
Hoy en día casi todos los medios tienen a alguien especializado en sus equipos que hace análisis de datos y visualización. Es un orgullo haber contribuido a esto, ya que hace 15 años, cuando empezamos a hablar de ello, no era así. La pandemia supuso un antes y un después para esto, porque vimos la importancia de tener datos para explicar la realidad compleja que vivíamos. La tecnología y los datos son una oportunidad, pero necesitan de criterio profesional para generar valor real y no perderse en la desinformación.
Después de alcanzar uno de los mayores éxitos de su carrera, decidió alejarse temporalmente del periodismo por agotamiento profesional. ¿Qué aprendió de esa etapa sobre la salud mental en las redacciones?
Cuando dejé mi trabajo por burnout pensé que el problema era mío, que yo no tenía lo que había que tener para estar a tan alto nivel. Con el tiempo, aprendí que yo no era la única que sufría en el trabajo, que el problema no es individual, sino estructural. Hay muchísimo talento y compromiso en las redacciones, pero también dinámicas que normalizan el estrés crónico y el agotamiento. Cuidar la salud mental no debería ser un lujo ni una conversación secundaria. Y esto es válido más allá del periodismo. En España tenemos récord de bajas de salud mental y muchas están relacionadas con el mundo laboral. Es una epidemia silenciosa.
¿Qué objetivos persigue The Self-Investigation y qué cambios considera urgentes en el sector periodístico?
Creamos esta organización a partir de la pandemia y desde entonces hemos acompañado a más de 13.000 profesionales y unas cincuenta empresas a trabajar de manera más sana – desde The Guardian hasta una PYME en Aragón. Si bien al principio ayudábamos a periodistas, ahora apoyamos a todo tipo de profesionales, sobre todo aquéllos con vocación y propósitos claros. El cambio más urgente es dejar de entender el bienestar como algo personal y empezar a verlo como una responsabilidad organizativa y cultural.
¿Qué consejo da a los jóvenes que quieren dedicarse al periodismo de investigación en una época marcada por la desinformación y la sobrecarga informativa?
Realmente sería el mismo para todos los jóvenes que llegan con ganas al mercado laboral: cultiva la curiosidad, el pensamiento crítico y la capacidad de colaborar. Y recuerda: para sostener una carrera de largo recorrido también hay que aprender a cuidarse.
Después de haber vivido el burnout desde una posición de altísimo rendimiento, ¿qué señales tempranas deberían aprender a detectar especialmente los profesionales jóvenes antes de normalizar el agotamiento como parte del éxito?
Aprender a gestionar el estrés es algo que deberíamos aprender todos, ¡lo deberían enseñar en el colegio! Yo promuevo la “investigación de uno mismo”, es decir, observar las señales de tu mente, cuerpo y comportamiento a lo largo del día para ver qué te está pasando. Por ejemplo, ¿tienes tensión corporal? ¿Te has vuelto más brusco o irritable? ¿Tienes pensamientos intrusivos y repetitivos de manera recurrente? Todo ello pueden ser señales de que tienes demasiado estrés. La clave está en hacer por calmar tu sistema nervioso. En mi libro “Vivir a jornada completa” enseño cómo lo hago yo y qué dice la ciencia que puedes hacer tú. Acciones tan sencillas como hacer pausas en la jornada, lavar los platos entre reunión y reunión o mitigar la multitarea pueden ayudar más de lo que crees.
Habla de transformar el trabajo en una fuente de “confort y esperanza”. En un contexto de precariedad, hipercompetencia e IA acelerando ritmos, ¿cómo puede una persona poner límites reales sin sentir que está sacrificando oportunidades profesionales?
Es un reto enorme, porque el sistema muchas veces empuja en la dirección contraria. Pero cada vez estoy más convencida de que poner límites no reduce nuestras oportunidades, sino que nos permite sostenerlas en el tiempo. En el libro hablo de la necesidad urgente de lidiar con los tres grandes males de las oficinas: la interrupcionitis, la urgentitis, y la reunionitis. Si no lo hacemos, creemos que estamos siendo productivos y en realidad estamos perdiendo tiempo, atención y eficiencia. Deberíamos aupar y valorar una manera más sana de alcanzar el éxito. No debería medirse solo por cuánto producimos, sino también por cómo vivimos mientras lo construimos.
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